Una mirada posible

Neutralidad de la FIFA

Viendo la inauguración del Mundial 2026, es notorio observar cómo, tras bambalinas, fanáticos, hinchas, gradas y césped configuran un espectáculo que se aplaude a sí mismo. Esta estrategia, donde el show se legitima de forma autorreferencial, no es nueva. Verbigracia, en el reciente Super Bowl se pudo leer perfectamente cómo los regímenes, los partidos políticos tradicionales y las empresas neoliberales —muchas de ellas con investigaciones por abusos laborales— usan el instinto artificial del patriotismo, las instituciones tradicionales y las estructuras de internet para vender urbi et orbi una idea falsificada de la identidad latina. Lo anterior adquiere validez en la figura prefabricada de Bad Bunny, cuya presencia per se está condicionada a las cadenas que el mismo sistema imperialista ata de forma invisible. El acto del «Conejo Malo» no fue un grito de reivindicación de siglos de una estirpe mancillada, sino la perpetuación de un espejismo del sistema dominante, el cual instrumentaliza de forma gélida la necesidad de libertad de los pueblos oprimidos.

Desde el inicio de la transmisión con la participación de Maná, J Balvin, Belinda…, se infiere la línea editorial de la FIFA, presidida por Gianni Infantino, quien carga en sus hombros escándalos de corrupción como los Panama Papers o el FIFAgate. Con esto, el máximo ente del fútbol busca generar una impresión de neutralidad política; sin embargo, dicha neutralidad se aleja de la realidad. Analicemos el infame Premio FIFA de la Paz, otorgado a Donald Trump a pesar de sus ejecuciones extrajudiciales en las aguas de Venezuela, sus vínculos con el pederasta Jeffrey Epstein, el ataque al Capitolio de EE. UU. y las crisis derivadas de sus políticas exteriores. Partiendo de las tesis anteriores, la FIFA no ha conservado ni un céntimo de neutralidad en el ámbito político. Al contrario, ha asumido una postura política íntima con la derecha radical.

En un artículo del New York Times se menciona que Canadá y México tendrán en sus territorios 13 partidos cada uno, mientras que EE. UU. albergará 78. Aquí vemos, no de forma soterrada sino de manera frontal y descarada, un mensaje y una postura ideológica. Entonces, resulta hipócrita que la FIFA pretenda mostrar neutralidad en su trance inaugural mientras los artistas convocados temen manifestar una posición política progresista. Me permito alucinar y pienso que sería conveniente enviar otro tipo de mensajes a través de los artistas elegidos. Qué tal una inauguración con Molotov, la Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio, o Café Tacvba.

La FIFA siempre ha sido una institución corrupta que se «lava las manos» con un deporte que une y separa a multitudes. Sin embargo, en medio del espectáculo vacuo, hay partidos que devuelven la esperanza y la dignidad a sus naciones. Por ejemplo, los encuentros Argelia vs. Francia o Irán vs. EE. UU., donde los países tienen la oportunidad de asentar simbólicamente una victoria frente a sus verdugos históricos. Este es el lado del Mundial que me llama la atención: ese espacio donde se reivindica, con un balón, la dignidad de un pueblo.