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  <title><![CDATA[El Diario de Madrid :: RSS de «Enrique Pérez-Riesco»]]></title>

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    <description><![CDATA[Noticias de Madrid y la Comunidad de Madrid. Actualidad, economía, política, cultura, sociedad, empresas, tecnología, entrevistas y análisis en el periódico digital de los madrileños.]]></description>
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  <title><![CDATA[Volver al futuro]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Wed, 4 Jun 2025 08:11:58 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Pérez-Riesco]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Leyendo un texto explicativo sobre  El Fiord  (la infame novelilla de Osvaldo Lamborghini), volví a entrar en contacto con una idea que me ha perseguido a lo largo de los años: la influencia del futuro en el pasado. Es bastante lógico pensar que...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Leyendo un texto explicativo sobre<em> El Fiord</em> (la infame novelilla de Osvaldo Lamborghini), volví a entrar en contacto con una idea que me ha perseguido a lo largo de los años: la influencia del futuro en el pasado. Es bastante lógico pensar que nuestras acciones en el presente tienen su eco en el tiempo venidero, no voy a descubriros nada hablando de la causalidad, ni de la relación causa-efecto. Pero ¿y al revés?, ¿pueden tener las consecuencias algún tipo de influencia o estímulo en las causas que las provocan?&nbsp;</p>

<p>En este caso, lo que el autor del texto del que os hablaba señala, es que la novelilla de Lamborghini se trata de un texto eminentemente<em> Lacaniano</em>, pese a que el propio Lamborghini aseveró que no sería hasta después de escribir El Fiord que se interesaría por la filosofía y el psicoanálisis de este autor (Jacques Lacan), y que precisamente ese acercamiento posterior sería la causa de que el texto ya escrito tuviese esas connotaciones.</p>

<p>Al leerlo, no pude evitar recordar algunos de los textos de la CCRU que leí hace unos años, especialmente los relacionados con el concepto de<em> Hiperstición</em>. Pero, antes de nada, convendría explicar qué demonios es la CCRU. CCRU son las siglas en inglés de la Unidad de Investigación de Cultura Cibernética (Cybernetic Culture Research Unit) un colectivo formado a principios de los noventa en la universidad inglesa de Warwick dedicado a dar rienda suelta a las teorías aceleracionistas de sus diferentes miembros y afiliados entre los que se encontraban: Nick Land, Mark Fisher (sí, el de Realismo Capitalista, el mismo), Reza Negarastani, Sadie Plant y otros tantos.&nbsp;</p>

<p>En 2015, con la publicación de los textos que escribieron entre 1997 y 2003, entré en contacto por primera vez con la figura de Land y con uno de sus conceptos más importantes,<em> La Hiperstición</em> (Hyperstition). “Hiperstición es un circuito de retroalimentación positiva que incluye a la cultura como componente. Puede ser definido como la (tecno-) ciencia experimental de las profecías autocumplidas”, diría el propio Land. Como podéis comprobar su estilo no es especialmente sencillo ni accesible, pero básicamente viene a referirse a <em>una idea performativa que provoca su propia realidad, una ficción que crea el futuro que predice.&nbsp;</em></p>

<p>En cierto modo no se distancia tanto de la idea que tenían los griegos de la tragedia. Una profecía autocumplida. Desde el momento en el que sabemos cual va a ser nuestro futuro, todas nuestras acciones para evitarlo serán precisamente las que nos conduzcan a él. Nuestro futuro, de esta forma, sería dueño de nuestro pasado ¿Pero esto no eliminaría nuestro libre albedrío? ¿Todas nuestras agencias no se verían limitadas entonces por ese futuro que quiere materializarse en el presente? Depende de cómo entendamos el tiempo.</p>

<p>Podemos entenderlo de una forma no lineal, en la que los eventos por venir estén comunicados con los sucedidos y viceversa. ¿Pero y si todo sucediese en un solo momento? Si no pudiésemos distinguir entre pasado, presente y futuro, si viviésemos en un continuo ahora, esta idea podría no ser tan descabellada como a priori parecía cuando hace casi diez años leí sobre ella por primera vez.&nbsp;</p>

