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  <title><![CDATA[El Diario de Madrid :: RSS de «Ariel Montoya»]]></title>

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    <description><![CDATA[Noticias de Madrid y la Comunidad de Madrid. Actualidad, economía, política, cultura, sociedad, empresas, tecnología, entrevistas y análisis en el periódico digital de los madrileños.]]></description>
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  <title><![CDATA[Crónica de sastrería: las citas con Seligra]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Wed, 10 Dec 2025 16:51:11 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Montoya]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Este artículo no es publicidad. Es la crónica de una buena experiencia en sastrería. De aquellas en las que me he visto envuelto, como cliente misterioso, haciéndome olvidar que estoy comprando un producto. Ha sido entrar en un juego de...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Este artículo no es publicidad. Es la crónica de una buena experiencia en sastrería. De aquellas en las que me he visto envuelto, como cliente misterioso, haciéndome olvidar que estoy comprando un producto. Ha sido entrar en un juego de inmersión, de esos que son tan idílicos que excitan. Ha sido estar con un buen amante, que me ha hecho olvidar la existencia del mundo. Ha sido seducción pura y dura, de manual. He aquí mi experiencia.</p>

<p>La primera impresión siempre es primordial. Nos encontramos con el equipo de Seligra en un hotel de Madrid. Esta cita fue para conocernos y para explicar la idea que tenía clara en mi mente. ¿Cómo sería la experiencia sin tener ninguna idea? Llegar a Seligra a ciegas y sorprenderse, incluso, de uno mismo. Me lo apunto para una próxima ocasión. Quiero saber cómo Adrián y su equipo me guían en esa otra aventura.</p>

<p>En la segunda cita revisamos las materias primas y hablamos de tejidos, así como de los distintos servicios ofrecidos. Me explicaron en qué consistía cada opción, así como de las tarifas de cada alternativa. Entonces, me dieron la opción de efectuar el primer abono para el pago, lo que es normal al efectuar un encargo, porque la sastrería ya invertiría en adquirir el tejido. En este punto, yo quería que me tomaran las medidas, pero era demasiado pronto. La expectación sube, quería que llegara pronto la siguiente cita.</p>

<p>En la tercera cita, vi los tejidos elegidos. Maravillosos. Un nuevo hito sensorial. Visualizas el traje. De alguna manera, lo vistes por primera vez, aunque sea en la mente. Entonces, recién, me tomaron las medidas como nunca antes me las habían tomado. Cada parte del cuerpo importa. Luego, llegó el turno de elegir las particularidades del traje. Lo quería de tres piezas, muy estructurado, en el estilo característico de la sastrería. Solapas importantes. Una verdadera armadura. El pantalón de tiro alto, con doble pinza. En el chaleco nos detuvimos para analizar opciones: ¿con solapa o sin solapa? Adrián me dio sus puntos de vista y me habló de lo bueno y malo de decidirme por una u otra opción. Decidí chaleco con solapa.</p>

<p>Fueron claros en decirme que, desde ese momento, no me podían dar fecha clara de cuándo me llamarían para una primera prueba, pero que, por la carga de trabajo que tenían, estimaban que me llamarían en agosto (en ese entonces, faltaba un mes). Me insistieron: no podemos asegurarte la fecha, pero te avisaremos apenas se pueda hacer la prueba. Ese detalle práctico me conquistó. Me di cuenta de que, para ellos, es más importante ser claros y honestos, antes que generarme altas expectativas y una agradable experiencia momentánea que se acabará cuando no puedan cumplir lo prometido. Eso es ser profesional.&nbsp;</p>

<p>Todavía no se cumplía el plazo estimado y me contactaron para decirme que el traje no estaba listo para la prueba, pero sí que lo estaría pronto. Llegó el momento de agendar la prueba.</p>

<p>El día más esperado llegó: la primera prueba. Estaba todo impecable, de acuerdo a cada detalle elegido por mí el día de la toma de medidas. Excepto por un punto. No todo puede ser perfecto, ¿o sí? El chaleco tenía el forro trasero a la vista, cuando habíamos dicho que no lo estaría. Adrián, ¿qué pasó? Yo no terminaba de preguntar al respecto cuando Adrián me estaba respondiendo: no te preocupes, que, tal como acordamos, no irá a la vista, esto es porque no está terminado. Ese fue un indicio suficiente para darme cuenta de que me escucharon y consideraron lo pedido. No estaban intentando hacerme encajar cualquier cosa. Me respetaban como cliente. No me estaban tomando como idiota.</p>

<p>A las pocas semanas se hizo la segunda prueba. El traje estaba listo. El momento de probarse un nuevo traje y verse al espejo siempre es una gran experiencia personal. Es volver a ser un niño, al abrir un regalo la mañana de Navidad. En este momento, saber que ese traje es tuyo, pero que lo tienes que entregar para arreglar uno que otro detalle es complejo (quítenle un juguete a un niño y sabrán de qué hablo). En este caso, sólo era necesario limpiar milimétricamente la espalda, pero, de todas formas, implicaba quitarme el traje y dejarlo en las manos de los profesionales.</p>

