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  <title><![CDATA[El Diario de Madrid :: RSS de «Ana Álvarez»]]></title>

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    <description><![CDATA[Noticias de Madrid y la Comunidad de Madrid. Actualidad, economía, política, cultura, sociedad, empresas, tecnología, entrevistas y análisis en el periódico digital de los madrileños.]]></description>
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      <title><![CDATA[El Diario de Madrid :: RSS de «Ana Álvarez»]]></title>
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  <title><![CDATA[La herida]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sun, 26 Nov 2023 11:19:32 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Álvarez]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Cuelgan las luces de Navidad en el centro comercial. Celebramos que hace más de 2000 años nació un niño en Palestina. Rodeados de comida y luz, celebramos que un niño de Palestina sobrevivió a la matanza de inocentes ordenada por Herodes, el que...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Cuelgan las luces de Navidad en el centro comercial. Celebramos que hace más de 2000 años nació un niño en Palestina. Rodeados de comida y luz, celebramos que un niño de Palestina sobrevivió a la matanza de inocentes ordenada por Herodes, el que asesinó a todos los bebés de un pueblo por temor a que alguno desafiara su poder.&nbsp;</p>

<p>Un río de sangre que atraviesa la Historia, cruza el Mediterráneo y me alcanza mientras miro tintinear las luces del centro comercial. El mundo que me rodea gira y habla de cualquier otra cosa. Pero yo estoy sumida en un río de sangre y no puedo dejar de mancharme.&nbsp;</p>

<p>Mi móvil sangra cada día y vierte pesadillas en mis manos. Mi móvil sangra padres que lloran intentando mover piedras demasiado pesadas para un cuerpo desalimentado, mientras otros padres los miran con ojos cansados. Pero un padre no se rinde hasta que encuentra un cuerpo, e incluso entonces, veo padres correr descalzos con niños rotos en los brazos. Mi móvil sangra jóvenes paralizados delante del portal de otras jóvenes, pañuelos ensangrentados que los vacían de esperanza. Mi móvil sangra ancianos impotentes ante una caminata imposible, sangra abuelas heridas abrazando a madres sin hijos.&nbsp;</p>

<p>El centro comercial abre sus puertas y cada cual llega a su puesto. Comienza la función de cada día en un decorado lleno de fotos de niños vivos. El mundo gira y habla de cualquier otra cosa, pero yo pienso en Palestina. El creciente fértil, el lugar en el que se escribieron los primeros poemas, donde se plantó el primer jardín, la cuna de las primeras leyes. Oriente Medio, el gran otro del que todos venimos, el vientre ajeno en el que todos fuimos concebidos.&nbsp;</p>

<p>"No matarás", dijo Moisés al bajar del Monte Sinaí, el quinto mandamiento resuena todavía hoy en las mismas piedras que pisan los muertos vivientes que atraviesan el paso de Rafah. También sobre aquellas piedras se escribió "ojo por ojo, diente por diente". La certeza de la venganza infinita me alcanzó ayer mientras paseaba por el centro comercial.&nbsp;</p>

<p>Existe una palabra en árabe que no tenemos en español, que se refiere a algo así como una memoria genética, algo así como una herida tan profunda que se transmite de generación en generación, la memoria de una cicatriz que ni siquiera el fin de una vida y el principio de otra pueden cerrar del todo.&nbsp;</p>

<p>El dolor humano, como el amor, es una fuerza creadora. Nos retuerce las entrañas y nunca vuelven a su forma original. Atraviesa cada muerte y cada nacimiento, atraviesa el tiempo y se transmite por la sangre, de madres a hijos en un mundo que los ignora, pero que por mucho que lo ignore, es producto de su dolor. La historia de toda familia es la historia de una herida que cambia de cuerpo.</p>

<p>La historia de cada judío europeo es la historia de un duelo inacabado, de una muerte inexplicada, de un asesino invisible, de la herida de la marginación, del odio colectivo, del exterminio sistematizado, del cuerpo mutilado y marcado para siempre. Existe una palabra en hebreo para hablar del Holocausto: "Shoá" significa desastre.&nbsp;</p>

<p>La historia de cada palestino es la historia de un duelo inacabado, de muertos sin reconocimiento, de asesinos homenajeados, de un dolor que nadie escucha, del encarcelamiento de los inocentes, una injusticia que quema cada centímetro del cuerpo durante cada segundo del día, cuerpos de madres y padres sobre los que descansan, maman y pacen los niños. Existe una palabra en árabe para hablar de 1948: “Nakba” significa desastre.&nbsp;</p>

