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  <title><![CDATA[El Diario de Madrid :: RSS de «Daniel Estévez»]]></title>

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    <description><![CDATA[Noticias de Madrid y la Comunidad de Madrid. Actualidad, economía, política, cultura, sociedad, empresas, tecnología, entrevistas y análisis en el periódico digital de los madrileños.]]></description>
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      <title><![CDATA[El Diario de Madrid :: RSS de «Daniel Estévez»]]></title>
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  <title><![CDATA[El plebiscito para acabar la partida de ajedrez]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Mon, 11 Dec 2023 03:00:13 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Estévez]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Usaremos la imaginación durante las líneas de este artículo. Imaginemos una sala, sin esquinas, redonda, y en su única pared se encuentran pintados a todo color momentos de la historia de un país con más de 2.000 años de edad. 

 En el centro de...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Usaremos la imaginación durante las líneas de este artículo. Imaginemos una sala, sin esquinas, redonda, y en su única pared se encuentran pintados a todo color momentos de la historia de un país con más de 2.000 años de edad.</p>

<p>En el centro de la sala, imaginemos una mesa con un ajedrez. A un lado de la mesa, sentado en una silla de madera, un ciudadano; al otro, sentados en tres sillones de piel, tres ciudadanos, representando al poder ejecutivo, al poder legislativo y al poder judicial, respectivamente. Los padres de las tres personas representantes de los tres poderes miran desde distintos lugares de la sala, al igual que varios millones de personas miran desde dentro de la misma lo que va a suceder en el juego.</p>

<p>Comienza la partida, y el ciudadano mueve una pieza. Los tres poderes se ponen de acuerdo, y mueven otra pieza. Prosigue la partida y el ciudadano mueve una segunda pieza. Los tres poderes se ponen de acuerdo, y mueven una segunda pieza. Y así transcurre la partida hasta que, llegado un momento, el ciudadano mueve su pieza y pone en jaque a los tres poderes.</p>

<p>El representante del poder ejecutivo, sin decir nada a sus compañeros, se dispone a tumbar la pieza principal y dar por perdida la partida. El representante del poder legislativo mira para el del poder ejecutivo, murmura unas palabras, pero se calla y sonríe, aceptando la estrategia. Sin embargo, el representante del poder judicial coge las reglas y, aunque ya se las sabe, las vuelve a leer en alto, y les comenta a sus dos compañeros que aquella jugada no era jaque mate, y que, por tanto, no debían ceder a la jugada del ciudadano, pudiendo mover la pieza evitando ceder a su jugada. Sus dos compañeros callan.</p>

<p>Mientras tanto, los millones de personas que se encontraban alrededor del tablero, gritan entre ellos, se agitan, cantan a favor de los unos, en contra de los otros, insultan, faltan al respeto, y los padres de los tres poderes, se pronuncian, pero nadie los oye.</p>

<p>El representante del poder ejecutivo injuria al representante del poder judicial, bajo el silencio de la mayoría del poder legislativo, y empuja a los ciudadanos a su favor a que haga lo mismo. Mientras, promete rebajas de impuestos, bonificaciones fiscales y en transporte, aumento de salarios y pensiones, y supuestos cambios sociales.</p>

