Plano secuencia

Amor a la carbonara

Le Procope. Un restaurante. París. Distrito 6. Calle de l’Ancienne Comedie. En el 13. Fundado en 1686. Local de tanta histórica decoración, que uno siente que va a encontrarse con Diderot, Rousseau, Voltaire... En otras palabras, puro lujerío, ese que bien saben mostrar los franceses cuando se ponen en plan Oh là là versallesco. Y allí, a comer un 24 de diciembre. ¡Y no con la intención de pedir cinco cremas o sopas, imitando a Bruce Lee en una hilarante escena de El furor del dragón (1972)! … Ya que se iba a disfrutar en célebre testimonio de la cuisine gala, la casa por la fenêtre. … Y entonces aparece, por fin. («Yo: - Estoy encantado de que hayas decidido venir. / Ella: - Bueno, debo admitir que tenía curiosidad. / Camarero: - ¿Algo para empezar? ¿Un poco de vino, tal vez? / Yo: - ¿Tinto? / Ella: - ¿Francés? / Yo: - Burdeos. / Ella: - ¿Château Margaux? / Yo: - ¿Del 57? / Ella: - 59. / Yo: - Del 54»). Y, al momento, una crueldad intolerable: me rompen la fantasía enológica cuando nos dirigen a una sala con mesas muy próximas. Y adiós a fardar con la bebida en semejante espacio. Al menos, no desentonar demasiado y vivir parte del sueño: Bourgogne Hautes-Côtes de Beaune, para ella, y Puisseguin Saint-Émilion Château des Laurets, para mí, s’il vous plaît. … Y en el lugar, mucha clientela. A nuestro lado, dos franceses. Ella. Él. Maduritos sin complejos. Elegante la madame. Estiloso el monsieur. … Y mirándose, se les hacía la boca agua. (Yo: «- Una botella de Vichy. Merci»). Imposible no dejar de oír la conversación. Tan cerca. «- Los dos sabemos que tienes que estar con Dick. Si ese avión se marcha sin ti, lo lamentarás. Quizá no hoy, ni mañana, pero pronto… y el resto de tu vida. / - ¡Qué bonito! / - Es de Casablanca. Llevo toda mi vida esperando decirlo». Aquello fue la guinda de la dulzura... a lo Woody Allen. … Y para no quedarme pegado a la intimidad de los raviolis a la carbonara que comía la pareja, para no ser menos con mi acompañante, tomé doce papeles de una libreta. Escribí… y empecé a mostrárselos. Uno a uno. Despacio. «Con algo de suerte, el año que viene… / Saldré con una de estas mujeres... / [Nombres de actrices]. (Es broma, como supondrás). / Y ahora déjame decirte… / Sin grandes esperanzas… / Simplemente, porque es Navidad… / (Y en Navidad se dice la verdad). / Para mí, tú eres perfecta... / Y mi corazón siempre te amará… / Incluso viéndote así... / [Dibujo de una catrina mexicana]. / [Y última hojita]. Feliz Navidad». Realmente amor, ¿no lo creen? De película, sí. … Pero el mío, con espíritu de pecorino romano: carácter no muy fuerte y sabor intenso. … Y guanciale y pimienta negra y yema de huevo. Y pasta. «Monsieur, la cuenta, por favor».