<p>Israel es el hijo herido de Europa, una madre consumida en guerras internas que llamamos mundiales, y que se autolesionó hasta la barbarie. Una madre consumida en el odio antisemita y racista, de la que mamaron violencia sus hijos judíos. Israel fue para Europa un verdadero alivio: la expulsión del hijo y la expiación de la culpa.&nbsp;</p>

<p>Los palestinos, que bien podrían ser iraquíes, afganos o sirios, son y eran entonces un pueblo antiguo sometido al racismo colonial europeo. Palestina fue una colonia inglesa desde 1920 hasta 1948. Hasta que Europa hirió lo suficiente a algunos de sus hijos como para que huyeran asustados de la casa de la madre, a buscar cobijo en un desierto donde habitaba un hermano bastardo, un medio hijo hasta entonces oculto, un pueblo más débil.&nbsp;</p>

<p>Israel apaleó, arrinconó y encerró al árabe. El río de sangre que atraviesa el tiempo pudo entonces liberar aquel gran torrente acumulado del duelo judío inacabado, cambiando su curso para mojar todas las orillas. El río de sangre nos demuestra una y otra vez que ningún pueblo es el elegido.&nbsp;</p>

<p>La sangre de los niños palestinos se vierte sobre el polvo gris de Gaza, sellando de nuevo la promesa de otra masacre, la certeza de la venganza infinita. Retorciendo entrañas que nunca volverán a su forma. La herida sigue en proceso de apertura, infección y contagio. Más humanos seguirán dando lo que reciben. El ciclo está a punto de reiniciarse por enésima vez. Nadie está a salvo: la violencia, la masacre, la guerra, el genocidio, el atentado y la muerte campan por la tierra a sus anchas y echan raíces en algunos sitios. La herida, como la humanidad, no entiende de fronteras.&nbsp;</p>

<p>Celebramos en un mes que hace más de 2000 años, un niño palestino nació para morir y murió por nosotros. Para salvarnos. Ese niño dijo "Sé que has escuchado que ojo por ojo y diente por diente. Yo te digo que a quién te de una bofetada, le pongas la otra mejilla". Sé que suena a posición imposible, y lo es para nuestros hermanos que tienen las entrañas retorcidas de injusticia y de hambre. Somos nosotros, los hijos bien alimentados de Europa, los que estamos en posición de enmendar los errores de nuestra madre. Alto al fuego: es hora de dejar de reproducir la herida. Es hora de que nos salvemos los unos a los otros. A Dios ya no le quedan más hijos, ni más palabras.</p>
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        <media:title><![CDATA[La herida]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Ana Álvarez]]></media:text>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Javier Milei y el revisionismo histórico]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Tue, 3 Oct 2023 13:11:56 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Álvarez]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Vivimos en la era de la revisión. Está de moda y es menester echar la vista atrás y&nbsp;reformular todas las historias que nos han contado. Creo que este es un rasgo fundamental de nuestra época. Como sociedad hemos decidido que el pasado es una...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Vivimos en la era de la revisión. Está de moda y es menester echar la vista atrás y&nbsp;reformular todas las historias que nos han contado. Creo que este es un rasgo fundamental de nuestra época. Como sociedad hemos decidido que el pasado es una alfombra que&nbsp;levantar, sacudir, frotar, deshacer y volver a coser. Si es que hay que coserla de nuevo.&nbsp;Quizás lo mejor es dejarla convertida en hilos y tirarla por la ventana. O mejor aún,&nbsp;quemarla y olvidarla para siempre. No importa, todo el mundo quiere hacer algo con ella,&nbsp;excepto dejarla estar.</p>

<p>Sí, todo el mundo. La vieja derecha quiere reformular sus fracasos históricos como fracasos&nbsp;de la colectividad, apelando a que hubo muertos en todos los bandos o, en un ejercicio de&nbsp;banalidad grotesco, que tampoco fueron tantos como se nos ha contado. El ecologismo&nbsp;cuestiona la idea de progreso, y con ella toda la lógica económica surgida desde la&nbsp;Revolución Industrial. El feminismo se pregunta dónde están las mujeres y con ello hace&nbsp;una enmienda a la totalidad del relato, al punto de vista. La nueva ultra-derecha radical&nbsp;cuestiona "la deriva de Occidente" y enarbola la bandera del relativismo para negar el&nbsp;conocimiento científico. El antirracismo revisa la historia del mundo y en concreto de la&nbsp;colonización, convirtiendo en sujetos a los objetos y&nbsp;cuestionando así las luces de la&nbsp;modernidad.</p>

