Las Escuelas de ACOES en Honduras y nuestro voluntariado
Luego de una semana conociendo de cerca el trabajo de Fundación ACOES en Honduras llega el día de ir al Centro de Salud Santa Teresa, ubicado en Nueva Capital, en las afueras de Tegucigalpa.
Nos levantamos antes de las 5 de la mañana. En Honduras los días empiezan temprano y, se trabaja literalmente de sol a sol. También hay otra realidad que aprender: por seguridad, no es recomendable caminar solos por la calle ni salir después del atardecer.
Cuando uno viaja a un lugar que no conoce, hay una regla fundamental: siempre escuchar a quienes viven allí. Es algo que les digo a los estudiantes que me consultan sobre voluntariado. Hay que llegar con respeto, sin imponer, sin creer que sabemos más. Entender el contexto es una forma de cuidar a los demás, y también de cuidarnos a nosotros mismos.
A lo largo de mi vida me ha tocado ver de cerca como muchas veces gente imprudente no escucha lo que las personas locales dicen y entonces pasan cosas.
Acompañadas por una voluntaria, nos dirigimos a la Escuela Santa Teresa, donde funciona también el centro de salud del mismo nombre. Como he contado otras veces, el proyecto de Fundación ACOES es enorme. Tiene cuatro escuelas propias que permiten que cerca de 4.000 niños y niñas asistan cada día a estudiar, pero también a comer, socializar y encontrar una oportunidad de futuro. En un entorno marcado por la pobreza extrema, la educación se convierte en una herramienta real para salir de la pobreza, que en este lugar es extrema.
ACOES dispone de un autobús que cada día traslada al personal docente y sanitario desde Tegucigalpa hasta Nueva Capital. El autobús sale de nuestra parada a las 5:40 y nos volverá a dejar en el mismo sitio a las 18:00. Así nos subimos y emprendemos viaje.
El recorrido es complicado. Camino de tierra pendiente arriba, angosto, y por momentos solo se puede circular en una sola mano, no hay veredas. Nos vamos adentrando cada vez más y más arriba en Nueva Capital.
Para mí no es la primera vez en un lugar así. Pero sí para las seis estudiantes de la Universidad Alfonso X el Sabio que me acompañan. Y esa es una parte esencial de esta experiencia: abrir la mente y el corazón a otras realidades, comprender otras culturas y descubrir que incluso compartiendo idioma hay muchas diferencias.
Mientras las observo, siento admiración. Han decidido convertir sus vacaciones en una experiencia de servicio, aprendizaje y encuentro con otras comunidades. Cinco de ellas estudian Odontología, y comenzarán su último curso en septiembre; la sexta es abogada. Tendré la oportunidad de mostrarles la parte de la odontología que más me apasiona: la social y comunitaria, basada en la atención primaria y la salud pública.
Esa odontología que busca llegar donde más se necesita y que entiende la salud bucodental como un derecho, no como un privilegio para quienes pueden pagarlo. Me llena de ilusión compartir con ellas esa visión que existe más allá de las cuatro paredes de una consulta, y que puede contribuir a transformar comunidades enteras.
Tras una hora y veinte minutos de recorrido, llegamos a Santa Teresa, la última de las cuatro escuelas de ACOES.
Ahora sí, empieza el trabajo.