Flexicar Fuenlabrada resiste la remontada de Oviedo y firma un triunfo de carácter en una pista de máxima exigencia
El conjunto fuenlabreño frenó la racha del Alimerka Oviedo con una defensa firme, el liderazgo de Benite y sangre fría en el tramo decisivo
El Flexicar Fuenlabrada sacó adelante uno de esos partidos que explican una temporada. En un Palacio de los Deportes de Oviedo con 4.879 espectadores y ante un rival lanzado tras siete victorias consecutivas, el equipo madrileño sostuvo el pulso, dominó durante muchos minutos y acabó imponiéndose por 65-73 en un duelo áspero, físico y exigente.
No fue una victoria brillante en lo estético, pero sí muy valiosa en lo competitivo. Fuenlabrada supo llevar el encuentro al terreno que más le convenía, bajó el ritmo, defendió con inteligencia, cerró líneas de pase y golpeó en los momentos justos con el talento de sus hombres importantes. Cuando Oviedo amagó con una remontada épica en el último cuarto, el conjunto fuenlabreño no se descompuso y encontró la serenidad suficiente para cerrar el partido.
Un inicio muy sólido desde la defensa
Desde el arranque se vio qué partido quería plantear el cuadro madrileño. Flexicar Fuenlabrada salió muy concentrado, incómodo para el rival y dominador en los duelos individuales, secando a un Oviedo que llegaba en uno de sus mejores momentos del curso. La defensa sobre el perímetro local fue uno de los grandes argumentos visitantes, con Mateo Díaz y Manchón punteando lanzamientos y dificultando cada recepción.
Ese control defensivo permitió a Fuenlabrada construir sus primeras ventajas. Benite empezó pronto a marcar territorio, y el equipo encontró buenas posiciones para castigar a un Oviedo espeso, sin ritmo y sin continuidad ofensiva. El 13-18 del primer cuarto ya dejaba ver que el equipo madrileño había entrado mejor al partido.
Control del partido y máxima renta tras el descanso
En el segundo cuarto, Fuenlabrada mantuvo el guion. Sin necesidad de alardes, siguió administrando su ventaja con madurez, aprovechando su mayor claridad en ataque y la incapacidad del conjunto asturiano para encontrar a sus interiores y correr la pista. Al descanso, el 28-39 reflejaba bien lo que se estaba viendo: un equipo visitante más cómodo, más ordenado y más eficaz.
Lejos de relajarse, los madrileños apretaron todavía más tras el paso por vestuarios. Ahí apareció de nuevo el mejor Benite, letal para romper el ánimo del rival. Un triple suyo colocó el 36-55, máxima ventaja de la noche, y parecía dejar el encuentro muy encaminado. También sumaban con consistencia Mateo Díaz, muy completo durante todo el choque, y Manchón, importantísimo en la dirección, el rebote y el trabajo sin balón.
Oviedo se levantó, pero Fuenlabrada no se cayó
Sin embargo, el partido estaba lejos de terminar. Oviedo reaccionó empujado por su público, por el orgullo de Duscak y por la inspiración ofensiva de Parham, y poco a poco fue metiéndose en el encuentro. Fuenlabrada empezó a notar el desgaste, perdió algo de frescura y vio cómo su rival se acercaba hasta un inquietante 60-63 a falta de 3:40.
Fue entonces cuando llegó el momento de demostrar personalidad. En vez de derrumbarse, Fuenlabrada volvió a encontrar respuestas. Primero, con una acción polémica que terminó con canasta de De Bisschop y una técnica al banquillo local; después, con el golpe definitivo de Benite, que volvió a aparecer como tantas veces cuando el balón quemaba. Su triple para el 60-69 fue casi una sentencia.
Oviedo aún siguió peleando, porque este tipo de partidos en Primera FEB rara vez se cierran sin sufrimiento, pero el conjunto fuenlabreño ya no dejó escapar el botín. Gestionó mejor los tiros libres, controló el rebote en los últimos segundos y cerró una victoria de prestigio.
Benite vuelve a decidir
Si hubo un nombre propio en la noche ovetense, ese fue el de Vitor Benite. El brasileño firmó 20 puntos, con un excelente 7 de 11 en tiros de campo y 3 de 6 en triples, y volvió a ser ese jugador diferencial capaz de aparecer justo cuando el partido se pone más feo. Su influencia fue más allá de los números: dio aire al equipo en los momentos de atasco y transmitió calma cuando el Palacio apretaba.
Junto a él brilló también Mateo Díaz, autor de 16 puntos, muy sólido en ambos lados de la pista, y Manchón, que aportó 15 puntos y un trabajo enorme para sostener la estructura del equipo. El reparto también encontró a De Bisschop, siempre útil cerca del aro, y a un bloque que supo competir con oficio.
Una victoria construida desde el oficio
Las estadísticas explican bastante bien por qué ganó Fuenlabrada. Anotó mejor de dos, cuidó mejor sus posesiones y supo sacar rendimiento a sus tiros libres. Terminó con 25 de 55 en tiros de campo, por solo 23 de 57 del rival, y sumó además 19 de 24 desde la línea, una producción decisiva en un partido cerrado.
Pero más allá de los números, el gran mérito estuvo en el enfoque. Flexicar Fuenlabrada supo leer el contexto, entendió qué exigía el partido y fue capaz de jugar con inteligencia emocional. No se dejó arrastrar por la atmósfera del Palacio, ni por la racha del rival, ni siquiera por el arreón final asturiano.
Un mensaje claro en el momento clave de la temporada
Esta victoria deja un mensaje potente. Fuenlabrada sabe sufrir, sabe competir fuera de casa y tiene argumentos para imponerse también cuando el partido se vuelve espeso y duro. En una categoría tan igualada, ganar en una pista como la de Oviedo y frenar a un rival enrachado tiene un valor enorme.
El equipo madrileño no solo sumó un triunfo más. Reafirmó su identidad competitiva y demostró que, cuando aprieta la clasificación y el calendario entra en su zona más delicada, sigue teniendo recursos, colmillo y jugadores diferenciales para sacar adelante noches de mucho peso.