<p>La tendencia a la revisión es transversal y se manifiesta también en lo individual. Está de&nbsp;moda y es menester ir a terapia, revisar la propia vida en busca del trauma ignorado,&nbsp;analizar la infancia, desmitificar el primer amor, detectar el origen de las viejas creencias&nbsp;para deconstruirlas y crear unas nuevas. Cuestionar el género, la propia percepción de lo&nbsp;que es bello, del deseo y del éxito. El pasado es relativo y reinterpretable. Lo que eres no es&nbsp;lo que te pasa, sino lo que te cuentas que te pasa.</p>

<p>El arte, como reflejo de su época, también nos remite a esta idea de revisarlo y relativizarlo&nbsp;todo. El arte de nuestra época es muy diverso, pero en general producto de una renuncia a&nbsp;sí mismo como reacción y estímulo, incluso como obra, que ya no intenta integrarse en la&nbsp;sociedad. Es un arte antidemocrático y totalmente autorreferencial, dedicado a revisar y&nbsp;cuestionar el propio concepto de arte. Por eso cuando vamos a un museo gritamos ¡Esto&nbsp;podría haberlo hecho yo! De eso se trata. El arte es relativo, te dice ese cuadro en blanco.</p>

<p>Todo este paradigma que se manifiesta en tantas dimensiones de la vida (podríamos&nbsp;continuar) es parte de lo que denominamos como posmodernidad: la descomposición del&nbsp;orden interpretativo, de la epistemología moderna, de las categorías tradicionales. La&nbsp;posmodernidad es para muchos ya la lógica de nuestro tiempo. La Inteligencia Artificial&nbsp;parece confirmarlo, cuestionando ya los fundamentos más básicos de "la verdad": los&nbsp;sentidos. Lo que se ve y escucha no es necesariamente real. ¿Qué es la realidad? ¡Es&nbsp;relativo!</p>

<p>Lo bueno del relativismo es que es la base del pensamiento crítico y de la tolerancia. Lo&nbsp;malo es que lo soporta todo y termina creando vacío. Un ejemplo: relativizar una idea muy&nbsp;cerrada del bien y del mal, como la que en el mundo pre-moderno imponía la Iglesia, nos&nbsp;hace tolerantes hacia las personas homosexuales. Ahí está la modernidad. Pero si&nbsp;seguimos relativizando hasta el extremo la idea del bien y del mal, generamos un vacío&nbsp;ético y moral que nos lleva al caos y a la violencia, por ejemplo, a plantearnos que la&nbsp;tolerancia con el colectivo LGTBI es una opinión, y que la homofobia es una opción legítima.&nbsp;Ahí está la posmodernidad de la ultraderecha.</p>

<p>Paradójicamente, lo habrán notado, el punto de llegada es, a efectos prácticos, el de salida.&nbsp;Se observa en muchos otros casos: el feminismo quiere revisar cómo las mujeres hemos&nbsp;supeditado nuestra sexualidad al disfrute masculino, y en virtud de esta idea acusa a la&nbsp;chica que enseña de colaborar con el patriarcado, así que de nuevo la puta vuelve a ser&nbsp;excluida de la (nueva) feminidad. Queremos normalizar hablar de salud mental, aceptar la&nbsp;complejidad y el dinamismo de nuestro mundo interior, pero terminamos patologizando y&nbsp;sobre etiquetando todas las emociones y condiciones humanas.</p>

<p>Pareciendo feministas volvemos a juzgar a las mujeres, pareciendo librepensadores&nbsp;volvemos a ser fascistas. Pareciendo haber normalizado los problemas de salud mental, le&nbsp;ponemos nombre a todo con la esperanza de eliminarlo. Y solo son ejemplos.</p>