<p>Kurt Vonegut, uno de mis autores favoritos, escribió sobre esto en su novela <em>Matadero Cinco</em>. En ella su protagonista no es capaz de vivir su vida de manera lineal desde que entra en contacto con una raza de alienígenas que perciben sus vidas como un instante absoluto en el que todo ocurre simultáneamente, donde no hay acciones que precedan a otras pues todas se superponen. Y quizá esa sea la clave de todo esto (no las locas teorías que aquí he expuesto, ni la ingente cantidad de nombre y datos innecesarios, eso es lo de menos), que la forma que tenemos de percibir el tiempo cada uno, es en último término lo que articula que hacemos con él; que, en el fondo, cada uno es dueño de su propio destino.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Fracasar con estilo]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Thu, 14 Mar 2024 18:52:49 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Pérez-Riesco]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Con el estreno de la segunda parte de Dune a la vuelta de la esquina, viene a mi memoria el documental que vi hace unos años sobre el fallido proyecto del director Alejandro Jodorowsky de grabar esa película. Decir que  Jodorowsky's Dune  es una...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Con el estreno de la segunda parte de Dune a la vuelta de la esquina, viene a mi memoria el documental que vi hace unos años sobre el fallido proyecto del director Alejandro Jodorowsky de grabar esa película. Decir que <em>Jodorowsky's Dune</em> es una carta de amor al cine, sería emplear una frase manida hasta el extremo (a la par que cursi) pero no sería decir ninguna mentira. Porque en el documental, vemos que Jodorowsky es un embustero, un egocéntrico, "un colgado" y, en ocasiones, hasta bordea la sociopatía, pero lo que es indudable es que ama con todas sus fuerzas lo que hace; y lo que mejor hace es cine.&nbsp;</p>

<p>No voy a detenerme en todas y cada una de las anécdotas que surgieron preparando la película que jamás llegó a grabarse, cómo entrenó a su hijo durante meses como si se tratase de un monje guerrero, cómo fue contactando y convenciendo uno a uno a los grandes nombres del siglo pasado para que apareciesen en su película: Dalí, Mick Jagger, Orson Wells... O cómo finalmente cuando se canceló la película y se le dio el proyecto a otro director (y nada menos que a David Lynch) él fue profundamente deprimido al cine a ver la película que no le habían dejado grabar, sólo para descubrir que aquello era un desastre monumental. Como lo hubiera sido su película a todas luces si hubiera llegado a grabarse, pero eso nunca lo sabremos. En cambio, ahora mismo esa película es la mejor película jamás hecha, precisamente porque nunca se hizo, y en la potencialidad las cosas pueden ser todo y nada, lo mejor, lo peor y, todo lo contrario.</p>

<p>Del mismo modo que la adaptación de Jodorowsky, este artículo ha estado a punto de no escribirse. Hace poco más de una semana, escribí el párrafo que acabáis de leer con la intención de continuar hablando de la faraónica producción del director chileno. Cuál fue mi sorpresa hace un par de días cuando leí en un periódico de tirada nacional un artículo idéntico.</p>

<p>Pensé entonces en todas las obras que nunca llegan a ver la luz. Las películas que no llegaron a rodarse, los libros que no llegaron a escribirse, los cuadros que no llegaron a pintarse… ¿Cuántos bocetos, borradores y guiones descansan en cajones conteniendo en su interior un increíble potencial? Nunca sabremos el número exacto, ni siquiera sabremos si de verdad ninguno de ellos merecía ver la luz del sol: sólo podemos especular. Pues es precisamente en la especulación, en el azar de lo que aún no es, donde estas obras pueden florecer.</p>

<p>Werner Herzog, quiso filmar en los ochenta la historia de Fitzcarraldo, un hombre que tenía el sueño de llevar la ópera al Amazonas. Al igual que de la adaptación de Dune, existe un documental sobre la grabación de esta película: Burden of Dreams. En él nos cuentan que la película se grabó casi en su totalidad e incluía a Mick Jagger en uno de los papeles protagonistas, pero tuvo que regrabarse de nuevo con otros actores porque Jason Robards cayó enfermo de disentería. El Rolling Stone no podía quedarse dos meses más en las selvas de Perú, y de esta forma terminó grabándose de nuevo la película con otros actores. El rodaje fue un absoluto infierno: tribus locales puestas en su contra, enfermedades, problemas técnicos, el complicado carácter de Klaus Kinski… Tanto es así que, por momentos, Herzog parece más el protagonista de su película que su director. Un loco que solo piensa sacar adelante un proyecto demente en el que nadie cree aparte de él. Pero al contrario que Jodorowsky, él sí logró acabar su película.</p>

