Alquiler… ¿seguro?
Confieso que estoy harta de escuchar en la radio, cuando voy conduciendo como una zombie al trabajo por las mañanas, anuncios de empresas con nombres reveladores como Alquiler Seguro, Renta Garantizada, Aseguramos tu alquiler… todas ellas indicadoras de la existencia de un problema generalizado para los arrendatarios, que temen más al Ministro Bustinduy que a las goteras. Porque ¿existirían estas empresas si hubiera una buena legislación para quienes alquilan?
En estos días, todos los noticieros se hacen eco del fracaso anunciado del Gobierno en convalidar en las Cortes un surrealista decreto medio franquista sobre prórroga forzosa de los alquileres que nunca debía haber llegado a esta fase; porque ni siquiera le gusta al partido socialista que lo votó en artículo mortis en el Consejo de Gobierno, tras una incalificable presión de sus socios más a la izquierda, o como podría decirse también en español: “más a la siniestra”.
Los últimos gobiernos en España tienen el dudoso éxito de haber cambiado radicalmente nuestra cultura de la vivienda. Si hace treinta o cuarenta años los españoles apostábamos por la propiedad, y con un sueldo medio se podía acceder a ella, hoy los jóvenes ya no pueden apostar ni por la propiedad, ni por el alquiler. Y los sueldos no dan para vivir.
¿Quién tiene la culpa? Los italianos emplean una frase hecha muy graciosa que podríamos adoptar para responder a esta pregunta. Ellos dicen… “Piove, ¡Porco Goberno!, lo que viene a significar -por si algún lector no tiene hoy un buen día y no entiende la expresión- que el Gobierno siempre tiene la culpa de todo, incluso del mal tiempo. Sin llegar a extremismos, lo cierto es que no podemos culpar en exclusiva al Gobierno, pero probablemente el Gobierno es una de las causas más fuertes del desequilibrio en el mercado de la vivienda hoy en España. Su intervención podría haber mejorado las cosas, pero está claro que las ha empeorado y las seguirá empeorando. La incertidumbre es un mal mayor.
Algunas reflexiones se pueden hacer sobre lo que ha pasado, que es la forma más correcta de preguntarse cómo se puede solucionar el problema en el futuro. Y lo que los estudiosos del mercado de la vivienda nos dicen es que los precios del alquiler suben porque la oferta se reduce y hay más personas buscando piso: extranjeros que se instalan y jóvenes que se quieren emancipar, fundamentalmente.
También porque nadie se puede hoy comprar un piso con un sueldo medio, lógicamente después de pagar impuestos y seguros sociales. ¡Ay!... Ahí lo dejo: los salarios serían bastante mejores si no sufrieran un recorte de más del 40% en impuestos y cotizaciones.
Anuncios sobre nuevas restricciones y obligaciones legales a los arrendatarios, que ya tienen que lidiar con la falta de protección de la legislación frente a la ocupación, en nada favorecen la oferta. La gente normalmente actúa racionalmente. Si hay impagos y el arrendatario no tiene instrumentos para luchar contra ellos, solo alquilará a cambio de una renta que le sea lo suficientemente favorable para compensar las posibles pérdidas. Y si la posibilidad de tener pérdidas aumenta, el precio aumentará más o, simplemente, se dejarán de arrendar viviendas.
Todo ello se une a un problema en la construcción, que se enfrenta a muchas trabas reglamentarias y legales que alargan el proceso. Un conocido, experto en el tema, me dijo una vez que la inversión en vivienda no se mide en años. Se mide en décadas.
Pero el Ministerio, en lugar de emplear su tiempo y neuronas en intentar que el alquiler sea más seguro para las dos partes del contrato, y en corregir la ley para que nadie salga perjudicado, se dedica a hacer lo que mejor sabe hacer: buscar culpables. Así, mientras arrendatarios e inquilinos discuten, se olvidan de que el derecho a la vivienda digna lo tiene que garantizar el Estado. Y nunca un gobierno comunista ha sido capaz de hacerlo.