<p>No es una idea nueva. "Lo viejo siempre vuelve" dice la gente cuando guarda en el desván&nbsp;ropa pasada de moda. La Historia del Arte (y por tanto la Historia en general) se han&nbsp;conceptualizado muy a menudo y de forma simple con la imagen de un péndulo. La&nbsp;progresión de estilos parece seguir siempre el mismo ciclo vital. En una primera fase&nbsp;aparece la experimentación y desarrollo de nuevos estilos y técnicas. Por ejemplo, a finales&nbsp;de la Edad Media las ciudades ya habían recuperado un gran esplendor, y comienzan a&nbsp;surgir nuevas propuestas artísticas en el gran laboratorio que fue la Florencia del&nbsp;Quatroccento. Los artistas e intelectuales leían a un Petrarca que ya en el siglo XIV había&nbsp;escrito: "Esta inercia de falta de memoria no durará siempre. Después de que la oscuridad&nbsp;se haya disipado, nuestros nietos serán capaces de regresar andando a la pura brillantez&nbsp;del pasado". Después, se desarrollaría una segunda fase en la que el estilo se imita a sí&nbsp;mismo: encuentra su propia perfección y equilibrio. Es, siguiendo con el mismo ejemplo, el&nbsp;Renacimiento del siglo XVI: "¡Oh, siglo! ¡Oh, letras! Es un placer estar vivo" escribía en una&nbsp;carta Ulrech Von Huttel (poeta alemán).</p>

<p>La tercera fase es la fase manierista. Comienza la crisis del lenguaje artístico establecido.&nbsp;Todo se lleva al extremo. Se fuerzan las formas, el placer ya no está en el equilibrio sino en&nbsp;romperlo. En cuestionar el canon, retorcerlo. Suspender el juicio, jugar a crear vacío. Y es&nbsp;así como se alcanza la cuarta fase, la fase barroca. De la crisis del estilo nace uno nuevo.&nbsp;Es el arte del siglo XVII: ya no importa tanto plasmar el ideal ni la naturaleza, se busca lo&nbsp;artificioso, lo espectacular. Los artistas se obsesionan con el dolor, con lo grotesco de la&nbsp;vida. Pasamos del Ethos al Pathos, de la serenidad al patetismo.&nbsp;</p>

<p>Y lo más sorprendente es que inmediatamente después, el ciclo vuelve a empezar. La crisis&nbsp;del lenguaje ha generado un estilo nuevo y después se ha agotado. Y en el siglo XVIII,&nbsp;retorna el Neoclasicismo: vuelve el canon, la búsqueda del equilibrio y la serenidad.&nbsp;</p>

<p>Y ahora, querido lector, le hago una pregunta: ¿No es la Historia del Arte tal y como se la he&nbsp;contado un resumen de su propia vida?</p>

<p>La posmodernidad es una crisis del lenguaje, es el uso cada vez más indiscriminado del&nbsp;relativismo, es retorcer el canon, romper el equilibrio, cuestionar la idea de ética, jugar a&nbsp;crear vacío. No se puede luchar contra ella porque no se puede luchar contra el espíritu de&nbsp;una época, contra los ciclos inevitables del conocimiento, la filosofía, la vida y el arte. Lo&nbsp;contrario sería el estatismo, que no es algo negativo, pero simplemente no es nuestra&nbsp;impronta cultural.</p>

<p>No podemos luchar contra ella, pero sí entenderla, y comprender que la crisis siempre&nbsp;engendra otra cosa. Que el vacío líquido es solo una ilusión, dentro de la cual se está&nbsp;formando la nueva solidez del futuro. La posmodernidad está engendrando lo que vendrá&nbsp;después, así como la modernidad la engendró a ella. ¿No es esta era del relativismo,&nbsp;paradójicamente, una pugna por encontrar la nueva verdad absoluta?</p>

<p>No queda otra que seguir compitiendo por solidificar lo que creemos correcto. En frente&nbsp;tenemos la forma más cruel de relativismo:la falta de memoria. Javier Milei calificó ayer el&nbsp;relato nacional argentino sobre la dictadura de Videla (un ejemplo de memoria histórica y&nbsp;reconciliación nacional) como un "relato tuerto". Hannah Arendt definió el fascismo como "el&nbsp;sueño absurdo de crear vacío". El vacío moral y ético de la posmodernidad es campo de&nbsp;juego y posibilidad para todos y todas, pero es una tierra especialmente fértil para el&nbsp;fascismo.</p>

<p>Creo que esta es nuestra fase manierista. Que el barroco nos pille confesados. Y después,&nbsp;tengamos fe en que nuestros nietos regresarán andando a la pura brillantez del pasado y&nbsp;que, crisis a crisis, caerán los cimientos correctos.</p>
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  <title><![CDATA[Que no se acabe el verano]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Tue, 19 Sep 2023 18:36:42 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Álvarez]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Coincide la publicación de esta columna con el fin del verano. Algunos lectores alzarán las cejas, ¡qué lejos queda ya agosto! Pero como siempre me gusta recordar a los múltiples&nbsp;deprimidos postvacacionales que rondan las mesas de los bares...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Coincide la publicación de esta columna con el fin del verano. Algunos lectores alzarán las cejas, ¡qué lejos queda ya agosto! Pero como siempre me gusta recordar a los múltiples&nbsp;deprimidos postvacacionales que rondan las mesas de los bares estos días, el verano sigue&nbsp;siendo una estación atmosférica, y su final oficial está marcado este año por la comunidad&nbsp;científica en el día 23 de septiembre: el equinoccio de otoño.</p>

