En corto y por derecho

La huida hacia adelante

Mucho se especula con la salud mental de Pedro Sánchez al ver su forma de reaccionar a tantos escándalos que le rodean. Sin embargo, su actitud es profundamente humana, como veremos en diferentes episodios literarios protagonizados, eso sí, por un megalómano. Sánchez practica la llamada ‘huida hacia adelante’. La expresión designa una estrategia —consciente o instintiva— por la que alguien responde a una crisis, un fracaso o una contradicción no retrocediendo ni afrontando el problema de frente, sino intensificando la acción que lo causó o lanzándose a una nueva empresa más ambiciosa aún.

¿Qué personajes literarios lo han practicado? Al frente de ellos Macbeth. Después del primer asesinato no puede detenerse: cada crimen genera la necesidad del siguiente para silenciar testigos y sofocar sospechas. Él mismo lo formula con lucidez aterradora: “I am in blood / Stepped in so far that, should I wade no more, / Returning were as tedious as go o’er.” La huida hacia adelante como trampa lógica.

En Rojo y negro de Stendhal, Julien Sorel responde a cada humillación social con una apuesta más audaz. Su ascenso es una serie de huidas hacia adelante: el asalto a Mathilde, el disparo a Madame de Rênal. No puede consolidar lo conquistado; solo puede lanzarse al siguiente riesgo.

En el  jugador de Dostoievski, el mecanismo adictivo del juego es la huida hacia adelante en estado puro: la pérdida solo se puede “reparar” con una apuesta mayor. Alekséi no puede parar porque parar significaría enfrentarse a lo perdido.

Ahab en Moby Dick. La obsesión por la ballena blanca es una huida hacia adelante metafísica. Ahab no puede curar su herida ni aceptar la indiferencia del cosmos; solo puede perseguir y destruir. La intensificación de la empresa es la única respuesta posible a un trauma irresoluble.

El coronel Kurtz en El corazón de las tinieblas / Apocalypse Now. Kurtz lleva la lógica colonial hasta sus consecuencias más extremas precisamente porque ve que el sistema es una mentira. La huida hacia adelante como lucidez perversa: si esto es lo que somos, llevémoslo hasta el límite.

Lo que une estos casos es una misma arquitectura: una contradicción o un fracaso que no puede ser reconocido, y la respuesta de intensificar en lugar de corregir. La huida hacia adelante revela que a veces el movimiento no es signo de energía sino de pánico; que la acción puede ser la forma más elaborada de parálisis.