Alfonso García Muriel (DXC Technology): “La inteligencia artificial va a cambiar por completo la forma en la que trabajamos, aprendemos y vivimos”
El presidente de DXC Technology para España y Portugal advierte de que Europa debe evitar la “sobre regulación” de la IA, defiende la soberanía digital europea y asegura que Madrid tiene capacidad para convertirse en uno de los grandes hubs tecnológicos del continente.
La carrera global por la inteligencia artificial ha dejado de ser una cuestión exclusivamente tecnológica para convertirse en un desafío económico, empresarial y geopolítico. Mientras Estados Unidos acelera la inversión privada y China avanza hacia modelos de control tecnológico propios, Europa trata de encontrar un equilibrio entre innovación, regulación y soberanía digital. En ese escenario, empresas, administraciones públicas y grandes corporaciones afrontan una transformación que ya está alterando procesos productivos, modelos de negocio y perfiles profesionales.
En paralelo, Madrid consolida su posición como uno de los principales polos de atracción empresarial y tecnológica del sur de Europa, en un contexto en el que cada vez más compañías internacionales buscan proximidad cultural, talento especializado y capacidad operativa para abordar sus procesos de transformación digital.
En este contexto, El Diario de Madrid conversa con Alfonso García Muriel, presidente de DXC Technology para España y Portugal, durante la celebración del Madrid Leaders Forum. La multinacional tecnológica, especializada en transformación digital, servicios tecnológicos e inteligencia artificial aplicada a empresas y administraciones públicas, mantiene un fuerte crecimiento en España, con 10.000 empleados, y especialmente en Madrid, donde ya cuenta con cerca de 2.000 profesionales.
Durante la conversación, García Muriel analiza el verdadero impacto de la inteligencia artificial en las organizaciones, el riesgo de que Europa pierda competitividad por exceso regulatorio, la transformación del empleo, el papel estratégico de Madrid y la creciente conexión tecnológica y empresarial entre España e Hispanoamérica.
“La revolución tecnológica es real, pero las organizaciones todavía no avanzan al mismo ritmo”
La inteligencia artificial ocupa hoy portadas, estrategias empresariales y discursos institucionales. Pero más allá del ruido mediático, ¿existe realmente una revolución tecnológica aplicada o todavía estamos en una fase más teórica que práctica?
La revolución tecnológica existe y es absolutamente real. La inteligencia artificial es una tecnología claramente disruptiva y eso ya no admite demasiada discusión. La cuestión no es si hay revolución tecnológica, sino entender la velocidad a la que está avanzando y cómo están siendo capaces de adaptarse las organizaciones, las personas y la propia regulación.
Hoy la tecnología está evolucionando más rápido que cualquier otra estructura de la sociedad. Los ciclos de desarrollo son vertiginosos. Cada semana o cada dos semanas aparecen nuevas capacidades, nuevos modelos y nuevas aplicaciones. Sin embargo, las organizaciones, los marcos regulatorios y los procesos de adaptación humana avanzan a otra velocidad completamente distinta.
Ahí es donde se produce esa sensación de enorme impacto potencial. Porque el potencial tecnológico ya existe, pero la realidad operativa y organizativa todavía se encuentra en una fase anterior.
¿Cómo están reaccionando las empresas españolas ante este escenario?
Estamos viendo un fenómeno muy claro: existe una enorme presión alrededor de la inteligencia artificial. Muchas organizaciones sienten que tienen que hacer algo rápidamente para no quedarse atrás. Los americanos hablan mucho del FOMO, el miedo a quedarse fuera, y eso está ocurriendo también aquí.
Sinceramente, creo que eso genera en ocasiones expectativas excesivamente altas dentro de consejos de administración y equipos directivos. Hay empresas que sienten casi la obligación de anunciar que también están haciendo inteligencia artificial.
Pero al mismo tiempo observamos mucha incertidumbre. La tecnología evoluciona tan deprisa que muchas decisiones se posponen constantemente. Cuando una organización está preparada para implantar una solución, ya han aparecido nuevas herramientas o nuevos modelos que vuelven a cambiar el escenario.
¿Esa incertidumbre puede acabar frenando la transformación?
Sí, y creo que sería un error. Las compañías tienen que empezar a trabajar ya con la tecnología disponible hoy, aunque sepan que dentro de dos semanas aparecerá otra mejor y dentro de seis meses el panorama habrá cambiado radicalmente.
