El retrovisor

Enlace entre Astronomía, Diario de Madrid y Real Observatorio

El Diario de Madrid, cuyo primer número vio la luz el 1 de enero de 1788, ofrecía en el lugar más preferente, justo debajo de la cabecera, las “Afecciones Astronómicas” (orto, ocaso, fases lunares, etc.) del día; algo en lo que daba continuidad a su predecesor, el Diario Noticioso, Curioso-Erudito y Comercial, Público y Económico. Coincidían en esta promoción del conocimiento de la Astronomía, con el gusto de los ilustrados de la época por esta área científica y se equiparaba con otros periódicos importantes de Europa y América.

Además de esta circunstancia, nos ha llamado la atención que, en el primer mes de existencia del periódico, en cinco de sus números se publicó, por entregas, una larga carta de Luigi Antonio Baudi, un comerciante ginebrino afincado en el Puerto de Santa María (Cádiz), astrónomo aficionado, que ensalza los descubrimientos del principal astrónomo del momento, el británico William Herschel, descubridor de Urano, y promociona la gran calidad de los telescopios que fabrica. Hoy por hoy calificaríamos esta insistencia temática como una campaña de prensa, pero no nos atrevemos a realizar tal afirmación al final del siglo XVIII.

En la cata del Diario de Madrid que hemos realizado hasta el año 1808, hemos encontrado hasta 15 referencias del Real Observatorio Astronómico de Madrid, lo que nos ha llevado a profundizar en su génesis, dado que fue considerado el centro más avanzado del mundo en su época.

La idea fue una sugerencia del marino y cosmógrafo Jorge Juan al rey Carlos III, al que planteó la necesidad de un observatorio nacional dedicado a la astronomía, a imagen del de París. El proyecto se integró en el nodo del conocimiento del paseo del Prado, que incluyó el Museo de Ciencias (hoy Museo del Prado), el Jardín Botánico, el propio Observatorio y el Real Gabinete de Máquinas que se instaló en el Casón del Buen Retiro. El observatorio, encargado al arquitecto Juan de Villanueva, se ubicó en la llamada “Colina de las Ciencias”, cerro de la ermita de San Blas dentro del recinto del Buen Retiro entonces posesión real. La joya técnica de la instalación fue un telescopio gigante de 25 pies de largo con un espejo de 24 pulgadas de diámetro, cuya fabricación fue encargada al mismísimo Herschel en 1796. El gestor de la compra, y al que se deben precisos planos de la instalación del telescopio, fue el marino José Mendoza y Rios. En 1804 el telescopio ya estaba montado en Madrid.

La invasión de las tropas de Napoleon en 1808, truncó el breve esplendor científico disfrutado al inicio del siglo XIX. El observatorio fue convertido el polvorín y en el cerro de San Blas se situó una batería estratégica para bombardear Madrid, el gran telescopio de Herschel fue destruido. La restauración no se abordó con seriedad hasta mediados del siglo XIX, bajo el reinado de Isabel II, pero no fue hasta el año 1975 cuando se llevó a cabo la reconstrucción más rigurosa y fiel, encargada al arquitecto Antonio Fernández Alba, que incluyó una réplica a escala 1:1 el telescopio de Herschel. El observatorio Astronómico forma parte ahora del “Paisaje de la Luz”, declarado el año 2019 Patrimonio Mundial de la UNESCO. Un rincón muy poco conocido de Madrid que, sin duda alguna, merece una visita. Se accede por la calle Alfonso XII, 3 y tras ascender por una larga escalera hasta el cerro, se llega a una auténtica isla de paz elevada sobre El Retiro y la estación de trenes de Atocha.