La globalización de la delincuencia organizada
Si pensaban que el mundo se está desglobalizando, en las oscuras zonas del crimen, este se ve más globalizado que nunca y para muestra la historia de los drones usados por los cárteles mexicanos. Al principio, las aeronaves que cruzaban la frontera con paquetes de droga venían del extranjero: hasta finales de 2013 los grupos del narco emplearon drones israelíes y se registraron unos 150 vuelos de cargamentos. Las importaciones eran caras y riesgosas, así que los cárteles decidieron fabricar sus propios equipos.
Según la DEA, se registraron un aproximado de 150 detecciones de drones con cargamentos que cruzaron la frontera entre 2012 y 2014.
Para montar su industria contrataron ingenieros en varias ciudades, pagándoles salarios altos. En pocos años desarrollaron drones capaces de transportar entre 60 y 100 kilogramos por vuelo. Partían de modelos comerciales y agrícolas disponibles en línea y los modificaban para cargar explosivos o droga. La escasa regulación permitía obtener estos aparatos con apenas unos clics.
Algunas de estas naves se basan en modelos baratos que cualquiera podría comprar, mientras otras aprovechan chasis agrícolas; en muchos casos basta soldar un tubo y llenarlo de pólvora para tener un arma voladora.
La globalización del crimen no se detuvo en la manufactura local. Academias de drones en Ucrania enseñaron a mexicanos y colombianos con conexiones ilícitas. Allí aprendieron tecnología y además a pilotar con visores de realidad virtual y eludir inhibidores de señal. Esta transferencia se reflejó en los cielos mexicanos: los ataques con drones pasaron de cinco en 2020 a cientos en 2023.
Ante esta escalada tecnológica, las organizaciones criminales también han invertido en defensas, adquiriendo inhibidores de señal de origen chino para derribar drones rivales. Estos drones ya han ocasionado en Chiapas México, el desplazamiento de la comunidad de Chicomuselo.
La trama se complica, ya que se ven relaciones con el gobierno que al parecer fomentan estos avances: en abril de 2026 la justicia de EE.UU. acusó al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y a otros nueve funcionarios de trabajar con el Cártel de Sinaloa para enviar drogas. El gobierno estadounidense presentó una solicitud de extradición y México respondió que solo colaborará con pruebas irrefutables. A la lista se sumaron los gobernadores de Sonora y Tamaulipas, Alfonso Durazo y Américo Villarreal: según el LA Times, Washington les revocó las visas y los investiga por vínculos con el crimen organizado.
Esta historia resume una paradoja: la globalización que permitió a los cárteles importar drones y aprender tácticas en Ucrania, muestran que la tecnología circula sin pasaporte, cuando hay oscuridad en la ley y en las instituciones. No todo esta perdido, la Secretaría de la Defensa Nacional colabora con la Universidad Aeronáutica de Querétaro para desarrollar el primer dron 100 % mexicano con fines legales, una aeronave de vigilancia y combate fabricada en el país que compita con las importaciones y ofrezca a las fuerzas de seguridad una herramienta legítima.
Mientras que Trump parece querer acabar con la globalización, mediante tarifas y restricciones, esto paradójicamente los vuelve mas débiles ante la delincuencia organizada, que crece en cuanto mas vacíos en el mundo encuentra, la única forma de atacarla es con cooperación, honestidad y desapareciendo los huecos que encuentra la delincuencia organizada para existir y proliferar.