De “chanelar”
No resulta extraño escuchar o leer entre las voces de Madrid palabras como “chalar”, “gachó”, “guripa” o “cané”, algunas de las cuales forman parte del registro más castizo madrileño. Se trata de términos que han sido incorporados al habla de Madrid como préstamos del caló, una variante lingüística hablada fundamentalmente en Europa occidental, que procede del romaní, nombre con el que se conoce a un conjunto de variedades lingüísticas originarias de la India que fueron y son habladas por parte del pueblo gitano en diversas zonas de Europa y Asia.
Tal es el caso de la voz "chanelar", que significa "entender". Una voz sobre cuya etimología existen opiniones dispares.
El origen germánico de “Chanelar”
La primera aparición de esta voz en un diccionario se remonta a 1869, concretamente al Nuevo suplemento al Diccionario Nacional o Gran Diccionario Clásico de la Lengua Española de Ramón Joaquín Rodríguez, donde se dice que “chanelar” es un término que procede de Germania, que significa “entender” y que es un verbo neutro, esto es, intransitivo (un verbo que no tiene un complemento directo, como sucede con los verbos morir, nacer, viajar o reír: uno mismo es el que muere, nace, viaja o ríe). La Real Academia Española (RAE) recoge por primera vez el término en 1927, en el Diccionario Manual e Ilustrado de la Lengua Española, con el mismo significado, origen y comportamiento sintáctico que aparece en el diccionario de Rodríguez. Es en la decimoctava edición del Diccionario de la Lengua Española (DLE), publicado en 1956, cuando la RAE modifica la información sobre “chanelar”, manteniendo el significado y el origen, pero describiéndolo como verbo transitivo (esto es, un verbo que tiene un complemento directo, como sucede con los verbos comprar, ver, decir, romper o entender: decimos que alguien ve algo, que alguien compra algo o que alguien rompe algo. Eso que es visto, comprado o roto es lo que se conoce como complemento directo). En cuanto a la etimología de la palabra, el origen germánico desapareció ya en la vigésimo primera edición del DLE (1992).
El origen caló de “Chanelar”
El supuesto origen germánico de “chanelar” contrasta con su etimología caló, como se verá a continuación. Su pertenencia a la lengua caló, ya quedó atestiguada en 1870 por Francisco Quindalé en su Diccionario gitano. Calo-castellano, donde el término caló “chanelar” aparece con el significado castellano de “entender, saber, conocer”. Llama la atención, además, el acierto de Quindalé al registrar el comportamiento transitivo del verbo ochenta y seis años antes de que la RAE decidiese cambiar la caracterización de este verbo a transitivo, que es como aparece actualmente en el DLE. En cuanto a su etimología, “chanelar” es un derivado del término también caló “chanar”, que, a su vez, procede del verbo romaní džan- cuyo significado es “saber”. Como se puede apreciar, la diferencia entre “chanar” y “chanelar” estriba en la presencia en este último del sufijo -elar. El uso de este sufijo responde a un procedimiento interno observado en la lengua caló para crear verbos nuevos a partir de otros que ya existen, proporcionándole al nuevo verbo un matiz más enérgico en la acción que describe, como sucede con “chanelar” (“entender”) frente a “chanar” (“saber”) o, por citar otro ejemplo, con la voz caló “querelar”, que significa en castellano “ejercer” y que es derivado de “querar”, que significa “hacer”.
“Chanelar” en la literatura madrileña
Hay que señalar que la voz caló “chanelar”, antes de quedar testimoniada en el habla madrileña, fue recogida por el autor gaditano Juan Ignacio González del Castillo en sus sainetes, allá por el siglo XVIII, como voz gitana incorporada al habla popular, probablemente, gaditana.
En lo que se refiere al habla madrileña, se trata de un término que hemos documentado por primera vez en la obra El libre albedrío (1876), de Mariano Pina, cuando Sabino, uno de los personajes, dice “Y por lo que yo chanelo, me paese que esa familia cambia también de vivienda”. El ilustre Ramón María del Valle-Inclán recogió también esta voz en su obra Luces de Bohemia (1924), donde el protagonista, Max Estrella quiere dejar claro en uno de los diálogos que él también entiende la lengua popular: “¡Yo también chanelo el sermo vulgaris!". Nótese que Max Estrella utiliza en esa misma intervención “chanelar” y la expresión culta “sermo vulgaris”, una mezcla de registro lingüístico popular y culto que ilustra el esperpento valleinclanesco llevado a su máximo esplendor. Por cierto, la frase pronunciada por este personaje tan peculiar viene precedida de esta otra: “¡Y más chulo que un ocho!”, expresión castiza donde las haya.
Los ejemplos de ambas obras literarias, cuya acción está ambientada implícita o explícitamente en Madrid, ilustran un rasgo propio léxico del habla madrileña castiza, una variedad de la lengua castellana que, como ya hemos comentado en alguna ocasión, se ha ido enriqueciendo con el paso del tiempo por el contacto con otras lenguas.
Al menos, así lo chanela quien escribe estas líneas.