Cápsulas viajeras

Dar es -Salam “Tanzania”

Aquel día me levante pensando en bajar al centro para conocer un poco la ciudad. Después de desayunar una tortilla de patata (Chipsi Mayai) que, en suajili, significa literalmente “patatas fritas y huevo” … me subí a un dala-dala, el nombre que se utiliza en Tanzania para los matatus o minibuses que pasaban arriba y abajo constantemente por la carretera. En ese recorrido había mucha actividad de tráfico, comercio y las ganas de detenerme pronto en un lugar donde poder beber un refresco tranquilamente.

Dar es Salam es la sede de gobierno, principal centro económico y educativo del país. Había bajado al corazón de la misma tan solo para hacer una visita rápida de un día, a esta gran urbe situada en la costa este del continente africano junto al Océano Índico. Al comienzo tuve la impresión de encontrarme, al llegar, con una ciudad industrial e insípida, con una confusa concentración de edificios donde fácilmente uno podría perderse. Pero, por otro lado, cierta herencia colonial de la antigua soberanía alemana se podía ver aún en construcciones como la iglesia luterana Azania y la catedral anglicana Saint Josephs.

El día caluroso parecía demasiado bonito como para no aprovecharlo, así que, siguiendo mis propios pasos, llegué a una calle con muchos vendedores ambulantes en un ambiente que me recordaba a la India. En aquel momento algo me resultó familiar: una mujer en la calle limpiaba grandes ollas y sartenes donde cocinaban arroz biryani, dosa, pan de coco naan, chapati, samosa, vendían frutos secos, como anacardos con semillas y circulaban los Rickshaw de tres ruedas, típicos de Asia. La atmósfera que se respiraba era una mezcla de culturas y en todas las calles era normal encontrar sabores diferentes. Me detuve entonces a comer una brocheta de kebab con verduras asada a la parrilla. Allí, por ejemplo, los trabajadores y propietarios eran en su mayoría inmigrantes de oriente medio y del subcontinente indio. Las oraciones se escuchaban desde las mezquitas y los templos hindúes, y letras en chino podían verse por todo el trazado urbano, en los letreros de grandes edificios, motos, minibuses y coches.

En Dar es Salam, la inversión del gigante asiático estaba presente. Se apreciaba la diversidad de costumbres y lenguas. Entre tanta mezcla cultural, era difícil encontrar el tono particular de la conocida popularmente como “Ciudad verde en el Sol”. Parecía incluso pertenecer más a Medio Oriente o a la India que a África misma. Aun así, la vivacidad de las mujeres africanas saltaba por cualquier esquina en las estampadas telas de sus vestidos y en sus formas de caminar. Con vigor, luciendo ligeramente hacia arriba en los labios una alegre comisura, en medio del caos, entre el calor y la humedad que se levantaba del asfalto entre la mugre brotaba la belleza natural.