Sí, la república es posible
En 2014, el rey Juan Carlos I abdicaba la corona, seguramente empujado por sus problemas de salud y los recientes escándalos que había protagonizado en los últimos meses. El príncipe Felipe, ocuparía pues por herencia, como es natural en las monarquías, su cargo como rey de España, ejerciendo Letizia Ortiz de reina, y compartiendo, eso sí, el título de reyes honoríficos, algo muy novedoso en España.
La abdicación del rey que hizo las veces de puente entre la dictadura y la Democracia, en un momento de gran tensión en nuestro país y cuando todo estaba en juego, el mismo que, según nos han contado, paró el fallido golpe del 23-F, ha supuesto sin duda el cierre de una etapa clave para nuestro país. Nos guste o no, la gestión de Juan Carlos ha de ser vista con interés, pues si bien no ha sido impecable, si ha permitido garantizar la estabilidad durante muchos años en un Estado, el español, con un pie en la dictadura bastantes años después de muerto Franco. ¿Fue la mejor decisión? Nunca se sabrá, lo que está claro es que no hubo otra posibilidad, conociéndose la imposibilidad de convencer al régimen de la necesidad de Democracia volviendo a la denostada república, el chivo expiatorio de los golpistas.
Con el cambio en la jefatura del Estado se abrió de nuevo el melón de la República y se puso sobre la mesa la posibilidad de plantear un referéndum a través del cual los ciudadanos podamos elegir qué modelo de país queremos. Si bien es cierto que la nueva transición se llevó a cabo con pulcritud, sin tensiones y con un carácter más moderno, muy distinta ésta a la que protagonizo su padre, y que Felipe VI ha sido acogido por la sociedad con buenos ojos, por su carácter abierto y proclive a consensos, también es cierto que la sociedad española ha cambiado y que el debate monarquía-república tiene esta vez más visos de subsistir.
Pero miremos lo datos, cerca del 52 % de los españoles votarían mantener la monarquía parlamentaria actual en España si se celebrara un referéndum sobre el sistema político frente a un 43,5 %, que optarían por apoyar el cambio a una república, según una encuesta realizada por Opina 360 en 2025. A simple vista está claro que los ciudadanos todavía prefieren el sistema actual, pero habría que tener en cuenta que buena parte del apoyo viene dado por la figura que representa Felipe VI. La sociedad no desea monarquía en sí, simplemente se ha acostumbrado a un modelo impuesto, que se ha alimentado gracias a la tradición y sobre todo a la manipulación histórica de lo que representó la II República por parte de la derecha, y a la apropiación de la misma por los sectores más radicales de la izquierda. La monarquía ha sido vista siempre por tanto como un sistema que garantiza la estabilidad mientras que la república es considerada todavía por muchos un modelo que no tiene cabida en nuestro país y que solo generaría más problemas.
La II República representó un auténtico oasis renovador en una España acostumbrada a la sumisión y que todavía hoy parece padecer desafortunadamente esa lacra. Cambian los agentes que manipulan y someten, pero el fondo es el mismo. Gracias a ese breve espacio de tiempo, España pudo crear escuelas, difundir la cultura y el pensamiento intelectual y ganó derechos como el voto de las mujeres. La destrucción de su imagen, la ocultación de sus logros y la difamación por parte del Franquismo, extendida posteriormente por el nuevo establishment derechista adaptado a la Democracia, explican muy bien por qué tiene tanto apoyo la monarquía a día de hoy.
Parece que esta vez, sí bien no debiéramos echar las campanas al vuelo todavía, la sociedad está comenzando a plantearse que tiene mucho más poder del que cree para cambiar las cosas. Tenemos la base, que es la concienciación social, ahora falta aprovechar los mecanismos democráticos, como son, entre otros, las urnas y las manifestaciones, para reclamar un referéndum que nos permita elegir el modelo que mejor refleja ese pensamiento liberal y profundamente democrático del que hacemos gala todos los días: la república. Dicen que nunca es el momento. Llegará el día.