Lo importante ahora es experimentar, aprender y formar a las personas. Los empleados ya utilizan inteligencia artificial en su vida personal. Las organizaciones tienen que permitir que la utilicen también en el ámbito profesional para entender realmente cómo funciona, qué aporta y cuáles son sus limitaciones.
La inteligencia artificial requiere aprendizaje práctico. Y eso implica asumir que muchas pruebas no saldrán bien.
“Solo alrededor del 5% de los proyectos de IA tienen éxito”
¿Existe demasiada frustración alrededor de los proyectos de IA?
Muchas veces se interpreta mal. Aproximadamente solo un 5% de los proyectos de inteligencia artificial tienen éxito real. Pero eso no significa que el otro 95% haya sido un fracaso absoluto.
En esos procesos las organizaciones aprenden qué aplicaciones funcionan, dónde está el valor y qué limitaciones tiene realmente la tecnología. Ese aprendizaje es precisamente lo que permite avanzar.
La inteligencia artificial no es algo pasajero. Está empezando. Durante los próximos años tendremos que convivir con ella, aprender a utilizarla y entender cómo integrarla en prácticamente todos los ámbitos de actividad.
Las nuevas generaciones parecen desenvolverse con mucha naturalidad en este entorno tecnológico. Sin embargo, perfiles con experiencia empresarial quizá puedan aportar un criterio diferencial.
Absolutamente. Y eso obliga a replantear completamente el modelo formativo y el concepto tradicional de carrera profesional.
En muchos trabajos técnicos, el valor diferencial ya no estará tanto en escribir código manualmente, sino en saber qué debe hacer ese código y qué problema debe resolver. Ahí entran el criterio, la experiencia y la capacidad de comprensión del negocio.
Las universidades, las escuelas de negocio y los centros educativos tendrán que adaptarse. Ya existen instituciones que no solo permiten utilizar inteligencia artificial, sino que incluso obligan a hacerlo para cambiar la mentalidad de los estudiantes.
En las empresas ocurre algo parecido. Los perfiles jóvenes suelen manejar muy bien la tecnología desde el punto de vista operativo, pero necesitan desarrollar criterio sobre cómo aplicarla. Mientras tanto, quienes llevamos más años trabajando tenemos que aprender a incorporar estas herramientas en nuestra manera de trabajar.
Son procesos de adaptación distintos, pero complementarios.
“La IA cambiará el trabajo, pero también la vida cotidiana”
¿Hasta qué punto estamos ante un cambio de paradigma?
Totalmente. La inteligencia artificial va a transformar la forma de trabajar, los modelos de aprendizaje, la relación con el consumo e incluso muchas dinámicas cotidianas.
No estamos hablando únicamente de una evolución tecnológica. Estamos hablando de un cambio profundo en la manera en la que las personas interactúan con la información, toman decisiones y organizan su vida profesional y personal.
Europa parece moverse en un equilibrio complejo entre regulación y competitividad tecnológica. ¿Existe riesgo de que el exceso regulatorio limite el desarrollo europeo frente a Estados Unidos o China?
Regular es necesario. No tengo ninguna duda de eso. Pero una cosa es regular y otra muy distinta es sobre regular hasta el punto de generar barreras que limiten la competitividad de las empresas o incluso la capacidad de desarrollo de la propia sociedad.
Europa está empezando a trabajar en un concepto muy importante: la soberanía digital. Y eso implica garantizar que los datos permanezcan bajo jurisdicción europea y que la inteligencia artificial pueda desarrollarse conforme a nuestros estándares regulatorios y éticos.
Ya vemos gobiernos y administraciones públicas impulsando soluciones de soberanía digital con datos residentes en Europa y bajo legislación europea. Eso es importante porque no siempre nos sentimos cómodos con determinados modelos regulatorios o prácticas existentes en otras geografías.
Creo que la dirección general es correcta, aunque probablemente todavía haya que ajustar qué regulamos, cómo lo hacemos y a qué velocidad.
“La Administración pública ya está utilizando IA para mejorar servicios sociales”
DXC trabaja intensamente con administraciones públicas. ¿Qué nivel de implantación real existe ya en el sector público español?
Mucho más del que la gente imagina. Ya existen casos reales y operativos en España.
Por ejemplo, se está utilizando inteligencia artificial para analizar documentación vinculada a prestaciones sociales o ayudas contributivas. Eso permite agilizar procesos, reducir tiempos y garantizar que las ayudas lleguen antes a quienes realmente las necesitan.