<p>Tampoco debemos sentir pena por el director chileno, pues triunfó en su fracaso. No solo se ahorró el ridículo de dirigir una adaptación demencial de un clásico de la ciencia ficción (algo que no puede decir Lynch), sino que de su proyecto fallido nacieron unas inesperadas y fructíferas colaboraciones. Dan O’Bannon, que había sido contratado por Jodorowsky como supervisor de efectos especiales, conoció a H.R. Giger, y juntos, bajo la dirección de Ridley Scott, grabaron una de las cumbres de la ciencia ficción: Alien. Jodorowsky, por su parte, canalizó toda su frustración en crear junto al artista gráfico Moebius un cómic de culto, El Incal; donde pudo dar rienda suelta a su desbordada imaginación y a sus teorías metafísicas. ¿Cuál es la moraleja de esta historia? No creo que la tenga. Simplemente, la vida es así. A veces las cosas no suceden porque no tienen que suceder, y a veces, un fracaso, a la larga, es más dulce que la mejor de las victorias.</p>

<p>&nbsp;</p>
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        <media:text><![CDATA[Werner Herzog durante el rodaje de Fitzcarraldo1982  BlackieBooks - Enrique Pérez-Riesco]]></media:text>
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  <title><![CDATA[Especies de espacios (o tiempos fuera del tiempo)]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sat, 23 Dec 2023 10:15:02 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Pérez-Riesco]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Cada vez que miro la antología de José Hierro que descansa desde hace meses en mi mesilla de noche, el poeta madrileño me mira desafiante, y yo le respondo que pronto, pronto leeré sus poemas. Pero ese pronto se ha ido dilatando ya demasiado....]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Cada vez que miro la antología de José Hierro que descansa desde hace meses en mi mesilla de noche, el poeta madrileño me mira desafiante, y yo le respondo que pronto, pronto leeré sus poemas. Pero ese pronto se ha ido dilatando ya demasiado. Tanto, que a veces pienso que nunca llegará ese día. En ocasiones así, me gustaría poder refugiarme en algún lugar durante un tiempo indefinido, donde poder abordar las lecturas que tengo pendientes y escribir todo aquello que desearía escribir. Hacer como Rilke en el castillo de su amiga la princesa Marie von Thurn escribiendo sus elegías de Duino. Por desgracia eso es del todo imposible. Soy amigo de un par de princesas, pero ni ellas tienen castillos donde alojarme ni yo dispongo de un año para escribir sobre los ángeles y las limitaciones de la condición humana (aunque me gustaría, vaya si me gustaría).</p>

<p>¿Refugiarme en los sueños? Pessoa en más de una ocasión se refirió a los sueños no como algo externo a nuestras vidas sino como una parte complementaria de estas, la parte que nos falta. Borges quiso leer en sueños todos aquellos libros que sus ojos ya no le permitían leer. Swedenborg viajó al cielo y al infierno y volvió para cartografiarlos. Cooleridge se puso en la piel del último de los Khanes y nos regaló el inmortal poema: Kubla Khan tras un sueño de opio. Mi abuelo (no menos importante que ninguno de estos personajes), una vez me contó que había hablado en sueños con una prima suya muerta hace años. Que no había envejecido nada de la última vez que la vio y por eso la reconoció. Quiero pensar que es real, que se puede vivir una segunda vida, una vida secreta al margen de nuestra realidad cotidiana. Pero los sueños son demasiado abstractos y caprichosos para mi gusto y, salvo para los cazadores de sueños jázaros y para los genios, son un enigma para el resto de los mortales.</p>

<p>Por suerte, un par de veces al año se nos regala la posibilidad de experimentar cómo serían nuestras vidas si no tuviéramos que dedicar la mayor parte de nuestro tiempo a encargarnos de nuestras obligaciones. Las vacaciones de verano y Navidad son esos tiempos fuera del tiempo para los que podemos hacer grandes planes (que en muchos casos jamás llevaremos a cabo), como si la vida se pausase por unos días. Las vacaciones son la promesa de un tiempo que nos pertenece a nosotros y solo a nosotros. Un tiempo para leer los textos de nuestros amigos, ver películas largas, pasar un rato con la familia, tomar alguna copa de más y escribir artículos como este.</p>
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  <title><![CDATA[David Foster-Wallace. Esto es Agua.]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sat, 4 Nov 2023 16:09:16 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Pérez-Riesco]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ En una Ítaca muy distinta de la isla donde Penélope esperaba noche tras noche la vuelta de Ulises, nació varios siglos más tarde el escritor David Foster Wallace. Apenas comparten nombre la Ítaca estadounidense, situada a orillas del lago Cayuga...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>En una Ítaca muy distinta de la isla donde Penélope esperaba noche tras noche la vuelta de Ulises, nació varios siglos más tarde el escritor David Foster Wallace. Apenas comparten nombre la Ítaca estadounidense, situada a orillas del lago Cayuga en la parte central del estado de Nueva York, y su homóloga griega. Y, al contrario que Ulises, David Foster Wallace no fue ningún héroe.&nbsp;</p>

