España también exporta belleza
Cuando se habla de las grandes exportaciones españolas, aparecen inevitablemente el vino y el aceite de oliva. Sin embargo, existe otra industria española mucho menos celebrada que ya exporta más que ambos sectores juntos: la perfumería, la cosmética, el cuidado personal y los aceites esenciales.
En 2025, las exportaciones de este conjunto industrial alcanzaron los 10.124 millones de euros, mientras vino y acetite, solo alcanzan un total de unos 8.100 millones. España se ha consolidado, además, como segundo exportador mundial de perfumes, únicamente por detrás de Francia.
No se trata de restar mérito al vino o al aceite. España posee la mayor superficie de viñedo del mundo, es una de las principales potencias vinícolas y ocupa el primer puesto mundial en producción y exportación de aceite de oliva. Pero precisamente por eso sorprende que una industria sin campos interminables, sin cosechas sometidas a la lluvia y sin la solemnidad de las denominaciones de origen haya alcanzado semejante dimensión.
¿Dónde se encuentra su secreto?
Una primera diferencia está en el precio. El vino y el aceite dependen en gran medida de las cosechas, de las existencias, de los costes agrícolas y de unos mercados internacionales que comparan con facilidad el precio por litro o por kilogramo. Cuando aumenta la producción, los precios pueden descender; cuando escasea, suben, pero también se contrae la demanda
En la perfumería y la cosmética, en cambio, existe una libertad mucho mayor para construir el precio. El consumidor no compra únicamente alcohol, esencia, crema o pigmento. Compra una marca, un envase, una promesa de bienestar, una identidad y, en ocasiones, la esperanza bastante humana de mejorar lo que la naturaleza entregó sin consultar previamente.
No puede decirse que haya menos competencia. La competencia internacional es enorme y continuamente aparecen nuevas firmas. Pero es una competencia diferente. No se disputa solo el coste de la materia prima, sino la capacidad de diferenciarse.
Tampoco estamos, principalmente, ante un mercado de patentes como el farmacéutico. Puede haber ingredientes, procedimientos, dispositivos o formulaciones protegidos, pero el verdadero patrimonio de muchas empresas reside en las marcas, el diseño, los secretos industriales, la experiencia acumulada y el conocimiento del consumidor.
También ayuda la estructura empresarial. Una parte muy importante de las compañías españolas del sector son pequeñas y medianas empresas, junto a grandes grupos nacionales e internacionales que fabrican en nuestro país. Esa combinación de industria, creatividad, ciencia, tradición perfumista y capacidad exportadora ha producido un éxito poco conocido.
España no exporta solamente vino para celebrar y aceite para alimentarse. Exporta perfumes, cremas, colores, sensaciones y una determinada idea de belleza. Es una industria con fábricas, laboratorios y empleo cualificado, pero también con algo más difícil de obtener: sensibilidad.
Quizá deberíamos sentirnos orgullosos. Hemos conseguido vender al mundo algo que no se cultiva exclusivamente en el campo ni se extrae de una mina. Se fabrica con química, imaginación y gusto. Y, por una vez, parece que la economía española también sabe dejar buen aroma.