De suelta lengua

Volver a Saint-Exupéry como alegato antibelicista

Ahora que la violencia copa titulares y conciencias, volver a la obra de Antoine de Saint-Exupéry nos reconecta con el puer aeternus que albergamos dentro de nosotros; el niño imperecedero que nos esforzamos por acallar ante la injusticia y el mal en el mundo, ese pequeño príncipe que trata de grabar en nuestra memoria aquello de que «lo esencial es invisible a los ojos». 

El musical de Antoine, producido por Beon Entertainment, que se alza sobre el subtítulo de «La increíble historia del autor de El Principito» –escrito, dirigido y ahora también interpretado brillantemente en esta nueva etapa por Ignasi Vidal– nos regala una suerte de biopic vital y literario del autor francés, al tiempo que entreteje sobre su dramaturgia –idea original de Dario Regattieri– fragmentos de su inmortal novelita. La pieza, que puede verse hasta el 26 de abril en el coqueto escenario del Rooftop Lírico del Teatro Calderón, destaca no solo por su excelencia artística, sino por el compromiso ético con la que se articula: una vuelta a la emoción en la era de la parálisis sentimental, con una belleza poco frecuente sobre los escenarios.

La figura de Antoine de Saint-Exupéry –aviador, escritor y testigo de un mundo en guerra– sirve como eje simbólico para reflexionar sobre la fragilidad de la vida, la memoria y la responsabilidad humana, tomando el imaginario del autor de El Principito como territorio poético desde el que interrogar a nuestro presente. Es por ello que la interpretación del elenco –fabuloso en su totalidad– se balancea desde la cotidianeidad de las escenas más costumbristas hasta una corporalidad expresionista en los recreos fabulares y un excelente dominio del cuerpo en pequeñas y sugerentes coreografías que reconectan con el terreno de la imaginación.

Desde el primer número, la propuesta escénica deslumbra por su coherencia estética; así, la música de Elefantes y Shuarma –inocente y delicado Principito– es emocional sin caer en lo fácil, sofisticada sin resultar inaccesible y acompaña con precisión a una dramaturgia que avanza con pulso firme. Cada canción parece nacer de una necesidad interna no de una obligación estructural, lo que dota al conjunto de una organicidad muy poco común en el género. El elenco sostiene la propuesta con una entrega admirable; las interpretaciones, tanto vocales como actorales, están al servicio de la historia, evitando cualquier tentación de lucimiento vacío, lo cual atestigua su cohesión como elenco y el largo recorrido que atesoran.

Pero es en su dimensión ideológica donde Antoine alcanza una altura notable. Lejos de los discursos grandilocuentes o panfletarios, el musical construye su alegato antibelicista desde lo íntimo, desde la herida concreta. La conexión de las figuras reales de la vida del escritor con las alegorías del cuento nos mantienen constantemente tratando de evocar las imágenes que el escritor quería comunicarnos, llegando como espectadores a nuevas y emocionantes preguntas y reivindicando la mirada del niño como antídoto frente a la lógica destructiva del adulto. En tiempos de ruido y desmemoria, Antoine nos ofrece una obra firme pero delicada que invita a recuperar lo esencial, a afirmar que toda guerra es, en última instancia, una derrota de la humanidad. No se trata de una evasión ingenua, sino de una radical forma de resistencia: recordar que otro mundo es posible porque, en algún momento, hemos sido capaces de imaginarlo.

Idea original: Dario Regattieri
Autoría y dirección: Ignasi Vidal
Dirección musical: Sasha Alexander Pantchenko
Coreografía: Mariano Botindari
Elenco: Shuarma, Ignasi Vidal, Beatriz Ros, Víctor Ullate Roche, Carlos Seguí, Felipe Ansola, Virginia Muñoz, Zoe Buccolini.
Banda sonora: Elefantes.
Horario: Vie. y sáb. 20.00h y dom. 17.30h. 4/IV 17.00 y 20.30h. 17/IV no hay función.
Rooftop Lírico del Teatro Calderón