Democratización de la innovación: cuando la creatividad se abre a todos

Luis Ángel Galindo, experto en innovación

Tras dos décadas en el IBEX-35, defiende que startups y grandes empresas deben colaborar para competir en un mercado global dominado por EE.UU. y China.

Luis Ángel Galindo es uno de los pioneros de la innovación empresarial en España. Tras más de veinte años al frente de la innovación en Telefónica, una de las compañías del IBEX‑35, impulsó el concepto de innovación 2.0 y abrió la compañía a la colaboración con startups. Su carrera combina la empresa y la academia: es profesor del IE Business School y miembro de grupos de investigación en varias universidades. Esta doble faceta –directivo e investigador‑docente– le convierte en una de las voces más autorizadas para analizar cómo ha cambiado la innovación en las últimas décadas.

En la conversación recuerda que, durante años, innovar era un privilegio de unas pocas multinacionales. Menciona ejemplos como IBM, General Electric o Volkswagen y destaca cómo los costes de desarrollo –hardware, software y cartografía digital– hacían inviable que una pyme compitiera. “Antes de las API de Google Maps, para posicionar un objeto necesitabas comprar cartografía y desarrollar el posicionamiento desde cero; era super‑costoso”, explica. Era una etapa en la que España contaba con centros de I+D punteros, pero la innovación quedaba confinada en los laboratorios de las grandes.

Esa barrera se ha derrumbado. La democratización de la tecnología ha abierto la innovación a empresas de cualquier tamaño. Los lenguajes de programación, los kits de desarrollo y las plataformas en la nube reducen drásticamente el coste de crear nuevos servicios. Hoy cualquier empresa, incluso un emprendedor individual, puede contratar el acceso a Google Maps o a un modelo de lenguaje y lanzar una app de alcance global pagando solo por uso. El responsable de innovación resume: “Los costes de desarrollo han caído de manera dramática y eso ha permitido que lo que antes estaba controlado por grandes empresas esté abierto a cualquiera”.

El factor económico y la innovación abierta

La caída de los costes no solo se debe al software. La globalización llevó la fabricación a Asia y América Latina, reduciendo los costes de producción. Galindo señala que ese movimiento abarató productos pero, con las tensiones comerciales actuales, se está cuestionando. Sin embargo, el efecto en innovación es claro: la entrada de nuevos actores ha hecho inevitable la apertura. Las grandes corporaciones han pasado de cerrarse en laboratorios a abrazar el concepto de open innovation, que la firma de consultoría Qmarkets define como un modelo en el que las empresas colaboran con socios externos y comparten riesgos para reducir costes y acelerar el desarrollo.

Galindo ejemplifica esta transición con el programa de innovación de Telefónica. Al principio, los responsables de producto rechazaban compartir ingresos con startups. “Al preguntarles qué preferían, si el 100% de cero o el 50% de algo, escogían el 100%”, relata. La evolución cultural fue lenta pero terminó aceptando que el canal de la gran empresa vale tanto como el producto que aporta la startup y que co‑crear no es un signo de debilidad sino de supervivencia.

Galindo diseñó e impulsó el modelo de innovación 2.0 de la operadora, que se basaba en escanear permanentemente el ecosistema emprendedor global, lanzar retos concretos y compartir ingresos con las startups. La propuesta generó resistencia interna: muchos jefes de producto se negaban a ceder parte del margen a terceros y afirmaban que Telefónica debía quedarse con el 100% de los ingresos. Para demostrar el valor de la colaboración, Galindo utilizaba la metáfora del 100% de nada frente al 50% de algo. Con el tiempo, la compañía aceptó que el canal –su base de clientes y su infraestructura– era tan valioso como el producto externo, y que sin contenidos innovadores la caja se quedaba vacía.

Las startups y la revolución de los costes

Los primeros años de las aceleradoras corporativas se centraron en subvencionar proyectos, pero muchos emprendedores acumulaban ayudas sin construir nada. Galindo defiende que el apoyo más valioso no siempre es económico, sino conectar a la startup con clientes reales para validar la propuesta. Esto se ajusta al principio de producto mínimo viable de la metodología lean, que aboga por testar ideas con usuarios para evitar desarrollar productos sin demanda. Según la guía de Qmarkets, el open innovation reduce los costes de I+D porque las empresas comparten recursos y desarrollan prototipos con socios externos.