<p>No lo fue por mucho que la crítica literaria de su tiempo lo quisiera encumbrar como a tal. Por mucho que las editoriales le colocasen la etiqueta de sucesor de Pynchon para vender más libros (aunque él siempre se sintió más cerca de la literatura de DeLillo). No solo no lo fue, sino que, a su pesar, durante el breve periodo de veinte años en que desarrolló su actividad literaria hasta su prematura muerte en 2008, Foster-Wallace se convirtió en un icono pop. Aún hoy, para mucha gente es más conocida su imagen (sus gafas sin montura, su pelo largo cubierto con una bandana y su cara de sabelotodo) que su obra.</p>

<p>Pero la razón por la que ocupa el tema de este artículo es el discurso de graduación que dio a los estudiantes de Kenyon College el 21 de mayo de 2005, más tarde recogido en el libro: This is Water.</p>

<p>Dos días después de publicar mi primera columna en El Diario de Madrid (Aquiles, Realidad y Mito), me encontraba discutiendo con un amigo el contenido de la misma. Mi amigo que me conoce ya desde hace varios años me dijo que estaba obsesionado con los mitos griegos. Le contesté que sí, que era una de mis obsesiones recurrentes. Que todos tenemos obsesiones temporales constantemente, pero solo dos o tres que nos persiguen toda nuestra vida; y esta, probablemente, fuera del segundo tipo. Entonces mi amigo me hizo la pregunta que justifica la presencia de David Foster Wallace en este artículo (o lo que es lo mismo, que justifica este artículo): ¿y no crees que, en tus ganas de ver mitos griegos a tu alrededor, no proyectas en el mundo algo que no necesariamente tiene por qué estar ahí? A lo que no supe qué responder.</p>

<p>Mi amigo me hizo una pregunta que ha sido recurrente a lo largo de la historia de la humanidad (que irónicamente con total seguridad formuló un griego hace miles de años): ¿Dividimos el mundo en categorías para entenderlo mejor o hacemos que el mundo se adapte a las categorías que hemos creado para él?</p>

<p>Si bien en ese momento no fue tomada por una epifanía, días más tarde, esta pregunta me llevaría a recordar el ya mencionado discurso de David Foster Wallace en Kenyon College.</p>

<p>Wallace empieza su discurso con una metáfora que resume en muy pocas palabras aquello de lo que va a hablar los próximos veinte minutos, así como en gran parte de su obra literaria. Dos peces jóvenes nadan despreocupados por el océano cuando se cruzan con un pez más anciano que les pregunta: ¿cómo está el agua hoy? A lo que los dos peces responden: bien. Una vez que se ha marchado el pez anciano uno de los jóvenes se gira y le pregunta al otro, ¿qué narices es el agua?</p>

<p>El mensaje de esta historia, en palabras del propio Wallace, es: que a veces las realidades más obvias, las más importantes, se nos escapan por completo precisamente por encontrarnos en el medio de ellas. Nuestras certidumbres se vuelven entonces una prisión que ni siquiera podemos ver. Somos esclavos de la subjetividad y sin embargo buscamos lo absoluto y lo eterno.</p>

<p>Y es que, aquí precisamente, es donde está lo paradójico. ¿Más conocimiento nos acerca o nos aleja de La Verdad? Las cosas que damos por supuestas vician nuestra visión de la realidad, pero si no damos nada por supuesto, ¿sobre qué podremos construir nuestro pensamiento?&nbsp;</p>

<p>La realidad existe ajena a nuestra forma de ver el mundo, pero para nosotros esa realidad es incomprensible, necesitamos de herramientas que permitan hacer humanas las categorías universales. Entonces, si no podemos desechar los códigos y las palabras que utilizamos para describir la realidad, por muy tramposas que sean, ¿qué nos queda?&nbsp;</p>

<p>Nos queda cuestionar por qué pensamos lo que pensamos antes de creernos en posesión de una idea única y original. Quizá así logramos tomarnos un poco menos en serio. Quizá así podamos empezar a entender cómo piensan los demás. Quizá, y solo quizá, de esta forma, logremos aquello a lo que nos exhortaba DFW, entrever una fracción de ese agua que nos rodea. La Realidad.</p>
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  <title><![CDATA[Aquiles, Realidad y Mito]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sat, 30 Sep 2023 09:34:06 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Pérez-Riesco]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Nunca antes Aquiles había visto a la mujer por la que pelearía durante nueve años cuando partió hacia Troya. Aun así, a sabiendas de que moriría en aquella guerra, el héroe decidió cumplir su destino. Hoy pasan la eternidad juntos en la blanca...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Nunca antes Aquiles había visto a la mujer por la que pelearía durante nueve años cuando partió hacia Troya. Aun así, a sabiendas de que moriría en aquella guerra, el héroe decidió cumplir su destino. Hoy pasan la eternidad juntos en la blanca isla de Leuke. O al menos lo hacen las dos estatuas de Helena y Aquiles que presiden el templo situado en dicha isla.</p>

