Guarros y perdedores

Guarros y perdedores

Pablo González de Amezúa

No derramaré una lágrima por la derrota de Argentina. Me alegraré de que haya sido eliminada y humillada por la selección española. Porque son guarros, por activa y por pasiva. Por activa, porque dan patadas a todo lo que se mueve, entran fuera de lugar y  no pierden la ocasión de dejar su huella en los cuerpos de sus rivales. Es su forma de amedrentar, coaccionar y marcar territorio.

Por pasiva porque se tiran al suelo con desvergüenza, fingen faltas inexistentes, se retuercen como si les estuviesen sacando las tripas ante lances de la nada, y el aliento de un contrario los derriba. Son la ley del embudo de la guarrería: para ellos, vale todo; frente a ellos, no vale nada.

Así que celebro (no tanto como la victoria de España pero en un segundo lugar cualificado) la derrota de Argentina. Y no ya la derrota, sino el calvario, la impotencia, la miseria que les acompañó todo el partido. Echaron a uno, tarjetearon a otro (por falsedad manifiesta) y nunca pudieron estar a la altura de la final.

Si amigos: Se acabó “la mano de Dios”; se terminó la excusa de proceder de la calle, de la pobreza y el barrizal;  Se fundió “el otro fútbol”. Ser guarro y tramposo nunca será excusa. A Egipto le robaron el partido. Los ingleses demostraron más cobardía que los italianos por Guadalajara. Y fue España la encargada de terminar con esos trampantojos.

Con un colofón lamentable. Sus últimos minutos. Un equipo que ha humillado al rival con su juego infinitamente superior no puede terminar pidiendo la hora, a merced de cualquier rechace, penalti retorcido o golpe de suerte. España es campeona del mundo con total merecimiento, pero habiendo podido terminar “in belleza”, con otro u otros goles, como con Francia, terminó pidiendo ayuda al puntillero y arruinando una faena que era de dos orejas y rabo.

Bueno. Jubilamos a Cristiano, jubilamos a Mbapé y hoy hemos jubilado a Messi. Con honores, porque Messi es honorable. De las cosas que aquí digo jamás habrá  recuerdo, ni falta que hace. España ganó la Copa del Mundo con gol de Ferrán Torres. Pero le anularon otro por marrullerías de tramposo y terminó con el agua al cuello cuando debió terminar con el cuello de la albiceleste dentro del pozo de sus propias suciedades.

¡Ah, y que no se me olvide! Mejor jugador joven, Cubarsí, un defensa. Otro premio que pone en su sitio a Lamine Yamal, incapaz de salir de su propio bucle de malos regates y peores pases. Bueno…tendrá tiempo para madurar. Y la selección española tendrá tiempo para saber, como los buenos toreros, que la mejor faena se enturbia con la espada y que un estoconazo hasta la bola es lo que pide la afición cuando el rival es tan guarro, creído y malcriado como Argentina.  Y ese placer…no lo hemos tenido. ¡Enhorabuena, España, comienzas una nueva época, con un fútbol mejor!