La voz del judaísmo en el diálogo nacional: el Gran Rabino Alfredo Goldschmidt y el compromiso judío con La Paz
El Gran Rabino Alfredo Goldschmidt es el líder espiritual del Centro Israelita de Bogotá y una de las voces más respetadas del judaísmo latinoamericano. Durante décadas ha sido un firme impulsor del diálogo interreligioso en Colombia, convencido de que el conocimiento mutuo es el camino más efectivo para combatir la intolerancia y el prejuicio.
En el corazón del conversatorio "Voces de lo Sagrado para la Paz", realizado en el marco del Festival de lo Sagrado Universal y transmitido por Señal Colombia, su voz resonó con familiaridad, compromiso y esperanza. Para nuestra comunidad, esta participación no fue solo institucional: fue el testimonio vivo de una tradición que entiende la paz —*shalom*— como un llamado ético diario, no como un simple deseo.
Acompañado por el Sheikh Ahmad Tayer, representante de la comunidad musulmana de Bogotá, y por el padre Luis Guillermo Sarasa, S.J., director de la Biblioteca de Filosofía y Teología Mario Valenzuela, y bajo la moderación de la periodista y politóloga María Jimena Duzán, el Gran Rabino puso sobre la mesa una enseñanza que muchos en nuestra tradición conocen en el alma: *shalom* significa plenitud, justicia, armonía y responsabilidad compartida. Recordó, con la sencillez que lo caracteriza, que la paz auténtica exige raíces morales firmes y acciones concretas, no gestos simbólicos aislados.
Esa perspectiva atraviesa toda la literatura rabínica. Los Sabios enseñaron que el mundo se sostiene sobre tres pilares —la verdad, la justicia y la paz (Pirkei Avot)— y el Talmud llega a afirmar que la paz es tan central que incluso el nombre de Dios puede omitirse para preservarla (Shabat 10b). Goldschmidt subrayó que, por ello, nuestro compromiso comunitario debe traducirse en diálogo, educación y presencia pública. En un país con heridas sociales profundas, ese llamado adquiere una urgencia especial: la tarea de la paz depende tanto de las instituciones como de las pequeñas prácticas cotidianas de respeto y solidaridad.
Para la comunidad judía colombiana, la transmisión por Señal Colombia fue también una oportunidad de mostrarnos ante la sociedad con una voz propia y reconocible. En tiempos en que el antisemitismo y los malentendidos simplifican identidades complejas, escuchar a un rabino explicar directamente la visión judía sobre la convivencia y la justicia contribuye a deshacer estereotipos y a fortalecer la visibilidad de nuestra tradición como aporte ético y cultural al país.
El conversatorio evidenció, además, los lazos espirituales que nos unen con cristianos y musulmanes. Aunque existen diferencias teológicas claras, las trestradiciones abrahámicas comparten valores que pueden impulsar iniciativas conjuntas por el bien común: dignidad humana, compasión y responsabilidad. Goldschmidt enfatizó que reconocer estos puntos en común no implica renunciar a la propia identidad; al contrario, es la base sobre la cual podemos construir confianza y colaborar en proyectos de paz y justicia social.
Como comunidad, podemos tomar de este encuentro varias lecciones prácticas: promover espacios educativos donde se explique nuestra tradición desde la apertura y el conocimiento mutuo; participar activamente en programas interreligiosos locales que ataquen de raíz la intolerancia; y traducir las enseñanzas éticas en acciones concretas, como el acompañamiento a víctimas y el apoyo a proyectos de convivencia en barrios con alta conflictividad social.
En su intervención, el Gran Rabino dejó una frase simple y potente: la paz no nace de la uniformidad, sino del reconocimiento de la dignidad del otro. Esa idea, tan arraigada en nuestra tradición, nos convoca hoy a ser agentes de shalom en nuestros hogares, en nuestras sinagogas y en el tejido social de Colombia.