Universidad y Bad Bunny

El español de Bad Bunny alcanza a más oyentes no hispanohablantes que cualquier política lingüística, según un estudio de la Universidad Nebrija

Universidad Nebrija x Bad Bunny

El Observatorio Nebrija del Español (ONE) ha publicado el estudio Del artista al sistema: Bad Bunny y la circulación global del español en la música digital, en el que analiza el impacto del artista puertorriqueño en la expansión internacional del español a través de la industria musical. El informe concluye que su alcance global supera el de muchas políticas de promoción lingüística, sin que su objetivo sea explícitamente la difusión del idioma.

El trabajo académico define a Bad Bunny como un “embajador imperfecto” del español, al considerar que su influencia no responde a una estrategia lingüística deliberada, sino a su integración en un sistema digital que amplifica la música en función de su escala global y su capacidad de conexión con audiencias masivas.

Un fenómeno global dentro del sistema musical digital

El estudio sitúa la trayectoria del artista entre 2016 y 2026 como un caso paradigmático para analizar cómo circula el español en la industria musical contemporánea. Según la investigación, su actuación íntegramente en español en la Super Bowl de 2026 no supuso un punto de inflexión, sino la confirmación de un proceso ya consolidado.

El informe señala que este tipo de eventos actúan como aceleradores de consumo cultural, generando picos de escucha y ampliando el alcance internacional del catálogo del artista, especialmente en plataformas como Spotify y YouTube.

Un artista entre los más escuchados del mundo

Bad Bunny cuenta actualmente con 114,5 millones de seguidores en Spotify, situándose solo por detrás de Taylor Swift y por delante de Drake, un hito destacado para un artista que canta exclusivamente en español.

El estudio recoge que fue el artista más escuchado del mundo en 2020, 2021, 2022 y 2025, con cifras que incluyen más de 19.800 millones de reproducciones en 2025. Su álbum Un Verano Sin Ti alcanzó más de 20.000 millones de streams acumulados, convirtiéndose en el más escuchado de la historia de la plataforma.

Además, el análisis destaca el crecimiento del alcance algorítmico de sus canciones en playlists de Spotify, que ha pasado de un 0,05 % en 2016 a multiplicarse por más de 60 en 2026, reflejando una expansión sostenida de su presencia digital.

El español como lengua global de consumo cultural

El informe subraya que el 77,9 % de su audiencia se concentra en Latinoamérica y España, mientras que el 20,4 % se localiza en Estados Unidos. Sin embargo, el consumo de sus canciones se extiende a países no hispanohablantes como Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, Japón o Corea del Sur, lo que evidencia una circulación global del español en la música sin necesidad de traducción o intermediación lingüística.

Canciones como DtMF o NUEVAYOL aparecen entre las más escuchadas o buscadas en mercados no hispanohablantes, lo que refuerza la idea de una expansión cultural autónoma del idioma en el ecosistema digital.

Bad Bunny como infraestructura cultural

Para la investigadora Lourdes Moreno Cazalla, autora del estudio, el fenómeno trasciende la popularidad musical.

“Bad Bunny no es simplemente un fenómeno de popularidad, sino un caso de estudio sobre cómo las industrias culturales periféricas pueden reconfigurarse dentro del sistema digital”, señala el informe.

El estudio sostiene que el artista opera como una “infraestructura cultural”, capaz no solo de generar éxitos musicales, sino de amplificar el reconocimiento global del español en el contexto de la música en streaming.

Internacionalización sin universalización

El Observatorio Nebrija matiza, no obstante, que la expansión del artista no implica una universalización completa del español. La mayor parte de su audiencia sigue concentrada en mercados hispanohablantes, lo que evidencia que la internacionalización del consumo no siempre se traduce en una adopción lingüística global.

Según el estudio, el crecimiento del español en la música responde a una lógica de circulación cultural más que a un proceso de normalización lingüística, en el que la visibilidad no equivale necesariamente a homogeneización.