Los proveedores de tecnologías también han contribuido. Herramientas de inteligencia artificial generativa y plataformas low‑code reducen drásticamente el coste de crear software. Según el portal Software Development UK, los modelos generativos pueden recortar hasta un 40 % el coste de un proof‑of‑concept al automatizar tareas repetitivas. AlignMinds añade que estas herramientas democratizan el desarrollo al guiar a los principiantes y permitir que no programadores construyan aplicaciones.

Galindo subraya que la caída de barreras de entrada ha multiplicado la innovación en países donde antes casi no existía. Pone como ejemplo Colombia y el sistema M‑Pesa de Kenia, una plataforma de pagos móviles basada en SMS que se expandió porque el país carecía de red bancaria. Cuatro años después de su lanzamiento, M‑Pesa tenía 14 millones de cuentas y llegaba al 70 % de los hogares kenianos. Se trata de innovaciones que surgen para resolver problemas locales y que demuestran que la creatividad no entiende de fronteras.

Visión sobre la educación y la creatividad

Además de gestionar proyectos corporativos, Galindo se dedica a formar a la próxima generación de innovadores. Cree que la creatividad es un activo universal –“la tiene un pastor que nunca fue a la universidad y un ingeniero con doble grado”– y defiende que debe cultivarse desde la infancia. En clase pide a alumnos de Derecho o Humanidades que hagan scraping de una web apoyándose en IA y se sorprenden de lo que son capaces. Para él, la democratización tecnológica no servirá de nada si la sociedad no fomenta la curiosidad y el pensamiento crítico.

¿Son las grandes empresas menos innovadoras?

El debate sobre si una startup innova mejor que una multinacional está muy vivo. El economista Joseph Schumpeter planteó dos modelos: en el primero (Mark I), las pequeñas firmas son más innovadoras porque son ágiles y se atreven con cambios radicales; en el segundo (Mark II), las grandes empresas dominan la innovación incremental gracias a sus recursos y capacidad de absorber riesgos. Galindo coincide en que las startups suelen proponer soluciones disruptivas porque no arrastran la inercia de procesos y jerarquías, mientras que las grandes tienden a optimizar lo existente. Para que una compañía grande mantenga su frescura, cita modelos como el de Haier o Buurtzorg, que fragmentan la organización en micro‑empresas autónomas para preservar la agilidad.

Europa, Estados Unidos y China: un dilema de escala

Galindo lamenta que Europa esté rezagada respecto a Estados Unidos y China en tecnologías punteras como la inteligencia artificial, los semiconductores o la computación cuántica. Un informe del think tank Bruegel señala que la Unión Europea tarda más en replicar patentes y carece de empresas capaces de transformar la I+D pública en productos competitivos. La fragmentación del mercado europeo, la falta de inversión privada y las regulaciones excesivas dificultan el crecimiento de campeones tecnológicos.

Frente a los 1.400 millones de habitantes de China o los 330 millones de Estados Unidos, Europa suma unos 450 millones. Galindo sostiene que un verdadero salto competitivo exigiría integrar la creatividad y los mercados de Hispanoamérica, algo que el idioma y la cultura facilitan pero que tropieza con la inseguridad jurídica y los vaivenes políticos de la región. “Si sumamos las poblaciones de España y toda Hispanoamérica, llegaríamos a un mercado mucho mayor, pero los marcos legales y los intereses políticos son un obstáculo”, afirma.

Crítica a la mediocridad y el conformismo

El directivo se muestra especialmente duro con la complacencia de la sociedad occidental, a la que achaca falta de ambición. “Hemos criado a nuestros hijos en la abundancia. Les hemos creado un mundo demasiado cómodo y eso es muy malo para que la sociedad avance”, dice. Considera que muchos jóvenes buscan respuestas automáticas en la IA y renuncian a la resiliencia y a la creatividad. Alerta de que los políticos mediocres se benefician de ciudadanos sin pensamiento crítico, porque es más fácil que acepten verdades simplistas.

Claves para la democratización de la innovación

El primer reportaje retrata la democratización de la innovación: la caída de costes, la proliferación de herramientas y la apertura de la colaboración permiten que cualquier persona o pequeña empresa pueda lanzar productos y servicios con alcance global. Para que este fenómeno se traduzca en desarrollo económico, Galindo insiste en la necesidad de políticas que fomenten la colaboración público‑privada, incentiven la inversión y protejan la seguridad jurídica. Solo así se podrá aprovechar plenamente el talento disperso por España e Hispanoamérica.