Alcazaba

La cultura del ramen

El cine y la cocina están hermanados desde siempre. Esta cultura está por todas partes y fue patentada en parte por Pablo Neruda cuando elevó a categorías helénicas la textura de congrio, los pétalos de la cebolla o el chisporroteo de “las papas fritas, la alegría del mundo en el aceite hirviendo…” (Odas elementales).

Neruda escribió también un libro al alimón con Miguel Ángel Asturias, “Comiendo en Hungría”.

“La comida puede calentar nuestros corazones y alimentar nuestras almas…”, dice el singapurense Eric Khoo, el director de cine que nos regaló esa Mise en Scène de la cocina asiática, poesía del celuloide: “Ramen Shop”, o “Recuerdos, amores y fideos”, por su nombre en español.

El ramen fue en su origen una sopa hecha con fideos y caldo de huesos de ternera o cerdo, alimento de obreros, marineros, trabajadores de la tierra y el mar. Después de la Segunda Guerra Mundial se popularizó en Japón, donde fue llevado a un nivel que hoy se reconoce en el mundo. Su base puede ser caldo de pollo, soja, algas y cebolla.

La película es un viaje entre viandas y sabores de oriente, y transcurre en Singapur, hasta donde viaja un joven japonés para descubrir la vida que llevaron ahí sus padres, un cocinero avezado y una joven de origen chino que deja para la posteridad un bellísimo diario escrito en mandarín, con páginas que guardan aun el perfume de los cerezos.

La fotografía del filme es perfecta; la cámara se detiene en el color –casi el aroma- del curry, penetra en los mercados botánicos donde las especias, los hongos secos, los peces deshidratados, van a parar a grandes ollas donde la cocción puede ser de cinco o diez horas: el proceso para crear el famoso Bak Kut Teh de Singapur, un caldo de costillas que hace llorar al joven nipón delante de su abuela.

El ojo del camarógrafo se deleita en las salsas de jaiba, en la corteza delicada de los pasteles de arroz, el dim sum cantonés, los peces encebollados y picantes, el chow mein, los arroces fragantes, los recuerdos que pueden traer perfumes de menta, jengibre, bok choy, cebollín o cardamomo.

Durante 90 minutos el alma pende de un hilo, en un permanente “flash-back” que retrotrae a la pantalla el romance del cocinero japonés con la joven inmersa en el drama de amar a quien no es aceptado en su familia.