Entre la ley y la honestidad

Una visita que transforma

Papa León XIV

“La tecnología nunca es neutral: tiene el rostro de quien la controla.”

León XIV

El viaje de Su Santidad León XIV a España tiene una doble dimensión, civil y eclesiástica, pues conjuga su condición de Jefe del Estado Vaticano y de Papa de la Iglesia Católica. Pero también la proyección de su visita adquiere otros perfiles: mediáticos y éticos.

No cabe duda de que la repercusión pública de la estancia del Santo Padre en España posiciona a nuestro país bajo la lupa del mundo, extremo que puede ser empleado -como ocurre siempre en acontecimientos de escala internacional- para obtener una visibilidad, por parte de muchos, bajo la estela de una situación y de un carisma personal mayor que el suyo, aprovechando la oportunidad que el acto brinda. Esto forma parte de una eterna puesta en escena en la que los actores secundarios buscan un papel protagonista o el minuto de oro no a costa, precisamente, de sus propios méritos. Por lo tanto, en este punto, nada cambia.

Pero, desde una perspectiva ética, ciertamente la movilización sincera que supone la fe determina que una gran cantidad de personas peregrinen allá donde el Santo Padre se encuentre. Uno tiene la esperanza de que ciertas tendencias o resurgimientos que se producen en algunos momentos de la historia no sean como hojas movidas por el viento, sino que tengan estabilidad, porque de ser así ello apuntará a un nuevo hito de la humanidad: una elevación moral y la superación de los muchos males que actualmente son los verdaderos rectores del camino del ser humano. El Papa se ha referido precisamente a esto, a la necesidad de que la moral ponga un freno, un límite infranqueable al poder desbocado, que es capaz de emplear elementos como la inteligencia artificial para su propio beneficio, despojando a la sociedad de la profundidad racional y de la luz espiritual que forma parte de su naturaleza y que trata de eclipsar bajo la sombra de lo mundano, de lo fácil, de lo simple.

Mi reflexión sobre la visita del querido Papa León XIV, por lo tanto, se basa en lo positivo que supone la gran movilización humana por una cuestión religiosa, pues incide directamente en el reconocimiento del valor superior de la persona, en su aspecto trascendente y en la esperanza de lo mejor. No obstante, me gustaría que ese ánimo no fuera solo cosa de unos pocos días, sino que, en lo cotidiano, cuando el Santo Padre ya no esté cerca, el comportamiento humano siga estando a la altura y demostrando, en la vida corriente, que esto no se trata de algo puntual para luego continuar bailando al mismo son que marca la dinámica de las cosas y que dista mucho de ser buena, dentro de un mundo el nuestro cada vez más a la deriva moral y corrompido. Recuerdo que cuando tuvo lugar la pandemia del coronavirus había un comentario bastante generalizado según el cual, tras superar aquella situación, se esperaba que la sociedad saliera adelante si bien transformada, mejorada, valorando más lo que en verdad importa. Como es de ver aquello quedó en un deseo. Ojalá que esta visita transforme, de forma honesta y genuina, los pasos erráticos del presente en un caminar firme hacia la verdad ética del ser humano, y que así se demuestre en el día a día.