Entrevistas

Richard Hansen: “El Mirador fue una de las ciudades más grandes del mundo antes de Roma”

El arqueólogo Richard Hansen - Imagen de Wikipedia

Tras más de 40 años investigando la Cuenca Mirador, el arqueólogo Richard Hansen explica cómo sus hallazgos han cambiado la comprensión de la civilización maya, revela los grandes retos que aún afronta la investigación y alerta sobre las amenazas que ponen en riesgo uno de los conjuntos arqueológicos más importantes del mundo.

Después de más de cuatro décadas investigando El Mirador, ¿qué idea que daba por cierta al principio ha descubierto que era errónea?

Cuando comencé a trabajar en 1978, el modelo aceptado sostenía que la civilización maya había evolucionado de forma gradual desde el periodo preclásico hasta alcanzar su máxima complejidad entre los siglos VII y VIII después de Cristo. Sin embargo, los descubrimientos realizados en la Cuenca Mirador demostraron una realidad muy distinta.

Encontramos evidencias de un gran apogeo urbano y político aproximadamente mil años antes de lo que se pensaba. Después se produjo un colapso demográfico y, posteriormente, otro periodo de esplendor seguido de un nuevo declive. Ese patrón de auge y colapso es algo que observamos repetidamente en la historia de las civilizaciones.

¿Qué puede enseñarnos la arqueología sobre el auge y la caída de las sociedades?

La arqueología ofrece una oportunidad única para observar el ciclo completo de una civilización. Nos permite estudiar cómo surge la complejidad social, qué dinámicas la sostienen y cuáles son las causas que terminan provocando su colapso.

No podemos observar el origen de nuestra propia sociedad ni conocer con certeza cómo será su futuro, pero a través de la arqueología sí podemos analizar esos procesos en otras culturas y aprender de ellos.

Después de tantos años de investigación, ¿cuál sigue siendo la gran incógnita de la civilización maya?

Ahora conocemos mucho mejor la evolución histórica de los mayas, pero todavía quedan numerosos detalles por resolver. Queremos comprender mejor cómo se formaron los gobiernos, cómo se alimentaban grandes poblaciones y cómo se organizaban los intercambios sociales y económicos.

También existen interrogantes sobre la verdadera densidad demográfica de las ciudades mayas. Las investigaciones recientes han demostrado que había muchas más viviendas de las que se creía inicialmente.

¿Por qué es tan difícil calcular la población real de aquellas ciudades?

Tradicionalmente se estimaba la población multiplicando el número de viviendas visibles por una media de habitantes por hogar. Sin embargo, las excavaciones han revelado la existencia de casas que no se perciben en superficie.

En muchos casos, bajo apenas unos centímetros de tierra aparecen restos de suelos compactados, agujeros para postes y cerámicas asociadas a antiguas viviendas. Eso indica que la población pudo ser mucho más numerosa de lo que se había calculado.

¿Qué otros misterios quedan por resolver?

Uno de los mayores desafíos es descifrar la escritura preclásica. Los textos del periodo clásico ya pueden leerse gracias al trabajo de numerosos investigadores, pero todavía existen inscripciones más antiguas que permanecen incomprensibles.

Lograr interpretar esos textos permitiría conocer directamente la visión que aquellas sociedades tenían de sí mismas.

Si pudiera recuperar un único documento maya perdido, ¿qué le gustaría descubrir?

Me gustaría comprender mejor la grandeza del periodo preclásico y la capacidad que tuvieron aquellas sociedades para construir civilizaciones tan complejas.

Estamos hablando de una cultura que desarrolló enormes ciudades en plena selva tropical sin animales de carga, sin carros y sin tecnologías que sí existieron en otras regiones del mundo. Entender cómo lograron todo eso sería extraordinario.

¿Cómo pudo surgir una civilización tan avanzada en un entorno tan complejo?

Esa es precisamente una de las cuestiones más fascinantes. Las grandes civilizaciones de Eurasia se desarrollaron mediante continuos intercambios culturales, pero en la Cuenca Mirador estamos ante un proceso prácticamente independiente.

La capacidad de organizar enormes proyectos arquitectónicos y urbanos en un entorno selvático demuestra un nivel de planificación y organización excepcional.

¿Qué ha supuesto la tecnología LIDAR para la investigación arqueológica?

Ha sido una auténtica revolución. Gracias al LIDAR hemos podido identificar cientos de asentamientos ocultos bajo la vegetación y obtener una visión completa del territorio.

Actualmente hemos documentado 964 sitios arqueológicos que conforman 417 ciudades. Además, once de ellas son más grandes que la ciudad de Madrid.

¿Qué descubrieron gracias a esos nuevos mapas?

Entre otras muchas cosas, una impresionante red de infraestructuras que conecta diferentes centros urbanos.

Hemos identificado aproximadamente 177 kilómetros de grandes calzadas elevadas construidas desde alrededor del año 500 antes de Cristo. Algunas alcanzan los 40 metros de ancho y varios metros de altura.

¿Qué enseñanzas pueden extraer las sociedades actuales de aquella civilización?

La principal lección es entender qué elementos permiten construir sociedades complejas, cuáles ayudan a preservarlas y qué errores pueden conducir a su desaparición.

El estudio del pasado nos ayuda a reflexionar sobre nuestro propio futuro.

¿Existe algún lugar de la Cuenca Mirador que siga emocionándole como el primer día?

Sí. Hay varios sitios extraordinarios, pero algunos destacan especialmente por la calidad de su arte arquitectónico.

Conservan enormes fachadas decoradas, esculturas monumentales y restos de policromía original con más de dos mil años de antigüedad. Son testimonios únicos de la creatividad y la capacidad técnica de aquellas sociedades.

¿Cuál es actualmente la mayor amenaza para la Cuenca Mirador?

La deforestación.

Estamos viendo cómo amplias zonas del entorno están siendo destruidas por actividades ilegales vinculadas principalmente al crimen organizado y la expansión ganadera. La conservación del paisaje y del patrimonio arqueológico es hoy el desafío más urgente.

Si pudiera conversar con un habitante de la Cuenca Mirador de hace más de dos mil años, ¿qué le preguntaría?

Le preguntaría cómo entendía su universo.

Me gustaría saber cuál era su relación con los dioses, con las estructuras de poder, cuáles eran sus aspiraciones, cómo imaginaba el futuro y cómo interpretaba el mundo que le rodeaba.

Al final, ese es el objetivo de la arqueología: reconstruir historias humanas. No buscamos tesoros, sino comprender cómo vivieron las personas que construyeron estas civilizaciones y añadir nuevas páginas al conocimiento de la humanidad.