Alphonsine Plessis un ejemplo histórico de superación, una gran mujer
Miren Palacios es una escritora muy versátil, nacida en Vitoria-Gasteiz, afincada en Bilbao. De sus libros se puede destacar la literatura directa y realista que descarna y reivindica temas sociales con rico lenguaje y expresión sincera. Es autora de libros de poesía, de narrativa y de literatura infantil. En el proyecto Visibilidad, el gran reto, es un auténtico referente de cordura y buena escritura, para llevar al lector a la conciencia de las temáticas que afronta. En el artículo que hoy ofrecemos a los lectores de El Diario de Madrid nos presenta la biografía de una mujer muy interesante, Alphonsine Plessis. Estas son las palabras de Miren:
Se la conoce por Marie Duplessis, nació en Rose (Nonant-le-Pin, Orne, en la Baja Normandía) el 15 de enero de 1824, y falleció en París, el 3 de febrero de 1847. Se la consideró cortesana francesa, aunque llegó a ser condesa de Perregaux.
Como siempre la mujer próspera, sale de la penumbra y figura el hombre. ¿Por qué he elegido a esta mujer?, la revindico: tuvo mucho mérito. Aun siendo hija de Marie-Anne-Michelle Deshayes, descendiente de un prestigioso linaje, familia aristocrática, con dinero y poder, la dejó con algunos familiares, para finalmente ser abandonada a su suerte con un padre que jamás la llegó a reconocer y que acabó según algunos biógrafos, «ofreciéndola con tan solo 12 años a algunos hombres a cambio de unas monedas abriéndole la puerta del mundo de la prostitución».
Cierto que de muy pequeña vivió entre algodones con su abuela materna y alguna tía, pero luego la calle y los burdeles fueron su hogar. La tuberculosis por aquella época hacia estragos, elevó la mortandad y afectó a su madre.
Acabó a los 15 años en Paris de la mano de algunos gitanos circenses, según algunos datos «vendida por su padre». Vivió en la calle, trabajó en mesones, en una fábrica de paraguas, en una tienda de verduras y en otra de lencería. Tomó la decisión de no desaparecer sino convertirse en alguien. Aprendió a leer y escribir, eliminó su acento provinciano, estudió cada día los periódicos, el arte, y la política. Y comprendió algo esencial, el mundo solo veía su belleza.
Un restaurador de la Galería Montpensier del Palais Royal la conoció de forma fortuita en un baile y se interesó por su belleza, pronto la protegió y la instaló en un piso. A partir de ahí empezaron a cortejarla hombres importantes: condes, duques, ministros y hasta Napoleón III.
Se relación con el joven Dumas duró poco, pero se inspiró con ella y escribió obras importantes. Más tarde conoció en el otoño del 1845 al compositor Franz Liszt, y lo conquistó; tuvieron una apasionada relación amorosa, sin embargo, acabó pronto, y el músico la abandono en París al ver que iba a tener un grandioso éxito en el reto de Europa. Su vida con dignidad no duraba mucho, aunque le prometían muchas prebendas no las tenía de inmediato. Finalmente, enferma casi de muerte, abandonada por Dumas y por Liszt, terminó por casarse en el invierno del 1846 en Londres con uno de sus antiguos protectores, el conde de Perregaux. Aunque el matrimonio sólo era legal en el Reino Unido, a su vuelta a París se hizo componer su propio escudo de armas. Con él mandó grabar su vajilla, su papel de cartas e incluso la puerta de sus coches de caballos. A partir de entonces empezaría a ser conocida como: Madame la comtesse du Plessis, Madame la comtesse de Perregaux, o Madame la comtesse Edouard de Perregaux.
Tras su muerte, Dumas, apesadumbrado, le dedicó una elegía, titulada "M.D.", que está incluida en su obra: Péchés de Jeunesse en el 1847, en la que rememora los meses pasados a su lado. Uno de esos versos hace alusión a los últimos momentos de esta interesante mujer. Y Dumas se equivocó al decir que apenas hubo asistentes en su funeral, su entierro estuvo muy concurrido.
Dumas, meses después de su fallecimiento y de otorgarle el sobrenombre que hoy la caracteriza, se encerró en la habitación de un hotel para escribir la que, aunque maquillada, había sido su historia de amor con Marie Duplessis, La dama de las camelias, en la que una joven cortesana, Margarita Gautier, sacrificaba su vida por amor y moría de tuberculosis sola, abandonada y embargada por sus acreedores. Una historia semejante a ella sin decir su nombre.
¿Qué podemos descubrir de esta mujer? Su nombre real fue: Alphonsine Plessis, su padre un alcohólico violento y su madre como si no la hubiera parido. Ella fue valiente y salió del pozo, aprendió a leer y escribir, y dejó su impronta a través de alguno de los hombres intelectuales o poderosos para que su vida llegara hasta nuestros días.
Y en la población de Gacé, en la fábrica de paraguas donde Marie trabajó de preadolescente se erige un castillo del siglo XVI que alberga a día de hoy un museo dedicado a su vida.
Su corta y atormentada existencia inspiró la novela: La dama de las camelias, de Alexandre Dumas (hijo), y la ópera La Traviata, del compositor Giuseppe Verdi. Su vida está considerada como uno de los mayores exponentes del llamado Romanticismo francés.
Marie fue una niña castigada, prostituida y vendida por un padre borracho, pero el destino y las amistades la convirtieron en una de las mujeres más importantes y extravagantes de su época. Admirada por Dumas y Dickens, entre otros.
Descansa como los ilustres en un panteón del Cementerio de Montmartre de París.
Creo que una vez más la historia nos devuelve a la realidad, se avanza poco y el machismo está ahí, antes, ahora… y espero que después se minimice por el bien de las mujeres.
Ella fue un abuso de la época del Romanticismo. Puedo decir que no solo inspiró, también dejó sus anotaciones, para que a posteriori llevaran, no su nombre, sino el de un hombre.