Entrevistas

Sonia Catalán (Fundación Más Senior): "Excluir al talento sénior no solo es injusto, es económicamente insostenible"

Sonia Catalán, directora general de la Fundación Más Sénior - Foto cedida de la Fundación Más Sénior

España vive una paradoja laboral de dimensiones históricas: mientras las cifras macroeconómicas celebran récords de ocupación, el desempleo se ensaña con los mayores de 50 años. Sonia Catalán, recién nombrada directora general de la Fundación Más Sénior, analiza en El Diario de Madrid las devastadoras consecuencias de una cultura empresarial que confunde juventud con innovación y veteranía con torpeza y brecha digital.

El mercado actual descarta currículums por el simple filtro de la fecha de nacimiento. En esta conversación, la directiva rompe los mitos más arraigados sobre la supuesta resistencia de los séniors a la tecnología, recordando que la generación que hoy supera los 55 años es, precisamente, la misma que lideró la transición digital desde el fax hasta el entorno online.

Sin embargo, el problema ya ha cruzado la frontera de lo estrictamente económico para convertirse en una crisis de salud pública. Catalán pone sobre la mesa datos estremecedores sobre un proceso psicológico que merma la autoestima de casi un millón de profesionales en España y que afecta especialmente a las mujeres, quienes representan el 57% de este desempleo cronificado.

¿Hay luz al final del túnel? Lejos del lamento, la Fundación Más Sénior pasa a la ofensiva con varios proyectos muy ambiciosos para este año: el lanzamiento inminente de 'MiiA', una Inteligencia Artificial conversacional diseñada por y para los mayores, y un pionero programa de "transición activa" para que la jubilación deje de ser un salto al precipicio. Una muestra más de que los sénior no solo tienen capacidad de adaptación, sino la actitud necesaria.

El desempleo es terrible para cualquier persona y las personas mayores de 55 años son uno de los colectivos más afectados. ¿Qué solución tiene esta exclusión laboral?

Lo primero es concienciar a la sociedad de esta situación, porque se da la paradoja de que estamos en récord de empleo, está disminuyendo el paro en todas las franjas de edad, menos en la franja de los sénior. Entonces, con una situación demográfica en la que la pirámide cada vez está más invertida, tenemos más gente sénior, que se expulse a este colectivo del mercado laboral es un problema. Ahora empieza a ser una situación dramática y grave para muchas familias, pero hay que tener en cuenta que a largo plazo va a ser un problema a nivel de las empresas y a nivel país.

¿Qué se puede hacer? Desde luego, a nivel país, políticas que fomenten la contratación de personas de más de 45 años. A nivel empresa, ser conscientes de la riqueza que supone tener equipos intergeneracionales que combinen tanto a los jóvenes como a la gente mayor. Y luego ayudar a las personas que se encuentran en estas situaciones a formarse, a reciclarse, darles voz y pie a volver a incorporarse al mercado.

Se habla mucho del "edadismo" como un problema estructural, pero a veces corre el riesgo de quedarse en un concepto abstracto. ¿Cómo se traduce esta barrera en el día a día del entorno laboral?

El concepto es abstracto, pero los números lo dejan muy claro, porque tener un número tan elevado de desempleados de esta edad deja de ser abstracto y pasa a ser muy concreto: 755.000 desempleados de más de 50 años, según la Encuesta de Población Activa.

¿En qué se traduce esto? En decisiones concretas. Los despidos de gente sénior han aumentado a pesar de ser más caros. A veces se mira a corto plazo y, para aliviar las cuentas de resultados, los activos o los empleos más caros suelen ser los que llevan más tiempo. Tienen menos oportunidades de contratación, porque muchas veces la fecha de nacimiento ya supone una barrera de acceso incluso a los procesos de selección; procesos donde la edad pesa más que el talento, que el conocimiento y que la experiencia. Existen prejuicios culturales que asocian la juventud a la innovación y la experiencia a algo obsoleto, cuando realmente es una generación que ha demostrado una capacidad de adaptación increíble. Empezamos a trabajar con fax y ahora trabajamos online, en remoto, digital y papel cero. Nos hemos ido adaptando y no ha habido ningún problema. La tecnología ahora es cuestión de formarnos y de adaptarnos, aplicando nuestra ética, el criterio y las expectativas. Es un activo muy potente que estamos dejando de lado.

A nivel social, ¿en qué se concreta ese drama del edadismo y cómo afecta a la autoestima de las personas?

