La estamos cagando con la IA
Llevo semanas escuchando lo mismo, y empiezo a pensar que nos estamos contando la historia equivocada, en reuniones, en eventos, en conversaciones que pretenden ser estratégicas y acaban sonando idénticas, la IA te hará más rápido, ¿cuánto tiempo te ha ahorrado?, ¿en qué KPIs se traduce esto?, ¿estás siendo más efectivo?…, y cada vez que lo oigo siento que algo no encaja, porque no es que la eficiencia sea irrelevante, la tecnología siempre ha sido una palanca para hacer más con menos y como liberal tecnológico creo en ese progreso, pero reducir la mayor revolución cognitiva de nuestra era a una conversación sobre velocidad es quedarse peligrosamente corto…,
Estamos educando en la rapidez, en la optimización constante, en producir más en menos tiempo, cuando el verdadero cambio no va de hacer lo mismo antes, sino de hacer cosas que antes ni siquiera estaban en el mapa, y ahí está el error, en el marco mental desde el que estamos vendiendo y enseñando la IA, porque estamos formando operadores eficientes al servicio de métricas cómodas, cuando deberíamos estar formando mentes incómodas capaces de cuestionar esas métricas.
Sabemos que la IA aumenta la productividad en tareas concretas, pero también que cuando se usa como atajo permanente puede erosionar el pensamiento crítico y generar dependencia, la herramienta amplifica lo que ya eres, no sustituye lo que deberías desarrollar, y si lo que desarrollamos es solo prisa, obtendremos más prisa, pero no necesariamente más criterio.
La IA no hará más tontos por definición, pero en parte no se equivocan quienes lo temen si seguimos con este modelo centrado únicamente en el ahorro de tiempo, porque si la usamos para evitar pensar, acabaremos dejando de pensar, no por incapacidad, sino por comodidad, y lo preocupante no es la tecnología, es que estamos premiando esa comodidad, cuando en realidad la IA no está aquí para que pensemos menos, sino para que pensemos diferente, para ampliar el marco y cuestionar mejor.
Para mí esta es la era de la creatividad, del pensamiento aplicado, y eso en términos prácticos significa dedicar más energía a formular mejores preguntas que a ejecutar respuestas, redefinir problemas antes de resolverlos, prototipar ideas que antes descartábamos por coste o complejidad y utilizar la máquina como un laboratorio donde probar, fallar y volver a intentar, porque puede hacer cualquier cosa, o podrá hacer, que tengas en mente, y ese debería ser el verdadero argumento de venta, no lo rápido que lo haces, sino todo lo que puedes llegar a hacer.
Pero cuidado, creatividad no es hacer una pieza bonita, no es estética ni fuegos artificiales, hace años leí en el libro "Cuentos que mi jefe nunca me contó", de Juan Mateo, algo que me cambió la forma de entender mi trabajo, la creatividad no es adornar, es encontrar caminos diferentes a problemas ya establecidos, y si eso es así, entonces la IA no es el destino, es el terreno sobre el que puedes trazar nuevas rutas.
Quizá sea el lienzo en blanco más potente que hemos tenido nunca, pero hacer tangibles tus ideas no tiene precio, crear, pensar, inventar y conectar puntos improbables nos corresponde a nosotros, la máquina ejecutará con eficiencia, pero el germen, la intención y el criterio deberían seguir siendo humanos.
Si seguimos enseñando IA como si fuera un cronómetro, formaremos profesionales obsesionados con el tiempo ahorrado, y muchos comités de dirección estarán encantados porque es fácil de medir, sencillo de controlar y políticamente inofensivo, si empezamos a enseñarla como un sistema para expandir posibilidades, formaremos personas capaces de redefinir problemas que parecían cerrados, y quizá este sea el momento de cambiar cómo pensamos y cómo medimos, dejar de preguntarnos cuánto reducimos un proceso y empezar a preguntarnos cuánto ampliamos nuestra capacidad de imaginar soluciones distintas, porque la máquina hará el trabajo, pero la visión sigue siendo nuestra, y eso implica asumir responsabilidad, así que juega como un niño, piensa como un niño, explora sin miedo y acaba resolviendo como un profesional.