<p>A los siete días me avisaron que el traje estaba listo, dándome la opción de enviarlo a mi domicilio, o bien, hacer la entrega en el hotel donde siempre me recibieron. Opté por el envío a domicilio, por una cuestión de tiempos. Llegó sin problema. Y luego de la entrega, siguieron en contacto para saber cómo iba todo. ¿Ya lo había estrenado? ¿Cómo me sentí? Pues, de la única manera como me podría sentir cuando la experiencia y el producto merecen cinco estrellas: privilegiado. Ojalá todos pudieran conocer un servicio de excelencia, porque, estoy seguro, subiríamos los estándares y no nos conformaríamos con cualquier cosa.</p>

<p>¿Lo mejor? La coherencia que existe entre la marca, el servicio, el producto, el trato. El respeto a mi inteligencia. Sé que hubiese sido lo mismo que me atendieran aquí, o en Valencia. O que me atendiera Adrián, Enrique, o cualquier miembro del equipo. No hay una sucursal mejor que otra. No hay un dependiente mejor que otro, son un equipo. Y, de seguro, si existiese un error, respondería Seligra, como un todo, no se responsabilizaría a un integrante del engranaje. La experiencia es buena en todas partes. Eso debería ser lo normal: la coherencia.</p>

<p>&nbsp;</p>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Los mentirosos de las sastrerías]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Mon, 1 Dec 2025 14:49:31 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Montoya]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ En los últimos diez años, muchas de las marcas de Inditex, pasando por aquellas que han cultivado un mercado más premium, hasta llegar a las marcas de lujo, han desarrollado técnicas de personalización de sus productos  Prêt-à-porter.  No hacemos...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>En los últimos diez años, muchas de las marcas de Inditex, pasando por aquellas que han cultivado un mercado más premium, hasta llegar a las marcas de lujo, han desarrollado técnicas de personalización de sus productos <em>Prêt-à-porter.</em> No hacemos referencia a prendas hechas a la medida del cuerpo de clientes, por diseñadores y sastres, sino de productos de colecciones estandarizadas a las que se les puede agregar algún detalle que le haga sentir al cliente que es especial: ¿quiere bordarle sus iniciales a la camisa?</p>

<p>En los tiempos de la logomanía (fenómeno que todavía no acaba en ciertos círculos sociales), desear tener un elemento distintivo en nuestras prendas, es una consecuencia de ser individuos viviendo en colectividades. Las marcas tuvieron que recordarlo, luego de décadas abusando de la estandarización de oferta, pasando a aplicarlo dentro de lo posible, enmarcados en un modelo de negocio donde la cantidad de prendas por modelo es la regenta, permitiendo precios al alcance de las clases medias, sin dejar de obtener altas rentabilidades.</p>

<p>Por otra parte, hay comerciantes que han mantenido sus modelos de negocio, basados en principios anteriores a la revolución de la moda (que muchos conocerán como democratización de la moda). A diseñadores y sastres no les llamo idealistas, porque: su tiempo, estructura y artesanía es viable como negocio, sobre todo, debo decirlo, estando en ciudades y contextos sociales adecuados, donde, en el caso de los hombres, es normal vestir prendas formales (porque sí, el traje es el primer atuendo en el que pensamos al referirnos a sastrería). Aunque, una vez convertidos en clientes, nos damos cuenta de que el espectro de prendas hechas a medida, posibles de adquirir, es múltiple: desde zapatos, pasando por camisas, abrigos, pantalones, americanas, corbatas, sombreros, guantes y otros accesorios. En este contexto, debemos agregar muchos otros híbridos que han ingresado al espectro comercial de moda y que están en el medio, entre la mera personalización y la sastrería ciento por ciento artesanal. Están aquellos que desarrollan media medida, en base a un patrón o molde, testigo, estandarizado por tallaje. Y así, servicios que incluyen más o menos detalles, que le aportan valor al servicio y al producto: lugar de fabricación, cosido a máquina o a mano, tejidos de marcas especializadas, gramaje, entre otros. Hay marcas excelentes desarrollando estas técnicas.</p>

<p>Entre los modelos mencionados, no creemos que exista uno más legítimo que otro, porque dependerá de lo que busca el cliente, del precio que está dispuesto a pagar, el uso que pretenda darle al producto, sus expectativas, su deseo o el capricho que quiere cubrir al usar una prenda. Un mismo cliente puede consumir de todo tipo de variantes de productos. Entonces, lo importante al tratar con un cliente es ser claros y honestos, enseñarles lo que están encargando, porque no es un sector al que todos estén habituados. Lamentablemente, no todo traje a medida que se ofrece como tal, realmente lo es. Y no es culpa del cliente, es culpa de empresas y marcas que mienten.&nbsp;&nbsp;</p>

<p>Si una empresa fabrica en China, que lo diga. Si una prenda es fabricada en base a moldes, que lo diga. No tiene nada de malo. Que no intente engañar al cliente haciéndole creer que está comprando algo que en realidad no es. ¿No se puede hacer algo que pide el cliente, porque tu fabricación la haces en China, en base a modelos estándar, sin dejar margen para modificaciones? Entonces, no le digas que lo puedes hacer, intentando dejar al cliente como mentiroso o equivocado a la hora de la entrega, asegurándole que nunca pidió lo que sí pidió. De tu empresa, que tiene estas prácticas, ya se habla. Tu producto no será mejor o peor por ser más customizado, tu servicio sí será mejor si dices la verdad de lo que estás vendiendo.</p>