Es un auténtico drama en muchas situaciones. El desempleo a largo plazo, llevar más de un año en desempleo con más de 50 años, implica una serie de cargas familiares porque somos lo que llaman la "generación sándwich": estamos cuidando de los hijos y cuidando de nuestros padres. Ya no es solo el drama económico, sino también toda la carga emocional y psicológica. En el informe hablamos del impacto sobre la autoestima, la salud mental y la sensación de pérdida de identidad profesional y social, que acaba en un deterioro en la calidad de vida de la persona afectada y de todo su entorno familiar.

Si bajamos la franja de edad a los 45 años, la cifra sube a prácticamente un millón de personas en paro. Pensar que la mitad de estos están en paro de larga duración y echan miles de currículums... hay que ponerse en la piel de una de estas personas e intentar entender la situación que enfrentan día a día durante más de un año. Además, casi el 57% de estos desempleados sénior son mujeres. Esto supone una desmotivación y pérdida de autoestima. Empiezas a interiorizar el mensaje de que ya no sirves, lo que genera creencias limitantes como "nadie me va a contratar por mi edad" o "mi experiencia no vale para nada". Mental y emocionalmente es muy difícil de gestionar; puede derivar en cuadros de ansiedad y depresión, y se puede acabar convirtiendo en un problema de salud pública.

Sin duda, es un tema que hay que seguir haciendo, y hacerlo mejor. Pero el colectivo senior es muy amplio. A las personas más mayores, de unos 80 o 90 años, el edadismo laboral no les afecta, claro, pero sí la brecha digital a nivel de usuario. ¿Cómo se aborda esto?

Ellos también tienen capacidad de adaptación, igual que el resto. Es cuestión de poner la tecnología de una manera que sean capaces de utilizarla de forma sencilla y explicarles cómo hacerlo. Nosotros en la Fundación, en breve, vamos a lanzar MiiA: una Inteligencia Artificial entrenada y preparada para los sénior. Vamos a poner tutoriales de cómo utilizarla porque es súper accesible, funciona por voz, es muy útil y muy fácil de usar. Es cuestión de que la tecnología se adapte a ellos.

¿Cuáles están siendo los primeros pasos desde que ha empezado esta nueva etapa en la Fundación y dónde os gustaría veros a medio y largo plazo?

Una de las prioridades de la Fundación es combatir el edadismo laboral: queremos impulsar la recualificación digital, promover la empleabilidad de los mayores de 50 años y generar un cambio cultural que permita valorar la experiencia como un activo estratégico para las empresas y para el país. Muchas veces se da valor a la tecnología, pero se está perdiendo todo el know-how del negocio, el criterio y la templanza en la toma de decisiones basada en la experiencia.

También vamos a crear un centro de estudios en el que elaboraremos un "periscopio" que determine las tendencias sobre lo que preocupa y ocupa a los sénior. Hay que darle una vuelta a este concepto, porque a partir de los 50 ya eres considerado sénior y nos quedan 34 años de esperanza de vida por delante. Las necesidades son muy cambiantes y diversas entre un sénior de 50 años y uno de 80. Además, queremos ser un altavoz para darles voz, porque es un colectivo muy grande con un peso muy importante en la economía del país y a veces está muy poco escuchado.

A medio y largo plazo, soñamos en grande. Queremos ser un referente nacional en la defensa y promoción de los intereses de los sénior, e influir tanto en políticas públicas como en cultura empresarial. Nos gustaría contribuir a una sociedad donde la edad deje de ser una barrera y pase a ser un valor.

¿Cuál es el principal proyecto que tenéis ahora entre manos?

Tenemos un montón de proyectos; los sénior tenemos la cabeza en plena ebullición. Desarrollamos iniciativas orientadas a mejorar la calidad de vida, la inclusión y la participación activa en la sociedad. Una de las claves es impulsar planes de formación y reskilling (recualificación), acompañando tanto a profesionales desempleados como a los que están activos y quieren seguir mejorando competencias digitales como la Inteligencia Artificial. La tecnología debe ser una herramienta de inclusión y no de exclusión.

A corto plazo, el proyecto estrella es MiiA, la Inteligencia Artificial conversacional que lanzaremos la semana que viene o la próxima. Es gratuita, muy "user-friendly" y pondremos tutoriales para que nadie se quede atrás y todo el mundo, desde los 50 hasta los 80 años, la use a diario y sin miedo.

Centrándonos en ti, vienes de un entorno muy competitivo ligado a la gestión de activos y la auditoría, con un bagaje académico en ESADE. ¿Qué te llevó a dar este giro hacia el sector social y cómo ayuda esa experiencia previa a los proyectos de la Fundación?

El ayudar siempre ha ido dentro de mi ADN. En tiempos ociosos intentaba buscar llenar esa parte de mí que la faceta profesional no llegaba a completar. Ha llegado un punto de mi vida en el que ha surgido la oportunidad de dedicarme al 100% a impulsar proyectos de impacto social. Creo que la combinación de esa inquietud personal con mi formación profesional puede ser un activo muy bueno para dar una visión profesional a la Fundación, y a mí me llena como persona.

