Venganza y arrepentimiento
La Odisea de Nolan se centra en la venganza de Odiseo/Ulises al dar muerte a Antinoo, el pretendiente de su madre (Penélope) y frustrado asesino de su hijo (Telémaco) en la ‘arenosa’ Pilos. El otro elemento básico de la película es el arrepentimiento de Ulises por haber destruido Troya, a partir de lo cual engarza un discurso contra la guerra con la esperanza de que la humanidad aprenda del horror de este episodio. Curiosamente, ninguno de estos dos ‘leiv motiv’ aparecen así expuestos en la Odisea de Homero.
Para explicar el episodio de la venganza, Nolan da un papel clave a Sinón, el hijo del pastor que se intercambia por Antinoo para ir a la guerra de Troya. La Eneida de Virgilio es la fuente clásica que ofrece el relato más detallado y conocido de todo el episodio. En este libro, el héroe troyano Eneas le narra a la reina Dido cómo los aqueos construyeron el gigantesco caballo de madera, cómo fingieron retirarse, el engaño de Sinón a los troyanos que le cuesta la vida, el episodio de Laocoonte y cómo finalmente los guerreros ocultos en su interior abrieron las puertas de la ciudad por la noche. Nolan obvia el papel de Laocoonte pero recrea el papel de Sinón (Elliot Page en la película) que es el que consigue que el caballo penetre en las murallas de Troya.
Sobre el arrepentimiento, en la Odisea no se articula en Ulises una culpa moral por la destrucción de Troya. Lo que sí hay es una veta de melancolía —el llanto del Canto VIII— que roza la compasión por el coste humano de la guerra en general, sin llegar a formularse como juicio sobre lo que él mismo hizo. Ese tipo de remordimiento explícito por la suerte de los troyanos habría que buscarlo más bien en la tradición posterior: las tragedias de Eurípides (Las troyanas, Hécuba), que sí adoptan el punto de vista de las víctimas, o en la Eneida virgiliana, que narra el saqueo desde el bando derrotado.
En resumen, una gran película que bebe de fuentes más allá de la Odisea homérica y que obliga al espectador, que no conozca los relatos clásicos griegos, a un esfuerzo especial de atención para seguir una trama que se presenta en un montaje trepidante con constantes prolepsis y analepsis.