<p>Pero el héroe más grande de todos los tiempos no murió en Troya. En palabras de Rilke, <em>la muerte de un héroe no es sino un pretexto para ser: su nacimiento último</em>. Nunca sabremos si Aquiles fue hijo de Peleo y Tetis o nació de la pluma de Homero (u otro aedo de la época), lo que sí que podemos afirmar sin temor a equivocarnos es que su leyenda nació en el mismo momento en que trascendió su humanidad. Cuando se convirtió en un arquetipo.</p>

<p>Escuchaba hace unos días una charla del fallecido Antonio Escohotado, en la que refutando a un idealista que afirmaba que la historia de la humanidad avanzaba siempre en la dirección del progreso, el controvertido filósofo madrileño, respondía: <em>cómo puede afirmar eso, si la historia de occidente no es más que el intento por preservar la cultura griega</em>.&nbsp;</p>

<p>¿Y qué sabemos de los griegos? Bastante poco, la verdad. Pero si algo ha llegado a nuestros días son sus historias. Sus mitos.</p>

<p>Aquiles pudo ser el hijo de un héroe y una diosa, pudo ser una combinación de varios líderes militares de su tiempo, pudo no haber existido nunca, pero eso ya da igual, porque su mito es mucho más importante que su historia. Es más importante porque la ficción no necesita de elementos circunstanciales para construir un relato. Cualquier biografía recogería su lugar de nacimiento, los nombres de sus padres, los lugares en los que estuvo, cómo y dónde murió… Y, si bien el mito de Aquiles contiene las respuestas a todas estas preguntas, ninguna de ellas es relevante. Aquiles no es Aquiles por ser hijo de Peleo (aunque eso le granjeara el sobrenombre de “Pélida”), ni por haber nacido en Ftia, ni siquiera por que muriese en la guerra de Troya. Aquiles es Aquiles por representar una serie de valores morales y estéticos. Aquiles es un ideal.</p>

<p>Lejos de ser una boutade de Escohotado, su respuesta encierra una gran verdad. Los mitos griegos recogen en sí mismos toda la historia de la humanidad. Nos contienen y nos superan.</p>

<p>En la pared de una de las habitaciones del Palacio de Liria, antigua residencia de los duques de Alba, cuelga un tapiz que representa una escena de la guerra de Troya. La peculiaridad es que su autor, decidió situar este acontecimiento en su propia época. Así, podemos contemplar con asombro a los Aqueos y las Amazonas vistiendo yelmos, espadas y armaduras del siglo XV. Del mismo modo, años más tarde, Ernst Jünger compararía la valentía de los jóvenes combatientes de la primera guerra mundial con la de aquellos héroes de la antigüedad que perdieron la vida en Ilión, y tantos otros artistas harían lo propio.</p>

<p>Pero ¿de dónde viene esta fijación con la guerra de Troya? ¿Acaso no ha habido guerras más grandes y cruentas en los casi tres mil años que nos separan de ella? Por supuesto que sí. De hecho, es bien probable que esta ni si quiera ocurriese (al menos no tal y como la recoge Homero en sus cantos). Una vez más la historicidad del evento es irrelevante. La ficción es lo que trasciende porque ordena en ideas la realidad, no en datos.</p>

<p>Aquiles es El Héroe, del mismo modo que la guerra de Troya es La Guerra. Tomando las tesis de otro ilustre ciudadano griego, Platón, los mitos clásicos serían a nuestras vidas lo que el mundo inteligible es al mundo sensible.&nbsp;</p>

<p>Somos, por tanto, un reflejo imperfecto de la divinidad. Pero por fortuna, aún en nuestras imperfectas vidas existen pequeños momentos, grietas, por las que se cuela lo sublime y algunos días, durante un breve instante resplandecemos como las grebas de Aquiles, nos invade la pericia de Teseo, oramos con la elocuencia de Ulises, o combatimos con el tesón de Hércules. Y lo seguiremos haciendo, y lo seguirán haciendo quienes nos sucedan por toda la eternidad, porque, parafraseando la cita de Salustio que Roberto Calasso utilizó para prologar Las bodas de Cadmo y Armonía: <em>Estas historias jamás sucedieron, pero son siempre</em>.</p>
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