Y lo importante es que eso no implica necesariamente más gasto público ni más recursos, sino una utilización más eficiente de los recursos existentes.
También estamos viendo aplicaciones orientadas a empleados públicos. En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, ya se utilizan soluciones para optimizar el rendimiento de puestos de trabajo, prevenir incidencias tecnológicas y mejorar la interacción con sistemas.
En el Ayuntamiento de Madrid ocurre algo similar con sistemas de soporte capaces de resolver incidencias prácticamente en tiempo real.
¿Dónde están viendo las empresas privadas el mayor retorno de la inteligencia artificial?
Al principio muchas organizaciones enfocaron la IA únicamente desde el punto de vista de la eficiencia y la reducción de costes. Pero ahora están descubriendo algo mucho más importante: la ampliación de capacidades.
Un equipo comercial, por ejemplo, puede aumentar significativamente su productividad porque la inteligencia artificial automatiza tareas repetitivas, documentación estándar o determinados procesos administrativos.
Hoy puedes generar propuestas comerciales, actualizar sistemas CRM o estructurar información automáticamente mediante agentes de inteligencia artificial. Eso libera tiempo para que los profesionales se concentren en la parte de mayor valor añadido: la relación con el cliente, la estrategia y la toma de decisiones.
Estamos viendo casos reales en los que, manteniendo el mismo equipo, algunas compañías consiguen incrementar ingresos alrededor de un 30%.
“Madrid tiene todas las condiciones para convertirse en un gran hub tecnológico europeo”
Madrid atraviesa un momento de fuerte atracción empresarial y tecnológica. ¿Tiene capacidad para competir con otros grandes polos europeos?
Sin ninguna duda. Madrid reúne estabilidad, capacidad institucional, calidad de vida y un ecosistema empresarial muy competitivo.
Nosotros mismos estamos creciendo de manera muy importante aquí. DXC cuenta actualmente con cerca de 2.000 empleados en Madrid y estamos creciendo aproximadamente a ritmos del 20% anual.
Además, nuestros clientes valoran muchísimo la proximidad cultural y la cercanía. Frente a otros modelos más deslocalizados, nosotros creemos mucho en la relación humana y en el acompañamiento cercano.
Madrid tiene además una ventaja diferencial muy importante: su capacidad para actuar como puente entre Europa e Hispanoamérica.
Esa conexión con Hispanoamérica parece cada vez más estratégica para muchas compañías tecnológicas.
Lo es claramente. Nosotros estamos acompañando a muchas grandes empresas españolas —especialmente en sectores como banca, seguros o construcción— en sus procesos de expansión en Latinoamérica.
Y también ocurre en sentido contrario: ayudamos a compañías latinoamericanas a implantarse y crecer en España.
Existe un encaje cultural muy potente. Evidentemente influye el idioma, pero también hay una forma muy similar de entender las relaciones personales y empresariales.
“La curiosidad será una de las habilidades más importantes del futuro”
¿Qué capacidades profesionales serán más valiosas en este nuevo entorno tecnológico?
La curiosidad. Para mí es probablemente la cualidad más importante.
Dentro de DXC insistimos muchísimo en no perder nunca la curiosidad. Ese es el verdadero punto de partida del aprendizaje continuo.
Da igual la edad que tengas. Lo importante es mantener la inquietud por aprender, probar herramientas nuevas, compartir experiencias y entender cómo cambia constantemente el entorno.
Quien pierde esa curiosidad tiene muy difícil evolucionar en un contexto tecnológico como el actual.
¿Cómo afronta DXC los próximos años en un entorno de tanta incertidumbre tecnológica?
Con optimismo. Evidentemente trabajamos con planes estratégicos a varios años, pero hoy cualquier compañía tiene que revisar constantemente sus previsiones porque el entorno cambia a enorme velocidad.
Ya no sirve definir un plan a cinco años y ejecutarlo sin ajustes. Ahora las organizaciones tienen que revisar continuamente su dirección y adaptarse.
Pero somos optimistas porque creemos que estamos bien posicionados y porque hay algo que seguirá siendo diferencial incluso en un entorno de tecnología cada vez más democratizada: el valor humano.
La capacidad de relacionarte con otras personas, generar confianza, tener empatía, ayudar a formar equipos y comprender problemas complejos seguirá siendo lo verdaderamente diferencial.
La tecnología se democratizará. El valor humano seguirá marcando la diferencia.