<p>&nbsp;</p>
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  <title><![CDATA[El sastre que escucha (y el que no lo hace, pero te cobra como si lo hiciera)]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Thu, 27 Nov 2025 12:26:46 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Montoya]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Fue recién en el año 2020 cuando inicié mi búsqueda de un sastre, debo decirlo, a mi medida. Mi intención era adoptar la costumbre de comisionar prendas que reflejaran exactamente lo que tenía en mi mente, principio que mantengo hasta hoy. Son...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Fue recién en el año 2020 cuando inicié mi búsqueda de un sastre, debo decirlo, a mi medida. Mi intención era adoptar la costumbre de comisionar prendas que reflejaran exactamente lo que tenía en mi mente, principio que mantengo hasta hoy. Son muchas las ventajas de la sastrería, que pasan desde lo práctico hasta lo estético; y por qué no decirlo, también por lo ético. Venía saliendo de un MBA en <em>Fashion Business</em> y tenía claro que la moda rápida, o el consumo desmedido, no eran lo mío. Sobre todo cuando, por nuestra personalidad, nos fijamos en ciertos detalles en los que no piensan los compradores de las grandes marcas: nuestras manías.</p>

<p>Fue en Chile donde comencé mi tarea de contactar a sastres. En mi cabeza tenía la idea: primero, de conversar con ellos; luego, mandar a confeccionar alguna prenda, o pantalón, o camisa. De esa manera, vería si me escuchaba, si lograba entender lo que esperaba que fuera el resultado final. Además, era primordial que tuviera un estilo propio que supiera adaptar al mío. Porque si las mujeres tienen la posibilidad de utilizar prendas de diseñadores de renombre, reconocidos por un estilo, ¿por qué yo no podría esperar algo similar? En este punto, varios sastres fueron descartados. Primero, no tenían buen canal de comunicación para llegar a ellos, eran lejanos y sólo ponían trabas. Segundo, no escuchaban, intentaban imponer lo que ellos sabían hacer. Tercero, el estilo de sus prendas no tenía nada distintivo. Perfectamente, un traje podía ser de cualquiera.</p>

<p>No olvidemos mencionar un gran detalle. Mi búsqueda de sastre inició el 2020, en pleno confinamiento por pandemia. Es posible imaginar los motivos por los que se complejizó mi tarea. Desde el origen, pedir referencias no fue sencillo. De mis círculos, nadie entendía muy bien lo que yo buscaba, o bien, mis conocidos que suelen disfrutar de prendas clásicas, no son tan maniáticos como yo. Si iba a invertir más dinero en trajes, necesitaba que el precio reflejara ese valor agregado esperado. Para mi sorpresa, no siempre el precio refleja el servicio y el producto comprado.</p>

<p>Luego de varios descartes, lamentablemente, porque muchos sastres dejaron de funcionar durante la pandemia, sólo uno fue pasando mis filtros. Primero, me contestó un mensaje por Instagram y me confirmó que seguía trabajando. Me explicó su forma de trabajo (y sí, él corta); segundo, le expliqué qué tenía en mente y le pregunté si estaba dispuesto a realizarlo. Me dijo que podía. ¿Siguiente obstáculo? Él vivía y trabajaba en Santiago de Chile y yo en Viña del Mar, regiones distintas del país. En pandemia, había que solicitar permiso para pasar de una zona a otra. No sé cómo, pero lo logró, pasó los controles y llegó a verme a la oficina. Le dije que quería un traje gris, con pantalón de tiro alto, de pinzas, cinturón ancho con cierre lateral y ajustadores, vuelta al bajo del pantalón. Para la americana, cruzado, solapas anchas y de seis botones. Además, le dejé claro que probaríamos, para hacer otras cositas después. No quería el mejor tejido, pero tampoco algo malo. No sólo me escuchaba, sino también me daba sugerencias; y era honesto: me decía qué podía quedarme mejor o peor de acuerdo a mi tipo de cuerpo. Lo hicimos. Cumplió con los tiempos de las pruebas y de la entrega. El resultado reflejaba lo que habíamos conversado en un inicio; y, aunque quizá él no lo sabía en ese momento, tenía un estilo propio bastante marcado, reconocible y diferenciador de otros. Su historia de trabajo me hace entender su camino recorrido para llegar a ese estilo. Una genialidad.</p>

<p>No me considero un mal cliente: soy comprensivo y espero retroalimentación a mis ideas. Además, tengo una gran capacidad de juego y de probar cosas distintas. Al final del día espero que, realmente, me escuchen; que sean honestos conmigo, y que no me intenten vender cualquier cosa, pretendiendo hacerme creer que fui yo el que pidió lo que me están entregando, como me ha pasado algunas veces con otros sastres ­–y otros que no lo son, pero que dicen serlo–. Gracias, Sebastián.</p>

<p>&nbsp;</p>
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  <title><![CDATA[El cliente misterioso quiere que le vendan]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sat, 22 Nov 2025 00:54:53 +0100</pubDate>
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 No son pocos los consumidores o...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Hoy vengo a escribir como cliente o usuario. Tengo un pasatiempo particular: me encanta hacer&nbsp;<em>mystery shopping</em>, lo que me convertiría en un “cliente misterioso”, potencial comprador de marcas de moda.</p>

