El liberal anónimo

Donde comen dos, no comen cuarenta

El socialismo se pavonea por España cuando ha dejado de ser aquel movimiento que decía defender al obrero frente al cacique. Ahora son una simple caricatura, una suerte de aristocracia de nuevo cuño que busca vivir —y vive— del erario público. Al trabajador le arrancan más de medio sueldo en impuestos que jamás verá revertidos. Y si replica, lo motejan de fascista.

Hablan de educación y sanidad como quien habla del aire, pero solo para ocultar un enjambre de ministerios inútiles que sólo sirven para engordar nóminas y alimentar clientelas y amigos. Mientras, nuestro pueblo malvive sin poder acceder a una vivienda. Vivir se ha vuelto un tormento, pero ellos siguen inventando tributos para sostener su maquinaria.

Han transformado España en un gigantesco hospicio donde todo es gratis para quien no aporta nada. Pagas, ayuda, manutenciones, cumpleaños, vivienda, ropa, cuidados, todo un catálogo interminable de dádivas financiadas por el sufrido trabajador que ve cómo su esfuerzo se disuelve en un océano de subvenciones. El dinero público fluye sin control y de manera tan desmesurada que nadie sabe su destino, nadie, salvo esos que viven de administrarlo o, por supuesto, de desviarlo.

Y todavía abren más puertas. Entran sin control quienes garantizan votos, con exilios pretéritos o rastreo de pasajeros que marcharon a Indias hace dos siglos. Su objetivo es perpetuarse en el poder, aunque los hospitales colapsen, las aulas se degraden —para no zaherir a nadie— y el país se desangre para sostener a quienes jamás en la vida, han contribuido con nada. Este socialismo innovador —mejor diría, devastador— insulta a quien les cuestiona y dicen que donde comen dos pueden comer tres, incluso cuatro. Pero nunca cuarenta. Si cualquiera alojase en su casa a gente sin medida ni control, acabaría expulsado de su propio hogar, aunque seguirá pagando. Y así, casa tras casa, hasta no quedar ni morada ni sustento. 

La seguridad también se resiente y el propio Pedro Sánchez lo admitió al señalar que Extremadura, con apenas un 4% de población extranjera, es la región más segura y con la vivienda más barata. Sin embargo, después de admitir esa realidad, acusó a algunos partidos de convertir la “migración” y la delincuencia en el principal problema. Pedro Saunez dijo bien, y dijo así porque la realidad ha demostrado que «dato mata relato».