Innovación

Eurecat presenta en el MWC un robot con IA física capaz de aprender observando a las personas

Foto de Eurecat

El centro tecnológico Eurecat ha marcado un hito en la robótica de servicio al presentar en el Mobile World Congress de Barcelona un sistema basado en Inteligencia Artificial física. Esta tecnología permite a los robots aprender nuevas tareas mediante la observación directa de las acciones humanas, ejecutándolas posteriormente de forma autónoma sin necesidad de una programación rígida basada en reglas fijas.

En los pasillos del Mobile World Congress, el centro tecnológico Eurecat ha presentado un sistema que rompe el último tabú de la robótica: una máquina que aprende tareas complejas simplemente observando cómo las hace una persona. Ya no hablamos de programar miles de líneas de código; hablamos de algoritmos que entienden el espacio físico como lo hacemos nosotros.

El avance se apoya en un modelo de "visión-lenguaje-acción". Traducido: el robot no busca una ruta pregrabada en su memoria, sino que interpreta instrucciones directas. Si se le pide que prepare una habitación de hotel, la máquina escanea la escena, identifica los objetos y decide, sobre la marcha, qué movimientos ejecutar.

Néstor García, responsable de Manipulación Robótica en Eurecat, lo tiene claro: han conseguido que la revolución de los grandes modelos de lenguaje (esos que escriben textos o poemas) aterrice en el terreno de los objetos tangibles. Esto abre la puerta a que la IA actúe con seguridad en lugares tan críticos como un quirófano, una fábrica o un campo de cultivo.

La prueba de fuego de esta tecnología se está viendo estos días con algo tan cotidiano como la reposición de productos de cortesía en un hotel. El robot observa dónde va cada jabón o cada toalla y, tras recibir un par de indicaciones, planifica su ejecución con una precisión que asusta. Lo disruptivo no es el movimiento, sino el aprendizaje. En el mundo físico los datos son caros y escasos, pero Eurecat ha dado con la tecla para que la máquina pueda entrenarse viendo vídeos de personas. Es, básicamente, reducir el tiempo de estudio para que el robot "pille" el concepto a la primera.

Pero más allá del músculo técnico, hay un trasfondo de calado económico que Magí Dalmau, al frente de Robótica Cognitiva en el centro, define como la "democratización" de la tecnología.

El objetivo es que una pyme o un autónomo puedan enseñar a una máquina sin necesidad de contratar a un batallón de ingenieros. Es un sistema diseñado para ser intuitivo y, sobre todo, seguro. Para poder convivir con humanos sin accidentes, el centro ha diseñado una estrategia híbrida: la flexibilidad de la IA para aprender se combina con protocolos de control. Es el primer paso serio hacia una automatización que no viene a sustituirnos por la fuerza, sino a acompañarnos en las tareas más pesadas.