Madrileños por Madrid

¿Quién inventó el derecho a vacaciones remuneradas?

Cuando media España hace las maletas y la otra media cuenta los días para su huida estival, es buen momento para preguntarse quién inventó el derecho a que te paguen unos días al año por no ir a trabajar. Normalmente, damos por hecho que las vacaciones retribuidas son una de las grandes conquistas del movimiento obrero. Es un bonito relato: tiene héroes y un final feliz. Sólo hay un pequeño inconveniente: que la historia no suele confirmar las que creemos grandes verdades. En este caso tampoco.

Las vacaciones pagadas no nacieron en las fábricas. Nacieron en los Ministerios: los primeros en disfrutarlas fueron los funcionarios. La cronología importa, y en este caso demuestra que, antes de que los sindicatos soñaran con vacaciones pagadas, el Estado empezó a concedérselas a sí mismo.  

De hecho, los funcionarios siguen contando con algunas ventajas. Ellos tienen además los conocidos "moscosos", epónimo del ministro Javier Moscoso, término tan famoso que está reconocido por la RAE,  además de los llamados "canosos", que premian la antigüedad.

En Francia, Napoleón III concedió por decreto en 1853 dos semanas de licencia retribuida a determinados empleados públicos, casi un siglo antes de que las “huelgas alegres” y los Acuerdos de Matignon de 1936 llenaran de obreros los trenes hacia la Costa Azul.

En España, el Real Decreto de 7 de septiembre de 1918 otorgó quince días de descanso a empleados públicos, militares y maestros. El impulsor fue Antonio Maura, que diez años antes había creado el Instituto Nacional de Previsión, germen de la Seguridad Social. El resto de los trabajadores españoles tardaron 13 años en ver reconocida una semana de vacaciones en la Ley del Contrato de Trabajo de 1931, durante la II República.

Otro mito que se nos cae al acudir a los datos es la idea preconcebida de que hoy las vacaciones son un derecho universal. La realidad es desigual. Mientras la Unión Europea sí obliga a garantizar un mínimo de cuatro semanas de vacaciones pagadas en su Directiva 2003/88, fuera del Continente hay diferencias notables. China establece cinco días de descanso no obligatorio y Japón diez, aunque obliga al empleado a disfrutar al menos cinco para combatir el “karoshi”: muerte por exceso de trabajo. Paradójicamente, los países islámicos ofrecen más vacaciones que las economías desarrolladas, mientras que Estados Unidos ni siquiera impone por ley, a nivel federal, un solo día de vacaciones retribuidas, aunque se pueden negociar en el contrato laboral.

Ni siquiera Europa es homogénea, como pone de relieve un medio digital de análisis geopolítico (El Orden Mundial) en un interesante mapa sobre el tema. Hay países que,  superan los cuarenta días anuales (Francia, Rusia, Albania y Malta), mientras otros apenas alcanzan el mínimo de 20 días hábiles (Moldavia), considerando tanto empleados públicos como trabajadores del sector privado. España se sitúa en una posición equidistante, con una media cercana a los treinta y seis días.

La próxima vez que me cuenten un chiste sobre funcionarios de vacaciones, romperé una lanza por nuestros empleados públicos, que honran una tradición que inauguraron hace más de un siglo, beneficiando a todos los currantes.

La siguiente pregunta es… ¿y por qué los autónomos carecen de este derecho?  En las escurridizas manos de Hacienda está la solución.