<p>No son pocos los consumidores o usuarios que me escriben cada semana para pedirme referencia de ciertas marcas de&nbsp;<em>retail</em>&nbsp;o de sitios de restauración. Y, por supuesto, cuando he tenido una experiencia, buena o mala, la cuento con lujo de detalles. ¿Cómo lo hago? Me acerco a una tienda física, como cualquier cliente, y espero a ver qué pasa. Observo todo, e intento mostrarme con la menor iniciativa posible, aunque desde antes de entrar ya tengo claro lo que quiero. La idea es dejar que la marca me conquiste, que me vendan. Espero a ver cuánto tiempo se demoran en atenderme, cuál es la actitud que tienen para venderme, si son muy insistentes o si pasan absolutamente de mí. Reviso el producto, comparo colecciones y los etiquetados, pero, lo que más me importa es la atención. Como siempre digo, puedo volver a un restaurante si la comida no es buena pero la atención es maravillosa; pero jamás regresaré a un sitio, aunque la comida sea divina, si la atención no está acorde al producto.</p>

<p>Puedo contar mis experiencias, buenas y malas, con ciertas marcas. El propósito es analizar qué costumbres de mercado se pueden mejorar, o cuáles es bueno replicar. Por ahora, puedo concluir dos cosas: primero, muchas marcas dejan de lado la excelencia cuando les empieza a ir bien. Todos los que nos dedicamos a los servicios deberíamos procurar revisar nuestros servicios, cada cierto tiempo, para que esto no ocurra, porque, al final, bajar la calidad de los servicios da pie a aplicar ese típico refrán que dice: pan para hoy y hambre para mañana. Segundo, la coherencia siempre será la clave. No pretendamos llegar a un público que busca calidad y exclusividad si no estamos dispuestos a darla.</p>

<p>Como comprador, sólo quiero que me vendan, pero siempre y cuando valga la pena pagar.&nbsp;&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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  <title><![CDATA[La clienta que quería ser rica]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sun, 2 Nov 2025 09:01:28 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Montoya]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ ¿Sólo a mí me ocurre, o a alguien más le pasa que pensamos en pequeños eventos pasados que nos generan vergonzoso arrepentimiento? Yo tengo unos pocos que, de forma espontánea, vienen a mi mente de tanto en tanto. Sea mi subconsciente o no, son...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>¿Sólo a mí me ocurre, o a alguien más le pasa que pensamos en pequeños eventos pasados que nos generan vergonzoso arrepentimiento? Yo tengo unos pocos que, de forma espontánea, vienen a mi mente de tanto en tanto. Sea mi subconsciente o no, son lecciones de humildad y de realidad, perfectos para el contexto en el que me desenvuelvo. Hoy quiero contar uno de esos momentos y la gran lección que me ha dejado: no dudar de las capacidades de alguien.</p>

<p>¿Por qué es tan importante aprender esta lección? Porque lo veo a diario. Personas que menosprecian a los otros por la forma en que se ven, o por el sitio donde trabajan, o por sus habilidades para hablar. No todos tenemos las mismas capacidades. Efectivamente, hay quienes son más inteligentes que otros, más talentosos, más bellos, con más habilidades sociales, comerciales, por mencionar algunas virtudes. Sin embargo, no todos saben cómo utilizar sus habilidades para conseguir objetivos. O, derechamente, hay personas con tan mala fama que nadie quiere trabajar con ellas. En el mundo inmobiliario esto es pan de cada día. Si bien el sector está atomizado, todos se conocen con todos y la reputación de cada uno nos precede.</p>

<p>La primera clienta que tuve como estudiante de Derecho llegó en una Clínica jurídica, ayudando a emprendedores de negocios con sus asuntos legales. Eliana era una mujer de aspecto discreto, de origen nada acomodado, pero con mucho carácter y grandes expectativas de lo que podía lograr. Su negocio, vender agua filtrada. En un país como Chile, con agua potable de tan mal sabor, el negocio de agua filtrada puede ser interesante. En los cinco primeros minutos de entrevista, le pregunto a la clienta cuál es su objetivo con la asesoría legal, y ella me responde: ser rica. No pude evitar soltar una risotada, que, si bien fue inocente y espontánea, ocasionó en la clienta una reacción que se convirtió en mi lección:&nbsp;<em>¿por qué te ríes? ¿Acaso no crees que puedo ser rica?</em>&nbsp;Recuerdo haberle respondido que no se trataba de eso, sino que me parecía curiosa la seguridad con la que lo expresaba. Reflexionando, ¿por qué no podría creer que ella pudiera llegar a ser rica? Y luego, ¿qué tiene de malo trabajar para ser rico? ¿Es motivo de burla? La superación nunca debe ser motivo de risas.</p>

<p>En este caso, mis prejuicios me jugaron una mala pasada. Vi a la mujer, su vestimenta, escuché su historia y limité sus capacidades. Nunca más. Lección aprendida.</p>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Historias sobre los benditos abogados]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sun, 19 Oct 2025 00:38:57 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Montoya]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Quien no haya vivido bajo una piedra en los últimos siglos habrá escuchado alguna historia sobre abogados de dudoso actuar. 