<p>Los seres humanos que nos precedieron hace ya miles de años observaron por vez&nbsp;primera estos ciclos que el cielo nos otorga y, en una maravillosa manifestación de<br />
creatividad común, los materializaron en tradiciones aquí en la tierra. Algunas las&nbsp;conservamos, resignificadas: La Navidad (el solsticio de invierno), la noche de San Juan (el<br />
solsticio de verano) la Semana Santa (equinoccio de primavera). Los ritos que se repiten&nbsp;cada año son una constante en todas las culturas, tanto que son una parte sustancial de lo&nbsp;que entendemos por cultura. Podemos decir entonces que son una parte de lo que nos&nbsp;hace humanos: inventamos ritos cíclicos que den sentido al tiempo, que lo solidifiquen, que&nbsp;lo conviertan en un lugar común donde compartir con otros lo inevitable de la vida. Se&nbsp;convierte así cada rito (el ciclo anual, la rutina, la manía) en una referencia de seguridad&nbsp;para un cerebro prehistórico que todavía asocia lo impredecible a lo peligroso, con parte de&nbsp;razón, aunque sea solo la que le da la mera probabilidad. Leí el otro día, en una novela de&nbsp;Jenny Erpenbeck: "Tras la muerte de su mujer, se sintió aliviado de que el ciclo anual no le&nbsp;afectara. Las fiestas pasaban sin que él se diese cuenta. Pero el tiempo informe dura lo&nbsp;suficiente como para hartarse de él". Para hartarse, y para tenerle miedo.</p>

<p>Quizás es por ello que todos esos ritos, inventados por humanos vinculados a la naturaleza&nbsp;y a sus ciclos para alimentarse y organizar su día a día, siguen sobreviviendo a día de hoy,&nbsp;a pesar de que los humanos de la modernidad ya no sabemos qué es un equinoccio, ni&nbsp;asociamos el solsticio de invierno con el fin de la oscuridad más terrorífica, tampoco&nbsp;tenemos claro si es antes o después de carnaval cuando se recogen las patatas. En nuestra&nbsp;época, el verano ya no termina el 21 de septiembre, sino cuando a cada uno se le acaban&nbsp;las vacaciones. Los ritos que inventamos no tienen que ver con la luna, el sol o los frutos,&nbsp;sino con otras cosas: el Black Friday, San Valentín. En este nuevo mundo el adulto medio&nbsp;desea el 1 de septiembre ¡ojalá el verano durase para siempre! incluso aunque en el cielo,&nbsp;sobre su cabeza, brille el sol más redondo. El contexto que nos moldea, nos ocupa y&nbsp;preocupa es mucho más abstracto que el tiempo atmosférico: ¿el Estado? ¿las normas? ¿la&nbsp;sociedad? ¿el capitalismo? Hay respuestas para todos los gustos, será una mezcla. En este&nbsp;nuevo mundo las certezas necesarias para que un adulto se sienta seguro son distintas a&nbsp;las que da el ciclo de la cosecha: un salario, una vivienda, un contrato indefinido, un horario&nbsp;decente avisado con suficiente antelación, un Estado de Bienestar sólido. Últimamente&nbsp;parece complicado conseguirlas.</p>

<p>Menos mal que nos quedan los solsticios y los equinoccios. La Navidad, el carnaval, la&nbsp;noche de San Juan, y también la depresión de septiembre. Ojalá que todos los septiembres&nbsp;de mi vida, se me rompa un poco el corazón viendo las hojas en el suelo, me ponga triste y&nbsp;melancólica porque ocurra lo que debe ocurrir, lo que ha ocurrido siempre. Significará que&nbsp;aquí en la tierra, los humanos seguimos dando por hechas las certezas que nos da el cielo.&nbsp;Porque contra todo pronóstico y sentido común más antiguo, incluso estas podrían estar&nbsp;cambiando. Y entonces sí, sumidos en la más profunda incertidumbre, los humanos de lamodernidad nos daríamos cuenta de que nuestra existencia sigue siendo, como la de los&nbsp;que nos precedieron, nada más y nada menos que un hecho natural.</p>
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