Toda mi experiencia previa me aporta una visión de eficiencia, planificación estratégica y sostenibilidad. También me he dedicado al mundo comercial los últimos 11 años, lo cual me ayuda a entender cómo vender un proyecto y qué le puede interesar a una empresa que quiera participar a través de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC). El objetivo es hacer proyectos viables, duraderos y con recorrido a largo plazo, porque el mundo sénior va a continuar creciendo demográficamente. Además, hay que concienciar a los jóvenes de que el tiempo pasa volando y que cualquier día ellos serán sénior; tienen que encontrarse una sociedad preparada que dé cobertura en lo económico, lo emocional y la salud.

¿En qué consiste el concepto de "transición activa" que promovéis para la preparación a la jubilación?

Consiste en preparar los años previos a la jubilación a nivel económico, emocional, social y financiero. Cuando llega la jubilación, si no estás preparado, puedes sentir que saltas por un precipicio y que tu vida cambia radicalmente, pasando de ir a una velocidad de 100 por hora a cero de la noche a la mañana; eso es muy traumático. Nos preparan para ir al cole, para trabajar, para todo, pero nadie nos prepara para la jubilación. Es un punto importante a trabajar a nivel de sociedad y de empresa. Estamos desarrollando programas de transición activa para poner a disposición de las empresas y formar a sus empleados en esta preparación. Está todavía en fase embrionaria y de desarrollo, pero creo que es interesante para todo el mundo.

Se da una gran paradoja: las empresas buscan experiencia y madurez, pero las tasas de desempleo en mayores de 50 años siguen siendo altísimas. ¿A qué se debe esto?

Es uno de los principales prejuicios estructurales que tenemos: erróneamente se asocia la juventud con la innovación y la flexibilidad. La realidad es que los profesionales sénior hemos demostrado que somos capaces de adaptarnos y de reinventarnos porque hemos vivido situaciones muy diversas. Un sénior quizás no te aportará la velocidad de un júnior, pero te aporta estabilidad, criterio, capacidad de gestionar crisis y una visión estratégica que solo se aprende con la experiencia.

Las empresas que entiendan el valor de los equipos intergeneracionales, donde se pueda hacer una mentoría bidireccional, en la que el júnior enseña herramientas digitales y el sénior traslada el know-how de negocio, la templanza y la sabiduría, van a tener más capacidad de triunfar. Las empresas no se pueden quedar sin activos sénior porque pierden todas las raíces del conocimiento, y hay muchas cosas que no se enseñan en los libros.

¿Qué mito sobre el talento sénior te da más rabia escuchar?

El de que "los mayores no se adaptan a la tecnología". El informe que hemos publicado deja claro que la generación que hoy tiene 55 años lideró precisamente la transformación digital de muchas empresas. Pasamos del fax a Internet, vivimos la pandemia con un cambio digital enorme, pasamos de la calculadora al Excel y trabajamos en remoto con documentos compartidos sin ningún problema. Nos hemos adaptado y lo hemos demostrado. A los jóvenes también les van a venir muchos cambios a lo largo de su vida profesional y les tocará mantenerse al día, reinventarse y formarse.

¿Cómo debe enfocarse la formación tecnológica para que este colectivo no sienta que el lenguaje digital lo excluye?

Con un lenguaje cercano, práctico y, sobre todo, humano. La clave es enseñarles desde la utilidad real, no desde la complejidad técnica. Cuando las personas entienden cómo la tecnología les puede ayudar en su día a día, en su trabajo o en su vida, el miedo desaparece.

La IA, por ejemplo, depende de cómo se aborde es una oportunidad. Si dejamos fuera a los sénior, la brecha digital aumentará; pero si se les forma de manera adecuada, se convierte en lo que en la Fundación llamamos un "aumentador de experiencia". La IA te aporta el cómo y la técnica, pero el sénior aporta el criterio, la ética, la visión estratégica, el saber filtrar los resultados y el empatizar con el cliente. Una IA bien aplicada es un potenciador brutal de la experiencia del sénior.

Para terminar, si pudieras lanzar un mensaje directo a los comités de dirección y departamentos de Recursos Humanos, ¿cuál sería?

Les diría que excluir al talento sénior no solo es injusto, sino que es ineficiente y económicamente insostenible. No nos podemos permitir como país desperdiciar la experiencia y el conocimiento. Y a los profesionales sénior les diría que su talento sigue siendo muy valioso, que la experiencia no tiene fecha de caducidad y que el futuro del empleo necesita tanto innovación como criterio, y ambos deben convivir.