 En mi vida he elegido actividades que están relacionadas, prejuiciosamente, con el mal. Sí, soy abogado, no “del...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Quien no haya vivido bajo una piedra en los últimos siglos habrá escuchado alguna historia sobre abogados de dudoso actuar.</p>

<p>En mi vida he elegido actividades que están relacionadas, prejuiciosamente, con el mal. Sí, soy abogado, no “del diablo”, aunque eso es lo primero en lo que piensan muchos al escuchar hablar sobre mi profesión. El mal es generalizado. He visto abogados que cobran sumas estratosféricas para efectuar entregas llenas de errores. Y, abogados sin grandes carteras, que trabajan desde la mezquindad profesional, haciendo menos que lo básico.</p>

<p>Otro epíteto que he escuchado relacionarse con mi profesión es el de “sinvergüenza”. Personalmente, mucha vergüenza no tengo, pero eso no me convierte en un sinvergüenza, ¿o sí? Hay que distinguir. Pues con esa reputación he tenido que convivir en mis más de diez años de carrera. Siendo positivo, no ha estado tan mal en la práctica, porque parto de una base comparativa desde la que no es muy difícil construir algo mejor. Es dentro de esos parámetros donde conozco a muy buenos profesionales, de los cuales no vengo a hablar hoy.</p>

<p>Luego, ingresé al mundo inmobiliario en Madrid, creyendo dedicarme a algo más comercial que legal. Entonces, he conocido el afán de algunos abogados de meterse en negocios con evidente conflicto de intereses, todo por participar de comisiones por intermediación, cuando no son intermediarios, sino mandatarios de sus representados. La línea no es fina entre una cosa y otra, más bien es bastante gruesa. Tampoco es una zona gris, sino que está debidamente demarcada. ¿Existe confusión o desconocimiento en algunos? Seguramente, es la sinvergüencería de los otros. Y así, es fácil escuchar o vivenciar sobre los negocios frustrados, porque el abogado se niega a avanzar si no se le paga comisión por intermediación, aunque ya recibe honorarios por su representación y mandato. Hablamos de abogados por título, pero sinvergüenzas de profesión.</p>

<p>No me cabe dudas. Cualquier persona que ha trabajado el tiempo suficiente en este sector, tendrá alguna historia que contar al respecto. Por supuesto, no hay que generalizar, pero sí hay que tener cuidado con quienes se elige para gestionar.</p>
]]></content:encoded>
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        <media:title><![CDATA[Historias sobre los benditos abogados]]></media:title>
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                        <item>
  <title><![CDATA[El cliente experto trabaja para su vecino]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sat, 8 Feb 2025 16:07:59 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Montoya]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Meses atrás, en la inmobiliaria donde desarrollo mi actividad, comenzamos a atender a un cliente propietario de un piso de diseño, para asesorarle y encargarnos de la venta de su casa. Se analizaron las variables para establecer una estrategia y...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Meses atrás, en la inmobiliaria donde desarrollo mi actividad, comenzamos a atender a un cliente propietario de un piso de diseño, para asesorarle y encargarnos de la venta de su casa. Se analizaron las variables para establecer una estrategia y precio de venta acorde a la vivienda, explicándole los beneficios de establecer un precio alineado con el mercado. El cliente accedió al precio recomendado, formalizando el encargo de venta y permitiéndonos trabajar su propiedad. El piso de diseño se ofreció a nuestra red de clientes, comenzando a tener reacciones positivas. En menos de una semana, al cliente se le ocurrió la brillantez de subir el precio en más de doscientos mil euros, quedando totalmente fuera de un precio atractivo para el mercado. Sin disimular nuestra sorpresa, luego de escuchar sus pretensiones y explicarle las consecuencias de tomar esa medida, no hizo caso: el precio se subió. &nbsp;</p>

<p>El precio por metro cuadrado era superior en comparación al resto de los pisos del sector. Cada vez que se le ofrecía a un cliente, estaba fuera de presupuesto y poco conveniente. Pedían ver las propiedades en precio. &nbsp;</p>

<p>Un día, se le presentó como opción el piso de diseño a un posible comprador que estaba realizando varias visitas con nosotros. El cliente indicó que esa propiedad la conocía, porque vivía en el mismo edificio. Agregó que conocía al propietario y que habló con él sobre la venta, donde le habría manifestado su conocimiento de lo cara que estaba su propiedad, pero que no pensaba bajarle el precio,&nbsp;<em>por si alguien cae.</em></p>

<p>La historia continúa. Antes de navidades, el cliente nos pidió dejar de trabajar su piso porque no veía que le lleváramos potenciales compradores, en cambio él ya había recibido un par de ofertas, las que le llegarían en breve. No se le insistió más. Sabíamos qué estaba pasando y qué pasaría. De regreso de navidades, se le preguntó sobre las ofertas, las que no habían sido aceptadas (podemos intuir por qué). Hoy, la propiedad sigue a la venta y ha vuelto a subir de precio en más de doscientos mil euros. La trabajan varias inmobiliarias, está publicada a diversos precios en esa tierra de nadie que es Idealista, por lo que, sin ningún atisbo de duda, se quemará en breve.</p>

