Antonio Machado, camino del exilio y de la muerte. Una breve oración
Para recuperar la paz interior y serenarme, tras tanta inconsciencia peligrosa y estúpida que he observado en las fiestas del pueblo que habito, vuelvo a ti, a tus palabras y a tu vida, mi querido don Antonio, ejemplo de bondad y sensatez. Quiero olvidar traca, cohetes, fuegos artificiales, mientras a unos kilómetros arde nuestro país, y quiero quitarme el dolor de ver a unos niños que, tras encenderlos, se arrojan petardos, en guerras infantiles que pueden ser tragedias. Desde el cielo de los buenos poetas, donde moras, te ruego que mandes a niños y a mayores alguno de tus versos y de tus pensamientos para que se miren a sí mismos y observen sus conductas.
Te dejé en Rocafort, era abril y la primavera llenaba el jardín de Villa Amparo, pero los ejércitos franquistas se acercaban y había que salir. Antes de la partida quisiste buscar solución a algo que te inquietaba, el destino de tus tres sobrinas, temías por ellas y por los otros niños. Y escribiste una carta al ruso Fedor Kelin, que te había visitado a mediados de julio de 1937 y que había asistido ,como tú, al II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, celebrado en Valencia.
Kelin era un afamado hispanista, director de la Unión Internacional de Escritores Revolucionarios (MORP),con sede central en Moscú, e impulsor de los contactos culturales entre España y la URSS.
La carta se ha conocido recientemente gracias a las informaciones de Tomás Gorría ("Machado, un poeta en Rocafort") y de Jordi Doménech, que se la da a conocer.
Veamos algunos de sus fragmentos:
"En colaboración con mi hermano José, el dibujante, preparo un libro sobre la guerra que le dedico a usted y envio muchos trabajos a diversas publicaciones.
"Muy hondamente preocupado por las tres pequeñas de mi hermano José, pienso si acaso pudiera ponerlas a cubierto trasladándolas a Rusia. Allí mi hermano José y yo trabajaríamos para no ser gravosos, sirviendo además de todo corazón la causa de España y sus relaciones con la URSS.
"Un poco aislado aquí en Rocafort..., desconozco si existen medios prácticos para defender en lo posible el porvenir de los jóvenes y los niños, única aspiración que aún puedo tener".
Enternecedor, don Antonio.
El día 8 de abril emprende la familia Machado el camino hacia Barcelona. Allí se alojan, primero en el Hotel Majestic, después en la Torre Castanyer.
Antonio sigue escribiendo, deja 29 escritos en la Vanguardia cuando toman el camino del exilio el 22 de enero de 1939. Les acompañan el escritor Corpus Bargas, que será su ángel de la guarda, y miles de españoles que huyen como ellos.
Tras un penoso viaje de 6 días, bajo la metralla de aviones franquistas, italianos y alemanes, llegan a la frontera de Portbou. Se la encuentran cerrada, los franceses temen la avalancha de los desesperados españoles. Corpus Bargas explica al aduanero que con él viene un poeta, Antonio Machado, tan importante para España como Paul Valery para Francia. Los dejan pasar, la poesía obra el milagro. El coche se queda, pierden el equipaje, y tienen que seguir a pie con hambre, frío, viento y lluvia hasta la estación de Cerbere, donde pasan la noche en un vagón abandonado (Manuel Álvarez Machado. "Antonio Machado camino del exilio". Editorial Rilke, 2020). Al día siguiente un tren los lleva a Colliure. El pueblo está en obras, Antonio se ayuda con su bastón, a su madre, Corpus Bargas la lleva en brazos. La viejita le dice al oído: "¿ya llegamos a Sevilla?" A donde llegan es a la pensión Bougnol Quintana donde les darán cama y comida. Llegan con lo puesto.
Antonio muere el 22 de febrero, miércoles de ceniza, de pulmonía, en una humilde cama de hierro; junto a él, en otra cama igual, está su madre moribunda. Le velan en la habitación de al lado. El ataúd, sobre dos sillas, lo cubre la bandera republicana que esa noche le ha cosido Juliette Figueras, una mercera de Colliure. Lo entierran al día siguiente, de prestado. Tiene 63 años.
Unos días después su hermano José encuentra en un bolsillo de su viejo gabán un papel arrugado con tres anotaciones a lápiz:
"Ser o no ser", palabras iniciales del diálogo de Hamlet que le obsesionaban.
"Y te daré mi canción". Una copla que dice:
" Se canta lo que se pierde,
con un papagayo verde
que la diga en un balcón "
Y el conocido verso: "estos días azules, este sol de la infancia".
Al final de sus días, Antonio pensaba en las mujeres que amó y que perdió, Leonor, Guiomar, y en su infancia en Sevilla, en aquel patio "con su rumor de fuente, donde madura el limonero".
(Ian Gibson "Los últimos caminos de Antonio Machado" Espasa Calpe, 2019)