El pacto del cinismo: por qué el Ibex prefiere el caos de Sánchez
El destino, decía Schopenhauer, baraja las cartas, pero nosotros las jugamos. En la España actual, el drama no es solo la mano que nos ha tocado, sino la abismal diferencia entre los jugadores. Mientras Pedro Sánchez roba cartas de otro mazo para mantenerse en la partida, Alberto Núñez Feijóo parece estar jugando a no perder. Y en política, el que juega a no perder rara vez acaba ganando por goleada.
El “tahur honestamente oportunista”
Pedro Sanchez es un maestro del marketing de supervivencia. El gran capital lo sostiene porque, a diferencia de otros líderes, Sánchez es "honestamente oportunista". No engaña a nadie: todos saben que su única convicción es el poder. Esta ambición, por cínica que resulte, otorga al mercado una extraña certeza de continuidad. Sabe que hará lo que sea necesario para seguir sentado a la mesa.
Incluso cuando despliega su "diplomacia de autor" —poniendo trabas al uso de las bases de Rota y Morón o proponiendo romper el Acuerdo de Asociación con Israel—, el IBEX entiende que es un gesto de cara a la galería. Sánchez usa la política exterior como un escudo frente a sus escándalos domésticos, construyendo un relato de "resistencia" frente a un supuesto "Trumpismo" que, aunque fractura a Europa, le permite seguir repartiendo cartas y desviando la atención de sus problemas en casa.
Feijóo: El Rajoy 2.0 y el miedo a la incertidumbre
Frente a este despliegue de energía, la oposición resulta desesperante. Alberto Núñez Feijóo se ha revelado como un perfil anacrónico, un político atrapado en una receta de los 90. Su estrategia de "esperar a que el fruto caiga de maduro" es la misma que ya vimos en Rajoy, pero en un mundo que ya no premia la paciencia, sino el golpe de efecto.
El gran capital no ve en Feijóo a un ganador claro capaz de cambiar las reglas del juego. Al contrario, le tienen más miedo a su inoperancia para gestionar la paz social que a los impuestos de Sánchez. Existe el temor real de que un gobierno del PP, al intentar reformas sin el nervio político necesario, incendie la calle y paralice una economía que hoy, para las élites, va "como un cohete". El PP de hoy, herencia directa de un Aznar que nunca soltó el control del partido, se percibe como una estructura de servidores mediocres que no han evolucionado en tres décadas.
Todo por la pasta: La pinza del poder
Es la paradoja definitiva: las élites nunca han ganado tanto dinero en tan poco tiempo. Sánchez les señala en los mítines para ganar votos, mientras el capital le sostiene por detrás para evitar el caos. Prefieren un margen de beneficio algo menor en un entorno tranquilo que la incertidumbre de una derecha que ni convence a los de arriba ni apasiona a los de abajo. Esta "pinza" entre Sánchez y el poder económico deja a Feijóo en una posición de absoluta irrelevancia. Mientras uno está en la mesa de juego maniobrando para sobrevivir, el otro se queda en la crítica doméstica pequeña, esperando unos acontecimientos que nunca llegan.
Conclusión: El manotazo de los gigantes
Tocar las narices a gigantes cuando tienes los pies de barro —un país anestesiado por el subsidio y una economía dependiente— siempre acaba pasando factura. El desplante público a potencias aliadas para lucirse en una cumbre progresista es una apuesta al azar. Pero en este "pacto de cinismo", el costo no lo pagarán los políticos con su carrera, sino el país con su relevancia geopolítica y su bolsillo.
España asiste indolente a una partida donde el "desalmado" tiene un cheque en blanco y la alternativa es, simplemente, la nada. Avisados estáis.