<p>Y en medio del bullicio, la partida de ajedrez se encuentra a la espera del movimiento de los tres poderes, que se golpean entre ellos, al igual que los millones de ciudadanos. Impasible, el ciudadano que está del otro lado del tablero está tranquilo, sentado en su silla de madera, mirando cómo unos y otros se pegan, con una sonrisa de oreja a oreja. Desde su silla, ve como las reglas del juego, que han sido aceptadas siempre, se están intentando cambiar para él, para su beneficio propio, ocultando tal cambio entre publicidad de concesiones de medidas económicas de dificilísimo sustento por las arcas&nbsp; públicas, contra las propias palabras del representante del poder ejecutivo, y contra el criterio de muchos de los ciudadanos que allí se encontraban.</p>
En conclusión: no se puede trasponer el resultado de unas elecciones al poder legislativo, a una modificación de las reglas del juego. Solo cabe una modificación de las reglas del juego, y únicamente pasa por la celebración de un plebiscito a la nación, pues la <u>legitimidad que tiene el poder ejecutivo, elegido por el poder legislativo, no alcanza a la posibilidad de cambiar las reglas del juego</u>. Una <strong>AMNISTÍA </strong>(al fin lo he dicho) es una enmienda a los principios constitucionales establecidos en el artículo 9 de la Constitución de 1978, y al espíritu del sistema político establecido tras una dictadura de 40 años. Para cambiar ese sistema político, es preciso un plebiscito, ya que, como más arriba se ha explicado, los que primero tienen derecho a pronunciarse son los millones de ciudadanos que van a ver cómo se cambia el sistema y las reglas solo para beneficiar a unos pocos.]]></content:encoded>
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        <media:text><![CDATA[Daniel Estévez Fernández - Generada por IA]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Daniel Estévez Fernández - Generada por IA]]></media:description>
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  <title><![CDATA[¿No es el planeta Tierra patrimonio?]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Tue, 19 Sep 2023 18:51:31 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Estévez]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Sucede que mi vocación ha sido siempre ser abogado, como mi padre, y que el destino y mis ansias por conocer más y más cosas me llevó a una empresa de energías renovables, o como coloquialmente son llamadas, a una empresa de placas solares. En...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Sucede que mi vocación ha sido siempre ser abogado, como mi padre, y que el destino y mis ansias por conocer más y más cosas me llevó a una empresa de energías renovables, o como coloquialmente son llamadas, a una empresa de placas solares. En ésta, me encuentro en una continua formación en el departamento legal, y al respecto de mis funciones, tuve una durante un tiempo que era solicitar todos los permisos urbanísticos para ejecutar las obras. Implicaba, pues, “pelearse” con los ayuntamientos, recurrir resoluciones o requerimientos inadecuados, y solicitar permisos, también, a organismos autonómicos como, por ejemplo, a la Xunta de Galicia. Pero sin ahondar en mis labores, entre todos estos expedientes administrativos, los que más me llamaban la atención eran los de Patrimonio Cultural.&nbsp;</p>

<p>Me llamaban la atención porque, en muchas ocasiones, donde queríamos poner unas placas solares en una cubierta en el rural, podía haber, a cien metros, una iglesia, una capilla, una mamoa, un cruceiro, un pazo o un castro. Y miren ustedes, aldeas y parroquias en Galicia, tenemos unas pocas, y si en cada uno hay una de las anteriores construcciones, imagínense quién es el valiente que instala placas solares en el tejado de su casa. ¿Por qué? Porque todos estos bienes, o casi todos, desde el más pequeño hasta el más grande, están superprotegidos por Patrimonio Cultural de la Xunta de Galicia. Eso implica, que cada vez que alguien en el rural quiere poner placas solares, y tiene uno de estos bienes a menos de 100 metros, de conformidad con la Ley de Patrimonio de Galicia, debe pedir permiso a Patrimonio Cultural (además de al Ayuntamiento, claro está). Y eso provoca retrasos de un mínimo de tres meses en la obtención del permiso municipal. Si es que lo obtienes.</p>

<p>Así pues, no es tan fácil obtener los permisos, porque como dice el artículo 46 de la Ley antecitada: El entorno de protección debe mantenerse con sus valores ambientales, por lo que las intervenciones que se realicen deben resultar armoniosas con las condiciones características del ámbito. Deberán procurar su integración en materiales, sistemas constructivos, volumen, tipología y cromatismo, así como garantizar la contemplación adecuada del bien. Y en esto se resguarda Patrimonio Cultural y de ahí no lo mueve nadie, conllevando la no obtención del permiso para poner las placas solares.</p>

<p>En definitiva, hay una pregunta que me hacía siempre que recibía esta negativa, y es relativa al valor de la vida humana, la naturaleza, el ecosistema en sí mismo, tal y como lo conocemos, las catástrofes naturales y su origen, la meteorología y el cambio climático, los combustibles fósiles y su consumo, el ahorro energético, la huella de carbono, etc. Esta pregunta conlleva sentarse y recapacitar, y que quien redacta la Ley, lo haga también, y se diga, como yo, a sí mismo: ¿no es el planeta Tierra patrimonio? Y la contestación deberá conllevar una ponderación, como es obvio, entre lo razonable y lo estrictamente necesario para proteger los bienes a los que me referí antes, pero nunca un impedimento para proteger, con unas placas solares en un tejado, la única razón de nuestra existencia, nuestro patrimonio: el planeta Tierra.</p>
]]></content:encoded>
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