Más que una feria del libro
Me gustan los ritos. Los grandes, los solemnes e incluso los excesivos. Pero también esos pequeños que organizamos nosotros y para nosotros. Yo tengo el mal hábito de no desayunar y sin embargo, el domingo me atrinchero con un café acompañado de un “hoyito” (ay! mi Cádiz) de pan con aceite y azúcar, durante el que, mientras hago crucigramas, nadie puede hablarme. Y si alguien se atreve, lo miro con expresión de reina madre ofendida y vuelvo a mi crucigrama sin despegar los labios. Y sé que no soy la única, que todos tenemos esos momentos solo nuestros, que van un paso más allá de la costumbre. En ese momento no somos alguien por una actividad, por depender de alguien o que alguien dependa de nosotros. En función de nada ni de nadie. Con una felicidad fugaz y pequeña. Pero nuestra. Esto me sucede con la Feria del Libro. Paseo sola entre compañeros cómplices de este vicio de oro que son los libros, con mi lista de títulos y una tónica muy fría. Voy en busca de tesoros que podría comprar en otro lugar, pero que allí se transforman en algo que va más allá, que se convierten en algo inestimable.
Son tres este año. Uno, Mujeres grises sobre fondo negro, de Marisol Donis. Tengo todas sus obras, pero esta ha salido hoy y no sé de qué tema tratará, porque hasta ahora han sido muchos y muy diferentes: tanto sobre asesinatos reales, como reuniones de alta sociedad o injusticias médico-sociales, todos tratados con una prosa y un ritmo adecuado al tema. De manera que sólo sé que me aguarda la sorpresa, el ritmo ágil del texto y el buen hacer de la autora. También esperaba encontrar En pequeñas dosis, una antología poética –las colecciono- recopilada por Enrique Granda, seguramente hecha minuciosamente, con una selección muy rigurosa, equilibrada y seria, tan cuidada como el resto de sus libros, que suelen ir de la investigación al relato. También busco Templarios hasta el final, de Carlos Lens. Tengo casi todas las obras de este autor tan versátil, pero esta se me ha escapado y espero encontrarla hoy. Siempre aparece en sus libros mezclas de intriga, de amor, de amistad, de temas policiacos internacionales, investigación o traducciones perfectas, pues domina cuatro idiomas. Y realizado con un estudio tan profundo de los personajes y sus relaciones humanas que me permiten conocer y comprender su arquitectura íntima.
Los encontré. Y cuatro más. Y como rúbrica, conseguido el botín, la celebración del triunfo con una cerveza a punto de escarcha ojeando los libros en un chiringuito, sin olvidar el saludo de pasada, al Ángel Caído.