Madrileños por Madrid

El humor como continuación de la política por otros medios: Aniceto Chinchón-Extremadura

En septiembre de 1931 salió a la luz de la imprenta la revista “Gracia y Justicia”, con sede en el número 9 de la avenida Pi y Margall, entonces un tramo de la actual Gran Vía, entre la Plaza de España y Callao, a un precio de 20 céntimos, en la gama alta de las publicaciones de la época, que oscilaban entre 10 y 25 céntimos. 

Bajo su cabecera ostentaba el siguiente subtítulo: “órgano extremista del humorismo nacional” que hubo de ser trastocado en “humorismo popular” porque la república no veía precisamente con buenos ojos el uso del adjetivo nacional en medios no oficiales (y es que la terminología, especialmente en política, pocas veces es aséptica). Curiosamente, ningún problema había en definirse como “órgano extremista”. 

La vida de este semanario satírico coincidió con lo que los historiadores denominan segunda república “en paz”: se publicó los sábados durante los cinco años -de 1931 a 1936- que constituyeron el confuso prólogo de la guerra civil española, a excepción de secuestros puntuales de ejemplares y cuatro meses durante los que su edición fue suspendida. Su postrer número salió el 15 de febrero de 1936, un día antes de las últimas elecciones generales de la segunda república. 

En julio de 1936 su director, Manuel Delgado Barreto, fue llevado a la cárcel Modelo de Madrid, de donde fue “sacado” en noviembre y fusilado sin más trámite, como también su principal dibujante, discípulo de Sorolla. El delito de ambos: haber rebatido ideas políticas con humor. O más ajustadamente: haber tenido éxito empleando el humor como arma política. 

Recontextualizando la mítica cita de Clausewitz: “La guerra es la continuación de la política por otros medios”, podríamos decir que el humor también fue en España, por aquel entonces, continuación de la política por otros medios. 

Este semanario satírico en concreto se dedicó a hacer la vida lo más incómoda posible a la república que representaba Aniceto Alcalá-Zamora, primer presidente de su gobierno provisional.  No había que ser un lince para detectar hacia quién se dirigían los dardos, pues la revista proclamaba a un tal “Niceto Chinchón-Extremadura” como director accidental del semanario, al tiempo que ordenanza de asalto.

Aunque las principales críticas contra “Gracia y Justicia” van dirigidas contra su tipo de humor, en ocasiones menos fino de lo deseable, nadie pone en duda que su director lo hizo excepcionalmente bien, pues en 1933 consiguió una tirada de 250.000 ejemplares, enorme para el momento, y ya desde su segundo número se acercó a los 150.000, según queda anotado en su misma publicación, en la que se decía “no tiramos más que 15 ejemplares. Los 140.000 restantes no los tiramos, los vendemos”.

Si observamos aquel período histórico con objetividad, algo muy difícil por lo que pasó después, la principal debilidad de la segunda república fue su falta de confianza en los ciudadanos y electores. Por ello el humor fue tan temido. 

La inestabilidad con la que nació la segunda república acrecentó sus contradicciones: la proclamación de derechos se acompañó de un amplio margen dado al gobierno para suspenderlos, sin intervención de los tribunales. Y para cualquier reclamación había un método infalible… dirigirse al Consejo de Ministros. 

Una de sus primeras leyes fue la de Defensa de la República de 21 de octubre de 1931, en cuyo artículo 1º se enumeraban prolijamente los “actos de agresión a la República”, entre ellos “la difusión de noticias” que pudieran quebrantar su crédito, lo que convertía al ejercicio del periodismo y del humor en actividades de riesgo. Y yo me pregunto ¿para qué necesita una república que pretende basarse en la voluntad del pueblo una Ley de defensa de sí misma?