<p>Hay clientes sordos con la creencia de ser expertos. Estoy seguro de que culpará a las inmobiliarias por ser la razón de no vender su piso. Pero déjeme recordarle, señor, que no son las inmobiliarias las que fijamos los precios. Esa es una decisión suya, como propietario, quizá creyendo poder ganarle al mercado, pero olvidando que los compradores no son idiotas, y así como han visto su casa, también han visto la del vecino. Por su actuar, la casa de su vecino se ve conveniente.</p>

<p>Enhorabuena, señor, le acaba de vender el piso a su vecino.&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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                        <item>
  <title><![CDATA[No es un cliente de lujo]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sat, 1 Feb 2025 08:19:48 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Montoya]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Este artículo se ha escrito a consecuencia de vivencias reales. 

 No todo cliente que tiene dinero para comprar propiedades millonarias es, necesariamente, un cliente de lujo. Hay clientes que sólo son ricos, en lo que a dinero se refiere, pero...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Este artículo se ha escrito a consecuencia de vivencias reales.</p>

<p>No todo cliente que tiene dinero para comprar propiedades millonarias es, necesariamente, un cliente de lujo. Hay clientes que sólo son ricos, en lo que a dinero se refiere, pero que no son educados y no saben estar o comportarse en sociedad. &nbsp;</p>

<p>Un cliente que no llega a una cita confirmada, y que no avisa, no es un cliente de lujo. Nadie que sea educado y considerado hará perder tiempo a los demás. Un cliente de lujo sabe lo que cuesta el tiempo, lo valora y respeta.</p>

<p>Un cliente que intenta impresionar con el dinero que tiene, tampoco es un cliente de lujo. Cuando la regla general es que todos los clientes con los que uno trata tienen dinero, que venga uno a poner los billetes sobre la mesa no impresionará. Y sí, se hace evidente la intención del cliente presumido y esnob. Queda fatal.</p>

<p>Pero no todas las experiencias son negativas. En su amplia mayoría, los clientes sí son de lujo. Aquellos que muestran signos de inteligencia y generan respeto. Te dejan trabajar y hacer lo que mejor sabes. Agradecen y prestan atención a lo que ocurre a su alrededor. Son claros y directos, no marean y no mienten. Dicen, sí, cuando es sí; y dicen, no, cuando es no. No temen a comprometerse, porque tienen palabra y buenas intenciones. Prestan atención al detalle y valoran las cosas bien hechas, más allá de sus gustos personales. Saben decir&nbsp;<em>por favor</em>&nbsp;y&nbsp;<em>gracias</em>. Avisan que llegarán dos minutos tarde. No te hacen quedar mal frente a los demás, por sus incumplimientos o faltas de respuesta o de cortesía. Como diría mi madre, o son muy gente o muy caballeros.</p>

<p>La hipótesis es retórica: tener dinero no es sinónimo de ser educado. Lo que deben entender los ricos sin educación es que, por sus actitudes, les cobrarán más caro, o bien, perderán negocios u oportunidades, porque un cliente de lujo querrá venderle a alguien en quien se pueda identificar, no a alguien que le genere rechazo. Y no hay peor villano que un rico presumido y sin educación.</p>
]]></content:encoded>
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                        <item>
  <title><![CDATA[¡Feliz Navidad al Corte Inglés!]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Wed, 11 Dec 2024 12:51:54 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Montoya]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Soy amante de la Navidad. Festejo que la tierra de occidente se goce en el amor cristiano respirable en esta época. ¡Huele a jengibre! Mentira, huele a azufre. O, por lo menos, así lo hacen sentir algunas personas exudan amargura. 

 No puedo...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Soy amante de la Navidad. Festejo que la tierra de occidente se goce en el amor cristiano respirable en esta época. ¡Huele a jengibre! Mentira, huele a azufre. O, por lo menos, así lo hacen sentir algunas personas exudan amargura.</p>

<p>No puedo olvidar a una clienta de El Corte Inglés, quien exigía a gritos descontrolados que le entregaran su pedido, en las navidades pasadas. La razón de su rabia, un sacajugos. Totalmente racional alterarse por algo así, ¿no? ¿Hablamos de sanidad mental? Un año después, veo la misma reacción en Atención al Cliente de El Corte Inglés de Goya. Esta vez, la amargura se evidenció en rebaño. Gente gritando contra los dependientes de la tienda porque no los atendían. ¿Vale la pena?</p>

