Diáspora árabe

Trauma migratorio en los relatos de Mónica Mansour

Mónica Mansour, nacida en Argentina y portadora de una herencia árabe que la acompaña como un hilo discreto, vive en México desde 1954. Poeta, narradora, ensayista y traductora, aparece en la antología Medio Oriente en México (2024), donde Rose Mary Salum reúne voces marcadas por la memoria y la diáspora, confirmando la raíz árabe que atraviesa su genealogía. Más allá de esta inclusión, no existe otra referencia documental que afirme ese vínculo, de modo que la antología constituye la única huella explícita de ese linaje.

La autora participa con dos cuentos en la antología: Amigo tan querido y De ésos. Ambos relatos exploran una ausencia que persiste, esa forma de estar y no estar que marca tantas experiencias migratorias. Los textos no funcionan solo como narración, sino como una forma de elaborar un trauma. Esto se confirma cuando Mansour se identifica como escritora en Amigo tan querido, gesto que refuerza la dimensión autobiográfica del relato.

Y una noche llegaste así, como siempre, sin avisar y hablamos mucho rato de los elefantes, serpientes y las otras cosas. Y tú estabas escribiendo un libro, y yo también, y nos los contamos. (…)

Podemos entender De ésos y Amigo tan querido como dos relatos que dialogan entre sí. En De ésos, Mansour presenta la condición que origina la fractura: la vida suspendida del migrante, su desplazamiento constante y la imposibilidad de pertenecer. En Amigo tan querido, aparece el efecto íntimo de esa misma condición: la pérdida, la nostalgia y el recuerdo de un amigo cuya vida termina en el suicidio, algo que el relato muestra como el resultado de una carga emocional imposible de sostener.

Así, uno revela el origen de la herida, y el otro la huella que deja. Estas condiciones coinciden con la verdad de todo inmigrante, pero a veces uno no se da cuenta de esta realidad y aprende esta condición demasiado pronto y la carga toda la vida, luchando por mantener vivas sus costumbres y ese pasado irreversible, como quien sostiene agua entre las manos e intenta que no se derrame.

El amigo de los relatos es precisamente uno de ellos: un migrante perpetuo, un exiliado de sí mismo, alguien cuya identidad se sostiene en la nostalgia y cuya existencia revela la fragilidad de quienes viven entre el aquí y el allá, entre lo que fueron y lo que ya no pueden recuperar.

Yo también tengo un amigo de ésos. (...) es de ésos de quien se puede oír en otro país alguna conversación cínica y grotesca, y luego uno se queda ahí porque no se puede mover de la impresión, hasta que uno se entera que hablaban de él porque de repente dijeron su nombre entre las carcajadas (...) éste es de ésos que llaman terroristas.  

Los relatos construyen un espacio donde la ausencia se vuelve forma de existencia. En ese umbral, la literatura de Mansour no solo narra, sino que da forma a un duelo migratorio que permanece abierto.