El Retrovisor

El desengaño por intentar besar a una momia

Pocas historias, ciertas o inventadas, son tan sobrecogedoras como la de la calle Desengaño de Madrid. Una vía, paralela por el norte a la actual Gran Vía, que ya figura en el Plano de Texeira de 1656, aunque advierte que su denominación había cambiado en el siglo XVII a calle de los Basilios.

La leyenda en cuestión, muy popular, fue recogida con gran detalle por Antonio Capmany en su “Origen histórico y etimológico de las calles de Madrid”, de 1863. Según nos cuenta, una noche oscura, Jacobo de Grattis (después conocido como el Caballero de Gracia) rondaba la casa de una joven honesta, hermosa y rica, pero que no le hacía ningún caso. En su paseo tropezó con el príncipe Vespasiano de Gonzaga, otro pretendiente de la dama. Cuando estaban a punto de batirse en duelo, una misteriosa sombra velada seguida por un zorro cruzó ante ellos, lo que los llevó a suspender la lucha para seguirla. Al alcanzar la figura junto a una tapia y levantar el velo, descubrieron con horror que se trataba de una momia o un esqueleto. Ante tal visión, exclamaron: "¡Qué desengaño!", frase que daría nombre a la vía. 

Otros autores, concretamente Hilario Peñasco de la Puente y Carlos Cambronero, en 1889, refieren que se trata de una ficción inventada para ahuyentar visitantes nocturnos por esa zona, porque en las proximidades se encontraba la quinta del conde de Vicinguerra de Arcos, donde se reunían los conspiradores a favor del príncipe Carlos, hijo de Felipe II, capitaneados por D. Íñigo López de Mendoza.

Carlos Osorio, en su biografía sobre “Jacobo de Grattis, el Caballero de Gracia”, cambia la versión e indica que Jacobo, tras sobornar a una criada se introdujo en la casa de Leonor, que ese era el nombre de la dama, para tratar de drogarla con un somnífero. Pero en esas andanzas escuchó la voz de Dios que le recriminó su vileza y su vida de crápula. Momento decisivo en su vida, para pasar a dedicarse a hechos piadosos, ordenarse sacerdote, y fundar distintos hospitales y asilos.

A lo largo de los siglos, los edificios de esta calle han albergado funciones muy diversas, pasando de lo religioso a lo militar, comercial y cultural. 

El convento e iglesia de San Basilio, situado en el número 10, los monjes se instalaron allí en 1611. Tras la exclaustración de 1836 por la Desamortización de Mendizabal, el complejo tuvo usos asombrosamente variados: sirvió como cuartel de artillería de la Milicia Nacional, Bolsa de Comercio, sede de la Capitanía General de Castilla la Nueva y, finalmente, el primer Teatro Lope de Vega (también llamado Teatro del Drama). Además, en su interior llegaron a convivir un molino de chocolate al vapor, una imprenta, un café y un taller de coches.

El convento de Porta-Coeli, ubicado al extremo de la calle, perteneció a los clérigos menores. El templo actual, construido en 1725, es desde 1836 la parroquia de San Martín.

En el número 1 de la calle Desengaño, vivió Francisco de Goya entre 1779 y 1800. En la tienda de perfumes y licores de la planta baja se pusieron a la venta por primera vez, anunciado en el Diario de Madrid de 6 de febrero de 1799, las colecciones de “Los Caprichos”, en 80 estampas por un precio de 320 reales de bellón.

En el número 10, según señala Manuel Martíenz Bargueño en su blog Manuelblas, residió temporalmente el héroe independentista cubano José Martí.

En el número 12, fue detenido el 13 de agosto de 1917 el comité de la huelga general revolucionaria convocada por la UGT y el PSOE, que incluía a figuras como Largo Caballero y Julián Besteiro.

La calle también ha sido escenario de hechos violentos, como el atentado contra la berlina del general Narváez el 6 de noviembre de 1843, en el que murió su ayudante el Comandamte Baseti, y el asesinato del abad Pedro Gallón a manos de sus propios monjes dentro del monasterio de San Basilio. 

En tiempos recientes, la vía recuperó notoriedad social por ser la localización (aunque ficticia en su número 21) de la popular serie de televisión Aquí no hay quien viva.

La calle conserva comercios históricos como Manuel Riesgo (productos químicos y herbolario desde 1866) en el número 22, y la tienda de modelismo Model Reyna (inaugurada en 1938) en el número 24.