<p>Pero no es una situación que se viva sólo en navidades, o en El Corte Inglés. Trabajar con clientes no es cosa sencilla. En este mismo día, intentando opacar mi espíritu navideño, me toca lidiar con el ego de un cliente que reacciona a cuestiones cotidianas y bienintencionadas con una violencia anormal e inadmisible. Les cuento: en mi trabajo como agente inmobiliario suelo enviar mensajes por WhatsApp a quienes hacen solicitudes de información. El mensaje decía: <em>Buenas tardes. Le escribo porque recibimos un requerimiento de información de una propiedad que tenemos a la venta. Le estaré llamando para ayudarle en su búsqueda, por si quiere más información, agendar visita o ver otras propiedades de nuestra cartera</em>. A continuación, le envío las características resumidas de una propiedad (para mayor comodidad) y un enlace a la ficha virtual completa. El insospechado conflicto se genera por el uso de la palabra <em>requerimiento</em>, que, según la RAE, en su primera acepción, es: <em>acción y efecto de requerir</em>. Y sus sinónimos, son: <em>petición, solicitud, exigencia, demanda, requisito, formalidad</em>. En este entendido, podría haber dicho en mi mensaje: <em>le escribo porque recibimos una petición de información, o bien, le escribo porque recibimos una solicitud de información”</em>. El cliente me responde (perdón por las faltas de ortografía de la cita): <em>Buenas tardes ,yo he pedido información de una vivienda ,no un requerimiento creo Q no sabe Q significa esa frase</em>. A lo que replico: <em>Buen día, ¿no ha hecho solicitud?</em> Intentando encauzar (<em>encaminar, dirigir por buen camino un asunto, una discusión, etc</em>.) de manera profesional al cliente y conseguir un resultado, entendiendo que todos podemos tener un mal día. Es entonces cuando dice: <em>déjelo</em>, agregando en un audio que me deja con la boca abierta. Lo transcribo: <em>a ver, señor, usted no debe ser español, ¿pues sabe lo que es un requerimiento? Eso yo lo he hecho con un abogado, ¡eh!, para enviárselo a una persona, yo lo que he pedido es información y características de un piso, y si usted no sabe el castellano, pues apréndalo</em>. Eso es toda la interacción. No le respondo. A palabras necias, oídos sordos.</p>

<p>Este relato deja algunas reflexiones: primero, hay mucha amargura, incluso en Navidad; segundo, hay que ser agradecido por los clientes educados, que no van por la vida ofendiendo; tercero, las palabras del castellano se deben entender en su contexto. ¿Qué tiene que ver un requerimiento judicial en un mensaje de exposición comercial de una propiedad? No hay que ser superdotado o español, como hace referencia el cliente, para entenderlo. Luego, ¿cuál es el gusto de complicarse la vida y perder segundos de paz mental por cuestiones superfluas y/o anodinas que no nos permiten avanzar? ¿Qué ganó este cliente? Amargarme el día, por supuesto que no. Me ha dado material para escribir. Me regaló un chisme para compartir con todos.</p>

<p>En fin, feliz Navidad a los dependientes de El Corte Inglés y a todos quienes deben lidiar con clientes mal educados y amargados que nada bueno aporta a la sociedad. No seamos de esos.</p>
]]></content:encoded>
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                        <item>
  <title><![CDATA[¿Feliz cumpleaños a mí?]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sat, 7 Dec 2024 08:21:28 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Montoya]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Todos los años ocurre igual. Voy a sacar efectivo al cajero de mi banco y en la pantalla aparece una tarta con velita. Feliz cumpleaños, dice. La marca en la que compro té me recuerda que tengo un diez por ciento de descuento durante este mes de...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Todos los años ocurre igual. Voy a sacar efectivo al cajero de mi banco y en la pantalla aparece una tarta con velita. Feliz cumpleaños, dice. La marca en la que compro té me recuerda que tengo un diez por ciento de descuento durante este mes de diciembre. Feliz cumpleaños. En mi chocolatería de Calle de Hermosilla, tengo descuento para comprar, sólo por el hecho de estar un año más viejo. Nada mal. Y así, no son pocas las marcas de las que soy consumidor que festejan mi natalicio. Se agradece el gesto, sin dudas. Además, como dice el refrán,&nbsp;<em>a caballo regalado no se le miran los dientes.</em></p>

<p>¿Quién fue el genio de&nbsp;<em>marketing</em>&nbsp;que empezó a aplicar sus estrategias usando nuestros cumpleaños para conseguir engancharnos?&nbsp; Es un golpe certero a nuestra personalidad, emocionalidad y ego. Es un toque dado por las marcas a sus clientes o potenciales compradores, de tú a tú. Un signo de amistad o familiaridad. Es un reconocimiento entre dos personas, una física pensante y otra intangible artificial, pero que participa, de todas maneras, de la vida cotidiana de los seres humanos. Ese es el camino que, planificado o no, han tomado las marcas para conseguir compras o contratación de servicios. Es el más lógico. Si como marcas queremos tratar con humanos, debemos comportarnos como humanos.</p>

<p>Pasó el 2 de diciembre y no utilicé ninguno de los descuentos que me otorgaron mis marcas amigas, pero sí recordaré a aquellas que se acordaron de mi aniversario de vida. Por otra parte, a los que me enviaron correos en exceso -hasta 3 veces por día-, recordándome el&nbsp;<em>Black&nbsp;<span data-value="2024-12-06 13:00:00">Friday</span></em>, ofreciendo productos rebajados de precio, también los tengo presentes. Qué pesados. Desde ya les digo, no les compraría nada a&nbsp;<em>Full Price</em>. Me queda claro que sus productos no valen lo que cuestan.&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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        <media:title><![CDATA[¿Feliz cumpleaños a mí?]]></media:title>
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                        <item>
  <title><![CDATA[No es una típica historia de villanos]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sat, 16 Nov 2024 16:19:40 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Montoya]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Los detalles están borrosos, pero las sensaciones dejaron huellas en mí. Hubo un día, mientras vivía en Buenos Aires, en que dos sujetos intentaron humillarme en mi oficina. Yo era jovencito. Me dejaba barba, para que no se notara mi falta de...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Los detalles están borrosos, pero las sensaciones dejaron huellas en mí. Hubo un día, mientras vivía en Buenos Aires, en que dos sujetos intentaron humillarme en mi oficina. Yo era jovencito. Me dejaba barba, para que no se notara mi falta de experiencia; y simulaba un acento argentino, para que no me siguieran encarando por el apoyo de Chile a Inglaterra en la guerra por las Malvinas. Dos sujetos, de forma muy poco elegante -se me vienen a la cabeza aquellas películas americanas de adolescentes crueles- tuvieron la bajeza de burlarse en la cara de alguien que recién comenzaba en el mundo de los negocios. Aprendí más de una lección.</p>

<p>Seamos claros: el mundo está lleno de gente mala. No lo digo en el sentido bíblico, entendiendo que no hay ni uno bueno, partiendo por casa. Lo digo por aquella gente mal intencionada que se levanta queriendo joder al resto. Los he visto en acción y me he rodeado de ellos en determinados lapsos y lugares. Están entre nosotros, siempre hay uno.</p>

<p>No veo televisión y no comento en Twitter (X), no por la gente mala, sino ahora por los buenos. Cuando escucho hablar a la gente o veo sus comentarios, los siento más cercanos a una realidad deseada que a una realidad realizada. Está bien querer que la sociedad vaya a mejor. Está bien anhelar superarnos cada día, pero no sé si está tan bien creer que mis -nuestros- métodos harán a la sociedad mejor. O creerme -creernos- lo suficientemente buenos para implementar mis -nuestras- morales a los demás. Tal vez por eso no puedo ser político o crítico de política en redes sociales, porque estoy más preocupado de conocer y entender la realidad, con todos sus villanos, que de cambiarla o maquillarla con ideales.</p>

<p>Ahora, tengo la suerte de trabajar rodeado de personas con un alto sentido de la realidad, tanto en Chile como en España. No son villanos y tampoco son buenistas, pero sí personas que no esperan más de mí de lo que esperan de ellos mismos. No se creen buenos, pero sí intentan actuar bien. Hay una gran diferencia y es esencial para hacer negocios y trabajar. Comprensión de la debilidad y de la posibilidad de error. Comprensión de la realidad y de la configuración de un mundo imperfecto, donde hay distintos tipos de personas.</p>

<p>Al final del día, el trabajo de campo es la forma de transformar a la sociedad.</p>

<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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        <media:title><![CDATA[No es una típica historia de villanos]]></media:title>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Vivo en Madrid por amor]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://www.eldiariodemadrid.es/articulo/opinion/vivo-madrid-amor/20241107085154082425.html</link>
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  <pubDate>Thu, 7 Nov 2024 08:51:54 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Montoya]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Hice mis maletas y me despedí de mi familia en Chile, no por un capricho. Dejé un estilo de vida y cierta estabilidad en Viña del Mar, no porque se me antojara de un momento a otro. Si crucé el Atlántico, en un vuelo de más de dieciséis horas,...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Hice mis maletas y me despedí de mi familia en Chile, no por un capricho. Dejé un estilo de vida y cierta estabilidad en Viña del Mar, no porque se me antojara de un momento a otro. Si crucé el Atlántico, en un vuelo de más de dieciséis horas, fue por amor. No hablo de un amor romántico, sino más bien de un amor por conveniencia.&nbsp;</p>

<p>Siempre hubo coqueteo, caricias y tiempo de calidad entre nosotros. Desde el 2018, cuando el mundo era otro y yo aterrizaba para estudiar un MBA en<em> Fashion</em> Business, jamás imaginé que encontraría el amor en esta ciudad que, hace seis años atrás, no era una opción para los chilenos. Incluso, cuando el mundo se paralizó por la COVID, por amor viajé hasta Madrid para hacer cursos de cocina molecular; y donde aprendí a cocinar <em>steak tartar</em> para un restaurante que, hasta ahora, no termino de abrir. Estuve en Madrid cuando se terminó el toque de queda y también cuando nos quitaron la mascarilla en la calle. Otros tiempos. Otra ciudad. Ahora, escucho a otros chilenos en las calles y veo a mis conocidos con la agenda copada de visitantes extranjeros. No se alcanza a ir uno cuando está llegando el siguiente. Algo tiene Madrid que gusta. Yo sé qué es.&nbsp;&nbsp;</p>

<p>Veo los cambios. Veo las oportunidades. Veo la posibilidad de forjar una relación estable y duradera con estas calles, rodeado de diversas gentes. Veo variedad y alternativas para generar calidad de vida. Y no todo es beber un <em>cappuccino</em> entre las nubes, ¿no? <em>El amor es sufrido</em>, dijo Salomón.</p>

<p>Si vivo en este punto del cielo, es por amor. Por amor a Madrid.</p>
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        <media:title><![CDATA[Vivo en Madrid por amor]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Ariel Montoya]]></media:text>
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